La voz de BB King y el sonido de su inseparable guitarra Lucila bajaron ayer del escenario por última vez, pero su inolvidable legado de canciones deja claro por qué el artista será recordado para siempre como el "rey del blues".
King se despide con 16 premios Grammy, más de 50 discos en casi 60 años de carrera y temas que marcaron época como "Three O''clock blues", "The thrill is gone" y "When love comes to town", su célebre colaboración con los irlandeses U2.
Nunca dejó de cantar y de llevar el blues por bandera. Siempre se le podía encontrar en la carretera, cerca de su público, excepto cuando la salud le jugaba alguna mala pasada, casi siempre relacionada con la diabetes de tipo 2 que sufría desde hace más de 20 años.
Riley B. King nació el 16 de septiembre de 1925 en una plantación de Itta Bena (Misisipi). Allí empezó a tocar, por las esquinas de aquellas deprimidas calles y en las localidades colindantes, hasta que en 1947 hizo autostop en dirección a Memphis para labrarse una carrera musical.
Memphis, una comunidad musical que reunía todos los estilos de la música afroamericana, era la meca hacia la que todos los músicos del sur decidían peregrinar y King encontró la ayuda de su primo Bukka White, uno de los maestros del blues en aquel período.
Su actuación en el programa de radio de Sonny Boy Williamson llamó la atención de los especialistas y pronto cerró una serie de actuaciones en las que se presentaba como Beale Street Blues Boy. Luego decidió acortar ese nombre a Blues Boy King y, finalmente, dio con el definitivo BB King.
A mediados de la década de 1950 tuvo lugar un suceso que marcaría para siempre la carrera del artista.
King actuaba en un local de Twist (Arkansas) cuando unos espectadores se enzarzaron en una pelea que acabó prendiendo fuego al local. El artista se apresuró a salir de la sala, pero se dio cuenta de que se olvidó dentro su querida guitarra Gibson acústica de 30 dólares y no dudó en desafiar las llamas y recuperarla. Después supo que la discusión se había producido por una mujer llamada Lucila y decidió bautizar así a todas las guitarras que le acompañaron. Con reminiscencias de Blind Lemon Jefferson y T-
Bone Walker entre otros, el "vibrato", la precisión de la púa, su sutileza y el manejo de los silencios convirtieron el sonido "King" en un componente fundamental del vocabulario musical del que bebieron figuras como Eric Clapton, George Harrison o Jeff Beck.
"Cuando canto, estoy tocando en mi cabeza; en cuanto dejo de cantar oralmente, en realidad lo sigo haciendo a través de Lucila", explicaba King, que ejerció de telonero para los Rolling Stones en 1969 y también para Ike & Tina Turner.

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