Retratar lo que se han llevado los disparos de las máquinas fotográficas más de mil veces. Afortunamente allí quedaron intactas las almas de los seres y de los elementos, aguardando una mirada que los describiera con el renovado brillo que solo un indigenista e indio podría otorgarles. Sergio Daniel González (44) es un artista que trabaja con Corel Draw. Usando esta aplicación que se emplea para el dibujo, la maquetación de páginas para impresión y la publicación web, retrata paisajes del norte y a sus gentes. Hay un trabajo minucioso con los colores complementarios. Los personajes y los prismas de los astros encubren la wiphala, esa bandera cuadrangular de siete colores utilizada por algunas etnias de la cordillera de los Andes.
Increíblemente este artista no comercializa su producción, aunque el océano de dones y de destrucciones de internet ya haya llevado, a través de Facebook, sus imágenes a las costas de países europeos y americanos.
sergio gonzalez arte digital corel draw.jpg
<i>La mirada de un artista digital, retratada por Juan Barthe.</i>
La mirada de un artista digital, retratada por Juan Barthe.
"Yo nací en una comunidad que se llama Peña Blanca, ubicada al norte de Humahuaca. Es una comunidad indígena y allí trabajaba mi padre como docente y mi madre fue a visitarlo estando embarazada y tuve la suerte de nacer ahí y de que me trajeran al mundo las parteras de la comunidad. Hoy soy el vicepresidente de la localidad Norte de Humahuaca", se presenta. Agrega que en Peña Blanca deben de haber unas cinco familias. La escuela donde trabajaba su padre ya no funciona porque los jóvenes se fueron al pueblo.
Él se formó como profesor de Educación Física en la Facultad de Educación Física de Tucumán y trabaja hace 17 años de docente. Actualmente cumple tareas en dos secundarios: la Técnica 1 y el Bachillerato Provincial 12. Durante los días hábiles vive en mina El Aguilar y el fin de semana viaja a Humahuaca, donde lo esperan su esposa Elizabeth Condorí (29) y sus hijas Suyay Phajsi Azul (Luna Azul de la Esperanza), de 10 años, y Sisa Jan Inakt'iri Thayari (Flor Inquieta en el Viento Fresco), de 8. Orgulloso de su origen, no solo les dio a sus niñas nombres en quechua y aimara, sino que se comunicaba con sus alumnos utilizando palabras en quechua y les enseñaba las propiedades alimenticias de la papa andina, el mote y la quinua. Una revalorización ancentral que para los chicos era un motivo de autoestima, hasta que se lo prohibieron al docente y dirigente índigena, en un resonante caso que está en revisión del Inadi desde fines de 2014. "Nuestras bibliotecas están en nuestras comunidades: son nuestros abuelos. Son ellos los que tienen la sabiduría. Y muchas veces hay como una negación hacia nuestra propia cultura porque no hemos aprendido todavía a valorar lo nuestro y a veces los chicos se avergüenzan de sus abuelos, de sus antepasados, y mi labor como docente es fortalecer esos lazos que tenemos", dice, convencido. Aclarado esto sonríe condescendiente ante la pregunta -seguramente revisitada- de si es común aliar a un indígena con la tecnología.
Artista jujeño Sergio Gonzalez obr0a 3.jpg
"Nunca hice un curso de Corel Draw ni de manejo de la computadora, pero hay una facilidad, eso analizo yo, de manejarnos mucho por símbolos. Con solo ver un pincel empiezo a interpretar, como nuestros abuelos, los símbolos. Es algo innato que nosotros tenemos lo de codificar los signos", dice y recuerda el final de una materia durante el cursado de su carrera universitaria.
"Nos pidieron que dibujáramos qué habíamos aprendido en el año y mis compañeros se querían morir. Pero yo me saqué 9 llenando el pizarrón con mis ideas de la escuela inmersa en la comunidad y de cómo la pedagogía podía apropiarse de los saberes de la gente y saberlos llevar", comenta. Ese trabajo basado en la identidad comunitaria lo colocó miles de veces en un sitio de reflexión. "Toman al indio como folclore y en ese sentido es atractivo, pero cuando el indio reclama, cuando dice necesito mi tierra o necesito educación, pasa a ser molesto. Eso hay que cambiarlo. Nosotros tenemos nuestra cultura y también podemos hacer uso de la tecnología", señala.
Artista jujeño sergio gonzalez obra 2.jpg
Justamente la tecnología es la plataforma sobre la que Sergio González interpela a quienes apreciamos su obra. Pero no es la única vía de comunicación. "La danza, la vi en un noche de Luna llena, vi cómo bailaba la Luna con los cardones y las estrellas se enredaban los colores de la vida en un ritual que a mi alma enamoraba, los vi y mi ajallu bailó en esa noche de amor. Me quedé allí para siempre, eterno, bailando, danzando con la Pachamama y tus brazos acariciaron mi cuerpo al ritmo de la Luna". Acompañan este sentido texto cardones en una danza permanente e inmutable que se prolonga en la noche. "A mucha gente le gustaron también los textos que escribo para expresar lo que siento y que acompañan a los dibujos. Hay profesoras de Arte que han copiado mis dibujos y se los han enseñado a sus alumnos. Me enviaron por Face fotos de un aula con paredes repletas con copias de mis dibujos", comenta. Mientras lo invitan a exponer sus trabajos en Nueva York, París y Buenos Aires, por el momento puebla de universos su muro. Lector, si echas una mirada a su arte digital verás que en los cerros tiemblan pasados submarinos, que los astros colman la curvatura del silencio y llenan su propio ser de sustancia andina.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Comentá esta noticia