Si también existe la palabra de honor zombie, los salteños la cumplieron con creces. Ayer por la tarde una horda de más de mil muertos vivientes abrió la dimensión del horror a su paso por el microcentro. El impacto visual resultó muy efectista y no faltó una mirada prejuiciosa venida del mundo de los vivos y que buscaba birlarles la diversión. "¡Váyanse a trabajar!". Alguien, con una voz chirriante difícil de tolerar día tras día. Alguien desde el anonimato de una casa de alto de la "Salta vieja". El grito apenas provocó una desconcentración momentánea en un puñado de zombies. Así quedó demostrado aquello de que la zombie walk es una "pacifestación", es decir, una reunión pública, festiva y pacífica. La caminata de los muertos vivos se realiza en nuestra ciudad hace 5 años y en el país hace 11. A grandes rasgos, se fomenta el despertar de la conciencia común y la evolución hacia una sociedad mejor, de ahí que en todo el mundo se aliente a los participantes a colaborar con la donación de un alimento no perecedero para aquellos que lo necesiten. El evento este año resultó muy atractivo debido a que el arte se manifestaba en los asistentes, que reprodujeron la putrefacción de la carne, el desgarro de la piel, los órganos expuestos y los miembros amputados con riguroso detalle, dando un terreno interesante a quienes gustan de los efectos especiales, la fotografía y la acción espontánea.
La jornada por sí misma había instalado un clima inquietante. A los cielos grises y pesados, amenazantes de lluvia, se habían sumado unos temblores de tierra avenidos en plena previa, mientras los maquilladores se instalaban en el punto de partida: la plaza Belgrano. Pero desde el Clan Fantasy se encargaron de trasmutar todo rigor apocalíptico por la buena estrella que los acompañó sin disturbios desde Belgrano y Balcarce hasta el anfiteatro del parque San Martín.
¿Que hay en el universo de los zombies para que atraigan tanto? ¿Crítica por el exceso de violencia presente en nuestra sociedad? ¿Los estragos del capitalismo planetario en nuestras mentes, que nos moldea como seres ávidos de consumir sin fin? ¿Pretextos para nuestro miedo a la muerte personificado en unos seres que quieren seguir existiendo a costa de los vivos? De todo ello y un poco más. Sin embargo, al verla, la caminata luce sencilla, divertida, sin grandes secretos y hasta inocente. Entre las filas de los muertos vivientes iba Gustavo Luna (29). Él es licenciado en Análisis de Sistemas y trabaja como analista programador en una empresa local. "Los zombies me resultan atractivos porque no son solo e1 monstruo o una personificación o una deidad, sino que somos nosotros mismos controlados por algo externo", señaló, demorándose un momento para dialogar con El Tribuno. El "acting" de Gustavo no estaba exento de gruñidos, gemidos y hasta aullidos. La caracterización también era esmerada e incluía ojos en blanco y mirada monocorde. "El trabajo para convertirse en zombie es más que nada el dejarte llevar por una actitud instintiva. Dejar de lado el prejuicio y meterse en el instinto casi animal de querer comer carne viva", señaló. Su personaje inclusive nació de un ensueño angustioso. "Al parecer él estaba corriendo una maratón y al escapar de una horda de zombies quedó atrapado en un incendio producto del caos generalizado. Murió en el acto y se levantó luego, listo para comer carne viva", arriesgó y añadió que la idea general es jugar con el concepto de la pesadilla, llevándolo hacia el arte y la imaginación.

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