En estos momentos Mariana Baraj está regresando de Japón, luego de protagonizar una extensa gira que la llevó a recorrer 21 ciudades en tres de las cuatro grandes islas del archipiélago nipón. En sus shows, la cantante y multiinstrumentista presentó Vallista, su primer disco en formato solo set y el séptimo de su carrera solista, editado recientemente por una discográfica japonesa.

Este fue el cuarto viaje de Mariana Baraj a Japón, un país de avanzada que mira al futuro sin olvidar que la esencia de todo está en las raíces. Bajo esa certeza, le abre los brazos a artistas del mundo que destilan talento e identidad. Es el caso de Mariana Baraj . Antes de emprender el largo regreso a casa, la artista compartió con El Tribuno un balance de este nuevo viaje. En las primeras pinceladas describió: "Nos recibió la primavera y nos despidió el verano"; "todo el mundo aquí anda en bicicleta"; "no hay ni un papelito tirado en la calle"; "tanto los japoneses como yo hemos degustado diferentes delicias: mate, coca, vino tinto y torrontés salteño para ellos; tofu, ramén, témpura, dulce de poroto aduki y helado de té verde para mí".

Pero las impresiones que Baraj trae especialmente marcadas en el alma tienen que ver con las emociones recogidas en los escenarios: "He compartido mis presentaciones con músicos locales como Anna Sato, del sur de Japón, que canta maravillosamente la música tradicional y toca varios instrumentos como el koto y el shamisen. También canté con Apellachako, un grupo del oeste de Japón. Y al tercer tramo lo hice con Hideki Taninaka, contrabajista y productor que estuvo a cargo del armado total de la gira, y con Takumi Seino, guitarrista de jazz de Osaka".

Para muchos espectadores, ver a Baraj en vivo fue coronar la experiencia de haberla disfrutado antes a través de sus discos (cabe recordar que los álbumes de la salteña se comercializan en Japón desde 2001, bajo el sello Ahora Corporation). "Tuve la fortuna de tocar en lugares muy mágicos, como el Templo Budista de Toyama y las aguas termales más importantes de Japón, en Hirayu No Mori. Acá los conciertos comienzan a horario porque la puntualidad es una característica de los japoneses. Te reciben con mucho amor y disfrutan el show en estado meditativo. En el repertorio incluimos dos canciones en japonés muy conocidas aquí. Shi mauta, versionada en ritmo de chacarera, y Sukiyaki Song. Fueron momentos mágicos porque todos cantaban emocionados", compartió Mariana.

Fueron 21 shows a lo largo de un mes. El cierre de la gira incluyó "un asado argentino programado con 9 meses de anticipación, porque los japoneses todo lo planifican así", explicó la artista, que vuelve a Salta con una invitación oficial para regresar a tierra nipona en 2016, para el Festival de Cosquín en Fukushima.

El arte de conectarse

Mariana Baraj experimentó en Japón la equilibrada convivencia entre lo tradicional y ancestral y lo moderno, realzado por tecnología de punta. Quizá la artista encaja como pocos en ese contexto de mixtura porque conoce bastante sobre acortar , distancias: “Mi objetivo en cada show es darlo todo con la certeza que la gente necesita volver a conectarse con su espíritu. La misión del arte, para mí, es modificar estados de ánimo. Si lo logro en el escenario, misión cumplida”.



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