"El autor crea el texto, pero hasta que el lector no lo rescata, este yace como la Bella Durmiente en un estado inerte". Con ese concepto tomado de Jorge Luis Borges, Alberto Manguel encara desde hace un mes y medio su gestión al frente de la Biblioteca Nacional, institución que también dirigió el célebre escritor.
Pero eso no es lo único que lo une al poeta porque, si algo marcó su juventud, fue haber sido durante cinco años y de manera rutinaria, el lector de Borges cuando este se encontraba prácticamente ciego.
Novelista, ensayista y traductor, Manguel regresó recientemente al país después de cincuenta años en el exterior para asumir el cargo que hoy lo tiene en Salta, recorriendo las bibliotecas provinciales y populares locales para reforzar los lazos.
En entrevista con El Tribuno, contó cuáles son los objetivos planteados y el papel actual de estos centros culturales.
A poco de asumir, ¿a qué se debe este viaje al interior?
Cuando me propusieron la designación empecé a trabajar y tuve la suerte de contar con una subdirectora que generosamente decidió quedarse, Elsa Barber, que es la que realmente sabe de bibliotecas. Porque yo no soy bibliotecario, he escrito sobre bibliotecas, libros y lecturas, pero no lo soy. Soy un poco como alguien que escribe recetas sin haber cocinado nunca. Pero sí me dije que había ciertas prioridades.
La Biblioteca Nacional tiene que tener su catálogo: completarlo, ponerlo al día, acelerar el programa de digitalización y luego hacer que la biblioteca sea realmente nacional y no porteña. Para eso, tenemos que crear lazos mucho más fuertes con las bibliotecas del interior. Empezamos por la de Salta, con la cual ya había alguna acción y trataremos de realmente hacer cosas concretas juntos.
Un texto con las mismas palabras no es el mismo texto en distintos contextos. Tenemos que tener todo en la biblioteca. ¿Cuál es el perfil del usuario de bibliotecas que ve en la Argentina?
El perfil es múltiple y va cambiando. Están por supuesto los usuarios tradicionales como investigadores, estudiantes o gente que utiliza los servicios de la biblioteca como los no videntes. Ahora lo que quisiera es que la Biblioteca Nacional encuentre nuevos públicos.
Una biblioteca asusta un poco, especialmente la Nacional que es una especie de torre monstruosa en la estética brutalista a la cual cuesta acercarse.
Yo siempre viví entre libros, son más familiares que ningún otro objeto en mi mundo pero para mucha gente no es así. Alguien que no ha ido a las bibliotecas ni tampoco a las librerías, no sabe cómo se hace.
De eso me di cuenta cuando mi hijo, a sus catorce años, me invitó a ir con él a "la arcade" de videojuegos. Le dije que sí y le pregunté si había que comprar un billete, si había que hacer cola o comprar un cospel y a todo me respondió que no. En definitiva, no sabía nada.
El de las bibliotecas es un uso que se aprende y a eso aspiro. Quiero que tengamos usuarios que nunca han ido a la biblioteca y que empiecen a ver que les pertenece.
"La biblioteca tiene que encontrar formas de brindar los textos a los lectores de la manera más fácil y eficaz posible"
La administración anterior tuvo la buenísima idea de extender los horarios de la biblioteca hasta la medianoche durante la semana. Entonces eso permite a gente que trabaja, estudiantes... a usar la biblioteca en esas horas. Pero yo creo que también hay que ir a buscar los usuarios en lugares inesperados.
Actualmente, además de recorrer provincias, en Buenos Aires estoy visitando las villas, donde se han armado pequeñas bibliotecas. No hay ninguna razón para que sus habitantes no vengan a la Biblioteca Nacional. Pero esto implica el esfuerzo de ir a verlos, hablar, ver qué quieren y tal vez a la tercera o cuarta visita empiecen a usarla. Hay que hacer eso para alimentarla de usuarios, porque la Biblioteca sin usuarios es una cosa muerta.
¿Ese desafío es mayor en la era de la digitalización?
No, porque toda biblioteca desde Alejandría nunca tuvo solo un tipo de soporte de texto. En Alejandría no sabemos lo que había, pero seguramente tenían rollos, tabletas de arcilla, mapas, objetos... La memoria humana se asienta de muchas maneras y a pesar de que nosotros tenemos la superstición de que la última tecnología va a quedar para siempre y va a barrer con todas las otras, nunca ocurre así. Nuestros nietos nos dirán: "¿qué hacés con ese vejestorio?'' y nos contarán la nueva tecnología, que puede ser un chip en el cerebro, ¿por que no?
Lo que podemos asegurar es que esta no será la última tecnología y una biblioteca tiene que tenerlas todas. Tenemos que saber que un texto depende en gran parte del soporte que lo contiene, esa es la lección de "Pierre Menard, autor del Quijote". Un texto con las mismas palabras no es el mismo texto en distintos contextos. Tenemos que tener todo en la biblioteca.
Justamente, el manuscrito de ese cuento está en la Biblioteca...
Tuve mucha suerte porque después de un año de cortejar a un librero de Estados Unidos me prestó el manuscrito que traje bajo el brazo y lo exhibimos en la exposición de Borges. Se trata de una exposición en la que tenemos 16 manuscritos del escritor: la exposición más grande de este tipo que se haya hecho en Argentina. Además, está el recorrido que han construido los bibliotecarios Laura Rosato y Germán Álvarez que descubrieron las anotaciones de Borges en los libros de la biblioteca. Es un trabajo fantástico porque hasta encontraron finales alternativos a cuentos que él había hecho. Y ellos armaron también los libros conjeturales, es decir los libros que Borges nunca escribió pero que sabemos que quiso escribir o que describió sin escribir: libros imaginarios pero que tienen un lugar importante en la biblioteca borgeana.
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Por primera vez en Salta, Manguel recibió de la Biblioteca Provincial algunos libros de obsequio. Foto: Juan Barthe.
Por primera vez en Salta, Manguel recibió de la Biblioteca Provincial algunos libros de obsequio. Foto: Juan Barthe.

¿Hay algo que vaya a tomar de Borges para su gestión, considerando que él también fue director de esta institución?
La idea que la persona responsable del texto es el lector. El autor crea el texto, pero hasta que el lector no lo rescata, este yace como la Bella Durmiente en un estado inerte . Yo creo que esa convicción de Borges de que la literatura nos pertenece a todos porque somos lectores es esencial en una biblioteca, y lo que la biblioteca tiene que hacer es encontrar formas de brindar los textos a los lectores de la forma más fácil y más eficaz posible. La función de una biblioteca es creativa, pero creativa desde un punto de vista práctico, tecnológico, administrativo... Está al servicio de sus lectores o tiene que estarlo.
"Yo estoy en la biblioteca solo como administrador. No estoy ni como escritor ni como miembro de ningún partido"
¿Tiene algún plan para atraer a esos lectores?
Vamos a tratar de hablar, de mostrar la biblioteca a otros grupos que no son los tradicionales. Vamos a tener exposiciones que quizás atraigan otro tipo de lectores a la biblioteca y también vamos a tener relación con no solo las bibliotecas de provincias sino también las internacionales. Estamos creando esos lazos y dichas instituciones van a ofrecer servicios que quizás interesen a los lectores. Presentar literaturas extranjeras, cursos de idiomas...
¿Por qué piensa que el cargo que usted ocupa es considerado tan político en Argentina?
Es un misterio. Si usted pregunta a un estadounidense quién es el director de la Biblioteca del Congreso o a un español quién es la directora de la Biblioteca Nacional de España, nadie lo sabe. Y el director de la Biblioteca Nacional Argentina se convierte en una figurita política. Gran parte de mi esfuerzo es tratar de no ser esa figurita.
Yo estoy en la Biblioteca solo como administrador. No estoy ni como escritor ni como miembro de ningún partido. He vivido fuera de Argentina casi cincuenta años, entones no tengo un recorrido político en Argentina que pueda mostrarme como miembro de un equipo o de otro. Entonces, trataré de conservar mi rol de administrador.
¿Encontró alguna diferencia en la Biblioteca Nacional después de su ausencia?
No. Yo conocí la Biblioteca en la época de Borges, cuando lo iba a buscar a la calle México. Pero confieso que yo tengo una biblioteca bastante grande y necesito una intimidad tal con el libro que estoy leyendo que no puedo exigir a una biblioteca pública. Yo quiero escribir en los libros -Borges lo hacía, pero yo no soy él-, entonces tienen que ser mis libros. Y hay otra cosa: que si leo un libro en una biblioteca pública y me gusta, yo quiero tenerlo y, claro, el robo está prohibido y no hay que tentarme demasiado (risas). Las bibliotecas públicas son esenciales para una sociedad porque son la memoria de esa sociedad y cuando viajo, lo primero que hago es ir a ver la biblioteca pero yo trabajo más cómodamente en la mía.
¿Hay algún plan con relación a lo audiovisual?
El departamento audiovisual es muy activo y una de las cosas que estoy creando es el centro permanente de la memoria que va a tratar progresivamente de mostrar la memoria de los argentinos que no son reconocidos oficialmente.
Tenemos una oficina de derechos humanos que estuvo grabando testimonios de las víctimas de la dictadura que vamos a ampliar para que también se hagan con los exiliados en el extranjero. Otro proyecto es para la memoria indígena que, vergonzosamente, no está representada en la Biblioteca Nacional y ahora lo estará.


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