"Yo soy como la loba. / Quebré con el rebaño/ Y me fui a la montaña/ Fatigada del llano./ Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley,/ Que no pude ser como las otras, casta de buey ("La loba", de "La inquietud del rosal"). Era revulsiva, en 1916, la voz poética de Alfonsina Storni. Son estos versos -a los que la crítica de la época catalogó de "apenas aceptables"- los que le despiertan los juegos de la memoria a la actriz y dramaturga Lila José. Fue la lectura de estos poemas que la llevó a indagar en los recuerdos y las razones de esa voz venida de otro tiempo y otro espacio, línea tras línea, y a volcar sus propios recuerdos y razones en el unipersonal "Lilalfonsina", que se presentará hoy y mañana, a las 21.30, en el Centro Cultural América (Mitre 23).

¿De cuándo data su vínculo con la lírica de Alfonsina Storni?
Empieza en la secundaria durante el cursado de Literatura de cuarto o quinto año. Me gustaba tanto la poesía que luego, a los 20, fui a estudiar declamación con Judith Graneros de Mirau, una muy reconocida profesora de aquella época, y entonces se me dio la oportunidad de conocer muchas poesías de Alfonsina y de ahondar en su biografía.

¿Qué aspectos de la vida de Storni le resultaron atrayentes en esta aproximación profunda para escribir la obra de teatro?
Sin duda su valentía, su fuerza para enfrentarse con la sociedad de su época. Ella, sola y madre soltera, logró imponerse por su propio mérito entre los escritores destacados no solo de Argentina, sino también de Uruguay, donde la poetisa es muy reconocida.

Debe de existir en usted una honda admiración por la poeta e incluso en poemas de su autoría se pueden intuir referencias a versos de Alfonsina. ¿Estos encuentros cómo surgieron?
Sin duda admiro la voz de Alfonsina, me parece una escritura feminista pero llena a la vez de femineidad, con un manejo excelente del lenguaje, muy bellas y sentidas metáforas y una sonoridad particular que configuran un sello y un estilo inconfundibles. Borges dice que la poesía debería ser anónima porque la "dicta el Espíritu Santo, el yo subliminal o algún otro poeta". Y yo acuerdo con él, cuando uno lee a un autor que le gusta, internaliza consciente o subconscientemente ideas, estilos, modismos, y eso fluye en la escritura de uno. Son las influencias que uno recibe de la lectura. Es decir, que mis encuentros con Alfonsina surgieron a partir de la lectura de sus poemas y de investigar su biografía.

Debido al elocuente título de la pieza: "Lilalfonsina", me gustaría establecer un parangón entre ambas. Alfonsina a los 13 años ya estaba inmersa en el mundo del teatro, a usted ¿cuándo la atrapó para siempre el universo de las tablas?
Tengo muchas analogías con Alfonsina y también situaciones de vida muy distintas. Ambas formadas en una escuela normal regional rural, las dos amantes de la poesía y con fuerte vocación docente, las dos con madre docente y padre con emprendimiento comercial, a ambas nos elegían para salir en todas las fiestas de la escuela primaria y muchos detalles más. Pero aunque las dos incursionamos en la dramaturgia y en el teatro, ella comenzó efectivamente a los 13 años con la compañía de don Manuel Cordero, en Rosario, y a mí me atrapó el teatro recién en 2014, cuando comencé unos talleres que coordina el licenciado Carlos Delgado, que es mi director. Dados la creatividad, la metodología y el talento que percibí en esos talleres me "enamoré" del universo de las tablas, aunque también desarrollé un poco ese arte en la docencia universitaria, que tiene mucho de escénica y protagónica.

¿Qué las emparienta o las distingue en su concepción de la vida y del rol de la mujer en la sociedad?
Ella luchó mucho por los derechos de la mujer y fue una pionera en su época. Es una mujer de la primera mitad del siglo XX. A mí, de la segunda mitad, ya me tocó una sociedad con muchas más reivindicaciones sociales femeninas, aunque falta mucho por hacer.

En 1938, Alfonsina recibe una invitación del Ministerio de Instrucción Pública de Uruguay, que había organizado un acto para reunir a las tres grandes poetisas americanas del momento: la Stroni, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. Le piden que haga pública la confesión de su forma y manera de crear. Emulando aquel ejercicio, ¿se anima a contarme cómo es la forma y manera de crear poemas de Lila José?
Efectivamente en enero de 1938 Alfonsina recibe esa invitación y se suicida en octubre (en Mar del Plata) de ese mismo año. Cuando ella recibe la invitación ya está mutilada de su seno derecho, diagnosticada de cáncer, depresiva, y con la idea fija de su muerte. Sin embargo, la participación en ese curso de verano en la Universidad de Montevideo la reanima, le da alegría; pero la decisión ya estaba tomada. Siempre cuando alguien me pregunta cómo es la forma en que yo escribo poemas, me surge la palabra misterio. Para mí el poema es misterio y el teatro magia. No sabría decir cómo escribo, porque cada poema acaece de un modo diferente, lo que sí te puedo contar es que cuando leo un poema que escribí, aunque sea inmediatamente después de escribirlo me digo a mí misma: "¿Por qué escribí esto, si yo no lo pensé?". Quizás eso sea la inspiración. Me parece que es un acto más intuitivo que racional.

¿Cómo se siente al actuar?
Me siento en un mundo mágico donde uno es uno y no es uno. Hay que encarnar al personaje, meterse en su cuerpo y en su alma y esto es asombroso, "extra-ordinario". Además el teatro me permitió conjugarlo con la poesía en algunos casos como en este unipersonal y rendirle un homenaje a Alfonsina en el centenario de la aparición de su primer libro "La inquietud del rosal".

Sobre Lila José

Elena Teresa José es profesora emérita de la Universidad Nacional de Salta.

Sus áreas de especialización son la Lógica, Epistemología, Metodología de la Investigación; Filosofía del Lenguaje y Enseñanza de la Filosofía. Desde 2014 participa de los talleres de teatro que coordina Carlos Delgado en el Centro Cultural América.

Escribió 5 obras de teatro y actuó en 4 obras colectivas y en el unipersonal “Lilalfonsina”.


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