Bárbara Sarassola Day nació en Salta en 1976. El cine la convocó hace más de una década desde múltiples roles: guionista, productora y otros. Con dos cortometrajes en su haber: Exodia y El Canal, su ópera prima, Deshora, fue reconocida en múltiples regiones y, a mediados de año, podría alzarse con tres Cóndor de Plata, uno de los mayores galardones de Argentina. "Que haya sido seleccionada, por empezar en el Festival de Berlín -uno de los más importantes del mundo- y en una de las secciones de mayor visibilidad, fue una oportunidad buenísima. A partir de ahí, seleccionadores de otros festivales comenzaron a pedirla. En algunos casos, tuve la suerte de ir a acompañarla en lugares muy diversos: Rusia, Grecia, Noruega, que es un país coproductor de la película. Se vio en distintos lugares: Estados Unidos, Panamá, Colombia, Brasil, Uruguay. En toda esa diversidad de países y de festivales, para mí fue muy importante el encuentro con el público. Son pueblos de culturas y de idiosincrasias muy distintas entre sí. Uno arma una narración desde su contexto y fue muy interesante porque había reacciones muy similares en lugares radicalmente diferentes", aseguró la realizadora.
Además, sobre las nominaciones por parte de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina, afirma: "Está buenísimo. Nuestro país produce una enorme cantidad de películas por año y hay gente muy talentosa. Ha habido películas muy interesantes, no solo de quienes integran las ternas, si no también de quienes han quedado fuera y han hecho cosas geniales. Se ha reconocido el trabajo de Jésica Suárez por mejor sonido y Lucio Bonelli por mejor fotografía. Me habría gustado que hubiesen quedado los actores que han tenido un alto nivel de entrega y compromiso. De todos modos, tener tres nominaciones con una primera película es muchísimo, ha sido algo muy afortunado", reveló.
Según tus propios comentarios, Deshora nació desde la dualidad entre familiaridad y extrañeza que te genera el sitio donde naciste ¿En qué cosas sentís cercanía y cuáles te alejan?
La cercanía tiene que ver con que pertenezco a esa idiosincrasia, me reconozco en los personajes principales, la cuestión social. La casa donde filmamos se parece mucho a aquella donde crecí. De hecho, dormí en ese lugar cuando era chica, conocía ese campo. Hay algo que me es muy próximo. Es un acercamiento de un afecto enorme, con una relación de pertenencia a eso. Pero hay otras cuestiones que me enojan o me expulsan de ese mismo contexto, que tienen que ver con ciertos niveles de intolerancia, de machismo, el condicionamiento social con respecto a los individuos. Cómo se le exige al hombre en un contexto machista; todas las renuncias que se le piden a la mujer. Me parece que nadie está demasiado cómodo, pero que sin embargo es una dinámica que se sigue reproduciendo de generación en generación, inclusive ahora. Lo ves en la forma en que educan a los varones y a las mujeres, las madres y los padres. En este sentido, me siento crítica y lejana. Me gustaría que eso fuera cambiando. Lo mismo que las relaciones de clase. Eso ha ido cambiado bastante en Salta, hay más movilidad, pero es una estructura social todavía vigente. Quiero creer que está más ligada al pasado que al futuro.
¿Los planteos aparecen desde la cercanía?
Sí, en algún punto, desde esa cercanía que tengo me siento habilitada para plantear algunas cuestiones que tienen que ver conmigo. Es mi manera de ver. No puedo decir que sea lo correcto o lo incorrecto, es lo que me pasa a mí. En la película traté de acercarme a esas situaciones que a mí me incomodan, que me expulsan un poco, pero que a la vez me implican porque es algo cercano.
¿Esta película marca tu huella de autora, cómo imaginás tu próximo proyecto?
Trato de no pensar en eso. Lo autoral va a estar sin duda. Yo llegué a la dirección de una forma accidental porque siempre me dediqué a la producción. Llegué a la dirección porque escribí un guión y quería dirigirlo. Me tomé mi tiempo y me formé para eso, para sentirme segura. Lo hice, me encantó y ahora quiero seguir dirigiendo, pero si no tengo la necesidad de hacer una película, no la voy a hacer. Fui llegando con el tiempo a dirigir, quiero hacer historias en las que tenga la necesidad de contar algo. Estoy trabajando en un proyecto, investigando a partir de que gané el fondo ciudadano del Ministerio de Cultura.
¿Y allí harás base en lo local?
Sí. Quiero filmar en Salta, pero no me motiva lo local en el sentido del exotismo para importar. No necesito poner ponchos para que una película sea salteña; hay otras formas de serlo. Además que todas las personas tenemos las mismas necesidades básicas, en Salta, Mongolia o Alemania. Todos queremos el amor, necesitamos un techo y comer. Tenemos miedo de la muerte y a envejecer. En algo nos parecemos un poco todos, no somos tan diferentes.

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