Alejandro Lerner está de vuelta con un nuevo disco que marca un momento de plenitud en su vida personal y profesional. Luego de una pausa de casi diez años, el intérprete y compositor, autor de más de 350 canciones, muchas de ellas instaladas en la memoria colectiva de la gente ("Todo a pulmón", "Volver a empezar", "Después de ti", "Permiso de volar", entre otras), ha sacado al ruedo un nuevo álbum de estudio, "Auténtico", editado por Sony Music Argentina.

Entre "Enojado" (2007), su último disco con canciones inéditas, y "Auténtico", pasaron muchas cosas: Alejandro Lerner fue padre, se radicó un tiempo en EEUU donde se dedicó a estudiar y a producir, hizo un puñado de espectáculos en vivo compartiendo escenario con amigos y, fundamentalmente, se volcó a una búsqueda personal que le modificó la mirada en muchos sentidos. Un salteño célebre estuvo entre sus "objetos" de estudio: "Hace poco me pasé un día entero mirando videos del Cuchi Leguizamón y empecé a entender su talento. Me tomé el tiempo para investigarlo, para entenderlo, para gozarlo, para darle al Cuchi la dimensión que tenía como personaje, como pianista, como innovador", le contó Lerner a El Tribuno.

¿Qué pasó en tu vida entre "Enojado" y "Auténtico"?
Pasaron cosas fundamentales. Formé una familia, fui papá. Eso ya me cambió mucho el foco de la atención y me llevó a alejarme del movimiento permanente. Me radiqué un tiempo en Estados Unidos donde me dediqué a componer, a producir, a estudiar. Hice algunas giras que tenía como pendientes, como mi encuentro con Armando Manzanero a dos pianos. Visitamos varias ciudades de Latinoamérica y en el Luna Park grabamos un súper concierto con los dos pianos y una banda. También hicimos una serie de Teatros Ópera con mi amiga Sandra Mihanovich. Y hace cinco años atrás festejé mis 30 años de carrera en el Luna Park. Y empecé a hacer un disco que de pronto cambió de rumbo y, hace un año, le mostré el material a una persona que me puso en contacto con Sony.
En esta pausa de casi diez años, ¿seguiste componiendo o retomaste la tarea para este último disco?
No seguí componiendo con la fluidez con que lo hacía. Después de que se trabó el disco que estaba haciendo, unos cinco años atrás, me puse como un freno. La primera canción que hice, con la que me identifiqué mucho, fue "Hope". Por eso fue el primer sencillo de difusión de "Auténtico". Es una canción que me encuentra en mi etapa de estadía en EEUU, por eso tiene un nombre en inglés. Es el tema que más tiene que ver con el lenguaje actual de mi música.

En casi todos los temas de "Auténtico" se observa una filosofía de vida muy profunda. ¿En qué aspectos de tu vida creés que evolucionaste?
Hoy no soy solamente un hombre, soy papá. Me han pasado cosas fundamentales como la llegada de los hijos, la partida de mi madre... Cosas que calan en la identidad de una persona. Además me dediqué mucho al estudio, a investigar, a tomarme tiempo para el piano, para tocar jazz... Me dediqué a estar mucho más tiempo en mi casa, investigando otros universos.

¿La paternidad estaba en tus planes? Porque a los 16 años vos ya estabas en los escenarios y no paraste más.
Sí, es verdad, empecé desde muy chico. He dedicado mi vida al desarrollo de esa vocación. Hoy tomo la paternidad como un premio de la vida. Valoro haber formado una familia que acompaña mi carrera y que ha estado cerca mío en la grabación de este disco. Además, cierro el disco con una canción que se llama "Luna" y está dedicada a mi hija.

¿Qué edad tienen tus hijos?
Thomás tiene un año y medio y Luna va a primer grado ya.

El tema dedicado a Luna es una canción de cuna...
Así es. Cuando la compuse, Luna todavía no había nacido. Yo le cantaba a la panza de Marcela, mi mujer. Por eso la letra dice: "Yo tengo frío, ella calor; ella no duerme, yo muero de amor". Porque Marcela estaba incómoda, acalorada... Ahora Luna está corriendo alrededor nuestro.

¿Y "Carta por la dignidad del hombre"?
Esa canción tiene como siete años. La hice justo cuando se nos murió la Negra Sosa. La vengo cantando desde entonces, más allá de los gobiernos. Siempre he tratado de ser crítico y cuestionador, nunca oficialista con nadie.

¿Qué cosas creés le faltan al pueblo argentino para tener dignidad?
No dejar de documentar nunca lo que estamos viviendo en este proceso democrático. Tenemos la democracia gracias a Dios y tenemos que conservarla, aún cuando a veces sea contradictoria y tenga sus idas y vueltas. Hay valores que eran muy normales para otras generaciones y que se perdieron, como darse la mano, hacerse una gauchada, creer en la palabra del otro... Ahora el trabajo es recuperarlos. La revolución que nos está haciendo falta es moral, pasa por recuperar otras escalas de valores.

Si tuvieras la posibilidad de volver a charlar media horita con alguien que ya no esté, ¿a quién elegirías?
Con mi madre, que se fue hace dos años. Con mi padre, que se fue cuando yo tenía 21 y todavía no había empezado a surgir en mi carrera. Con la Negra Sosa... Yo la quería mucho.

El autor de temas melódicos que hoy son verdaderos clásicos en toda Latinoamérica surgió allá, por los años 70, de la mano del rock nacional. Raúl Porchetto fue quien descubrió su talento y lo convocó para sumarse al grupo Reino de Munt. También fue invitado a participar en el segundo disco de León Gieco y, tiempo después, en 1977, Gustavo Santaolalla lo llamó para integrar su banda Soluna. Luego de sus primeros años como pianista de otros grupos, Lerner creó su primera banda de música instrumental como director, arreglador y compositor: Solopororo. A partir de ese momento, fue el dueño absoluto de su destino.

¿En qué lugar de tu carrera quedó el rock?
El rock está siempre presente, es un lenguaje que vive en mí. Si de pronto alguien me invita a tocar rock and roll en un concierto me tiro al escenario. Toco con un sintetizador que me cuelgo y al que le saco sonidos de guitarra. Y hago solos de guitarra pero con un teclado. Me crié escuchando rock, pero con los años aprendí a hablar otros lenguajes musicales. Hace poco me pasé un día entero mirando videos del Cuchi Leguizamón y comencé a entender su talento. Me tomé el tiempo para entenderlo, para gozarlo, para darle al Cuchi la dimensión que tenía como personaje, como pianista, como innovador. Después me senté al piano a tocar folclore. El rock es parte de mi raíz pero sigo incorporando siempre la riqueza de otros lenguajes.

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