Hoy se cumple el cincuenta aniversario de la muerte de Francisco "Pirincho" Canaro, gran compositor de tangos, violinista y director de orquesta. Eran uruguayo, pero en esta banda del Río de la Plata maduró su éxito.
Había nacido en San José, cerca de Montevideo pero cuando aún era niño, su familia se mudó a Buenos Aires y se instaló en un conventillo de la calle Sarandí.
Sus primeros años fueron como los de casi todos los niños pobres de la época; canillita, lustrabotas y más tarde, ayudante de albañil.
Dicen que siendo jovencito, con un trozo de lata y unas cuerdas enceradas, hizo un violín, en el cual volcó el sentimiento de su sentimiento callejero. Entonces el tango, la expresión musical de la época, fluyó libremente entre las cuerdas de su violín de lata.
"Pirincho", como lo conocían todos desde el día que su abuela lo llamó por ese apelativo al verlo regordete y con el cabello encrespado.
Canaro hasta el 14 de diciembre de 1964, "la historia viviente del tango" como dijeron sus contemporáneos. En el café El Griego, en Siares y Necochea, en el corazón de la Boca, Canaró animó las noches con su entonces flamante trío: lo acompañaban en el café de camareras, Loduca en el bandoneón y Samuel Castriota, en el piano. Eran tiempos duros y de malevos, pero Canaro estaba consustanciado con el arrabal,
Su aprendizaje musical lo hizo junto a Vicente Greco, que le dio relieve al bandoneón en la ejecución de tangos.
El café El Griego lo hizo rondar la ciudad solitaria hasta que logró enamorarla de sus compases. De la Boca se mudó con sus muchachos a un bar entre Corriente y Medrano, pleno Almagro.
Más tarde, ya iniciados Canaro y Greco, actuaron en el café El Estribo, en la calle Entre Ríos entre Independencia y Chile. De allí saltan a los bailes de Laura en paraguay entre Ecuador y Pueyrredón, orillando el mismo barrio Norte. La pujanzas de sus tango lo empujó luego al centro.
Y los años pasaron entre éxitos musicales y alternativas buenas y malas en lo económico. Casi toda la fortuna de Canaro, se fue en los estudios Río de la Plata, cuando invirtió en el balbuceante cine argentino, pero se rehizo y siguió adelante.

En Salta

Canaro llevó el tango por el mundo pero también lo hizo por el interior de su país.
Aquí mismo en Salta supo animar en los años 40 los famosos carnavales de Rivadavia, Cerrillos y Olimpia Oriental, en Rosario de Lerma.
Más tarde Canaro estuvo en París, en Japón y a fines de 1961 acompañó al presidente Arturo Frondizi por su jira por Asia.
Con Canaro, hace 50 años, se apagó una de las estrellas más brillantes del tango. A él le debemos Sentimiento Gaucho, La Tablada y Corazón de Oro, entre numerosos tangos que compuso

El Tribuno

Cuando hace medio siglo, en la mañana del 14 de diciembre, la noticia de su muerte se extendió rápidamente por el país, aquí en Salta un periodista que omitió su nombre, escribió: "Tango y Canaro; es como decir lo mismo. Y seguramente seguirá siéndolo mientras haya un fuelle que contonee resoplando o exista una viola que llore viril una pena honda..."
Una fecha para el recuerdo. El recuerdo de uno de los grandes compositores que, todavía hoy, emociona.

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