Agustín Casanova tiene las ideas muy claras a pesar de su corta edad. Convencido de que se puede lograr cualquier sueño enfocándose y trabajando para ello, llevó a Marama a lo más alto de la música actual. Mientras prepara una serie de seis conciertos en el Teatro Ópera de Buenos Aires para el mes que viene y se destaca en el Bailando 2016, el artista recibió en exclusiva a El Tribuno y habló de Tinelli, la música y el perfil de su mujer ideal.

El grupo tiene dos años, ¿cómo te vinculás con el éxito?
Bien, al principio me había afectado psicológicamente un poco. Al ser repentino, sobre todo para chicos de nuestra edad (de entre 18 y 22 años) es un poco raro tener un cambio de vida tan fuerte y tan rápido. En los inicios me afectó, sobre todo por la presión que te ponés. Todo fue tanta locura que creí que no lo iba a poder manejar, pero todo se fue dando de manera correcta y profesional y terminó convirtiéndose en algo positivo. Ahora es todo más fácil, seguimos siendo las mismas personas de siempre. Es difícil que cambiemos por nuestra crianza.

¿Cómo te llevás con la presión del Bailando?
Al principio no estaba seguro de ir, por la exposición que no es lo que está relacionado con lo que hacemos, que es cantar y hacer shows. Pero también lo vimos como algo positivo, es un programa divertido y es una experiencia que vale la pena tener. Marcelo (Tinelli) me parece una persona súper simple y humilde, normal. Agradezco la oportunidad y estoy muy contento. Mis metas tienen que ver con triunfar con la música y con la banda, no como bailarín porque no lo soy, pero como experiencia es algo que vale la pena vivir.

¿Querés ganar el certamen?
Soy muy competitivo y exigente conmigo mismo en hacer las cosas bien y en respetar a quien me dio la oportunidad. Si bien el baile no es lo mío, el hecho de que Marcelo me haya invitado a su programa me lleva a dar lo mejor de mí. Y además, todo lo relacionado con el arte me motiva a ensayar mucho. Después de los primeros ensayos, me di cuenta que el baile está bueno, es divertido, se descubren cosas buenas. Lo veo como una nueva experiencia y hasta creo que podría seguir con el baile después del certamen.

¿Te puede aportar un plus escénicamente?
Sí, lo pensé en ese sentido y ese fue uno de los motivos por los cuales me quise meter en esto. Sobre todo porque el baile te ayuda a la expresión corporal y mucho de lo que tiene el escenario tiene que ver con eso. Estuve pensando seriamente en agregar bailarines y hacer coreografías que acompañen la música en ciertas partes del show, porque el de Marama para bailar. Yo prefiero un show más conectado con la gente, interactivo con el público, como lo que hace Abel Pintos.

Uruguay tiene gran tradición folclórica ¿escuchás a los referentes del género?
Sí, el Sabalero, Daniel Viglietti, Zitarrosa. En mi familia siempre estuvo presente. Cuando nos íbamos de vacaciones, viajábamos desde que salíamos hasta que llegábamos escuchando esa música. Entonces, el folclore lo tengo integrado, no solamente el uruguayo sino también el argentino: son parte de mi formación. En mis ratos libres escucho ese tipo de música, reggae, pop, baladas, soy muy variado, sobre todo en analizar las melodías, los instrumentos. El haberme metido en la música me permitió ver otras cosas.

Hablabas de tu familia ¿te imaginás con la tuya propia?
Sí, me imagino con hijos, con esposa. En estos momentos se complica, porque si quiero estar con alguien le tengo que dedicar cariño, que no tengo problema, pero también tiempo. Y ahí ya no tengo, no tengo ni para mí ni mucho menos para alguien. Entonces sería bastante egoísta si planteara una relación, pero en el futuro sí. Yo fui animador de fiestas infantiles durante cinco años, adoro a los niños y tengo mucho feeling con ellos. Y da la casualidad que Marama le gusta mucho a los niños, para mí es un plus, es todo genial. Cuando dejé de trabajar en el salón extrañaba la inocencia de los niños, ahora se combinaron las dos cosas y eso es hermoso.

Y para ese futuro ¿qué no le puede faltar a una mujer que te enamore?
No hay nada escrito sobre gustos, pero me tiene que atraer físicamente. En cuanto a personalidad, tiene que ser buena persona, sincera, que sepa comprender lo espiritual, que sea segura de sí misma, con personalidad fuerte, pero a la vez comprensiva.

¿Irías con el grupo a cantar para niños internados, por ejemplo?
Sí, claro. Mi madre es voluntaria en hospitales de niños que tienen cáncer. Es un ambiente que siempre me gustó, no porque tengan algún tipo de enfermedad, porque son niños al fin y al cabo, sino porque sé que algunos no tienen la oportunidad de ir a vernos. Entonces está bueno que nosotros vayamos hacia ellos. Es un gesto que, más allá de que alguien te pueda decir que es por interés, sé que me va a hacer bien. Sé que es chocante, duro o difícil, pero que en cierto modo me hace bien. No hay nada mejor que hacer feliz a un niño.

Tenés empatía con los niños ¿cuán lúdico sos?
Bastante, tengo una mezcla de madurez e inmadurez dependiendo del momento en que lo tenga que aplicar.
Siempre fui una especie de niño grande, y por suerte no me ha ganado la amargura de la madurez. Sé en qué momento ponerme maduro y en qué momentos hablar en serio, pero no puedo fingir ser un adulto serio cuando sé que en realidad no lo soy. Lo puedo ser, pero me divierto más siendo como soy. No me interesa mucho si alguien le molesta que sea inmaduro.

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