Para Mariana Carrizo el antigal es un espacio vibrante de vida. Lo mismo sentía Ariel Petrocelli, el poeta nacido en Campo Santo el 11 de agosto de 1937, y en cuyo honor se ha instituido el Día de la copla.

En ese manantial anónimo desperdigado por cerros y quebradas, Petrocelli encontró la veta preciosa para crear joyas de nuestro cancionero. Entre esas piedras desoladas Mariana Carrizo ve nacer las voces anónimas de los antiguos, como rescoldo que se resiste a desaparecer. Mucho los unió y los une, aunque el autor de El Seclanteño ya no esté entre nosotros. Este jueves a la noche, la coplera sancarleña recordará a su amigo de guitarreadas y escenarios, homenajeándolo en el Día de la copla. El recital será a las 21.30, en El Teatrino (Aniceto Latorre y Alvear).

¿"Ritual de copla" será un recital de pura copla?
Será eso, un ritual de copla, un concierto donde la única consigna será meterse en el torrentoso río de la copla, de mucha copla de diferentes tonadas y cantores. Cuando se es coplero, ese canto te abstrae y te lleva hacia un universo inexplicable de magia y goce, y eso sucede en el día a día. Hoy compartiré el canto como un vino en honor a las voces de los antigales que me habitan. Cantaremos en este día decretado como celebración dual para Ariel, desde la copla. Vendrán copleros de diferentes lugares a acompañarme. Será un lujo compartir este concierto en medio de la grabación de mi disco nuevo, que saldrá en noviembre.

¿A qué te remite el nombre de Ariel Petrocelli?
Ariel Petrocelli es uno de los poetas fundamentales de la Argentina, pero al margen de esa etiqueta, para los que lo tuvimos entre nosotros, él fue y seguirá siendo un maestro inmenso, un ser mágico, alucinado, nada más ni nada menos que el poeta que llevaba la luna en el bolsillo, como dice su poesía... Su obra es altísima, pueden verla en el cancionero argentino en temas como "El Antigal", "El Saclanteño", "Zamba del ángel", "Crepuscular", etc.
Compartí muchísimos encuentros con él. Fui a lugares donde recitaba sus poesías: era la misa mayor de la vida para quienes lo admirábamos. Cuando venía a casa, era un día indescriptible. Y luego recuerdo las guitarreadas. Él iba mucho a La Rioja, allá tenía muchos amigos. Esas juntaderas eran súper mágicas. Tuve la suerte de estar en ese meollo en varias oportunidades.

¿El trabajo de investigación de una coplera no termina nunca?
Mirá, ahora que miro desde este tramo del camino de mi vida, empiezo a tener más conciencia de cuánto significa pertenecer a un lugar y a una cultura tan profunda, con tanta historia y con tanto por hacer. Ser una pieza de América es una herencia muy grande, muy pesada, pero también muy hermosa. Y sí, de nunca acabar. Nuestros abuelos no son solo fuentes, son una parte nuestra, son quienes nos pasan su disco rígido de información a nuestras raíces y a ellos les debemos veneración y respeto. Yo tuve la suerte de nacer en los Valles Calchaquíes. Lo que recibí de mis mayores vive en cada copla, partícula de la que estoy hecha. Mi tarea existencial es preservar esa memoria ancestral hermosa y reluciente como lo es, y convidarla al viento para que la lleve adonde yo no puedo.

¿Cuál es el principal desafío con el que te topás a la hora de trasladar el espíritu de la copla?
Depende del lugar. En los teatros el público va a encontrarse con un paisaje y entonces me convierto en los arrieros que venían a la casa de mi abuela cruzando cerros y cerrazones, y nos contaban alrededor del fuego las peripecias que habían atravesado para llegar hasta el pueblo, o simplemente la de sus días, y esos relatos salen solos, hablados y cantados.
A veces el leguaje de las ciudades es distinto y ahí me acomodo al caso. En otros países tengo que ser un poco más cuidadosa porque a veces hay palabras que tienen otro significado absolutamente distinto al nuestro, y más cuando se trata de regionalismos. A veces también decido convertirme en una vieja atrevida, que dice lo que quiere y de la forma que quiere, y si lo entienden bien y si no, también (risas).
Pero lo más difícil son los festivales, por la cantidad de gente que concurre a esos eventos. Me encantan, no me cuesta, pero sí me da adrenalina porque no sabés cómo va a responder esa rueda de miles de personas que están ahí con los ojos puestos en uno, esperando ver qué tengo para decirles. A veces siento que soy muy poquito para que miren todos, y ahí me convierto en un granito de arena y me entrego en el canto de mi copla. Entonces no hay ninguna frontera que atravesar más que la del alma.

Decís que tus coplas son "femeninas, no feministas". ¿Cómo explicarías la diferencia?
No lo sé, a veces las palabras son un ovillo enredado y es complejo porque luego viene la interpretación de cada cultura, lugar y circunstancia.
Lo que sí puedo afirmar es que canto desde lo que soy, una mujer. Es decir, un ser femenino y a ese lugar lo defiendo con uñas y dientes, le guste a quien le guste. Las mujeres somos el útero de la vida y eso es un privilegio y una responsabilidad también. Tenemos que aprender que nadie puede arrebatarnos nuestros derechos, por nada del mundo.

¿Qué te pareció esta noticia?

Comentá esta noticia