Festivales como el de Cannes permiten el intercambio de diferentes visiones de los cineastas, y en ese juego América
Latina salió muy bien parada. Contrariamente, a lo esperado, el cine italiano que históricamente ha sido galardonado en este festival, fue el gran perdedor de esta edición y finalmente se fue sin premio.
Desde Estados Unidos, Gus Van Sant fue abucheado con su tediosa Sea of trees, y Woody Allen llegó a la Croisette con un discurso nihilista que ensalzó una visión del cine como mero entretenimiento.
En ese contexto, las películas latinoamericanas resonaron como una bocanada de aire fresco, aunque todas trataron temas preocupantes.
"Los tiempos en que vivimos- opinó César Acevedo- nos han quitado la manera de pensar, de emocionarnos y de pensar en el otro y lo único que nos piden es que nos entretengamos con el cine. Tenemos que creer más en el cine y en nosotros mismos".

Chile también premiado

Chile, por su parte se va recompensado gracias al documental "Allende, mi abuelo Allende" realizado por Marcia Tambutti Allende, nieta del presidente chileno muerto en 1973, que ganó el premio Ojo de Oro otorgado por la sociedad de autores de Francia SCAM.
Entre los más jóvenes, Locas perdidas, de Ignacio Juricic Merillán, que estudia Cine y Televisión en la Universidad de Chile, ganó el segundo premio de la sección Cinefundación, dotado con 11.250 euros, y el premio Queer Palm al cortometraje que recompensa filmes de temática homosexual.
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