El debut de Nathalie Marin, la nueva directora, al frente de la Orquesta Sinfónica de Salta, el pasado viernes por la noche en el Teatro Provincial, ratificó el buen tino de su elección entre los numerosos postulantes de todo el mundo que respondieron a la llamada a tomar la batuta del cuerpo mayor de músicos de la Provincia. Y fue el público, terminó de rubricar su presencia con un aplauso que se extendió hasta el cansancio.

Es que Marín ofreció un exquisito repertorio, al que supo dar una lectura que realzó los momentos emocionales de cada obra.

El concierto estuvo integrado por la Obertura de "Der Freischürt" (El Cazador Furtivo), de Carl Maria von Weber; Preludio y Muerte de Amor de Tristan e Isolda, de Richard Wagner; y Muerte y transfiguración, de Richard Strauss. Como se ve, Marín, eligió a tres autores románticos -aunque Satruss pertenece al momento del llamado "romanticismo tardío"- con una mirada a la que podríamos destacar como femenina, aunque el epíteto sea insuficiente.

Con respecto la ópera -o "drama musical" como le gustaría decir a Wagner- de Tristán e Isolda, basada en el romance de Godofredo de Estrasburgo, quizás debamos ver un guiño aquí, ya que la obra fue muy influyente entre los compositores clásicos occidentales y proporcionó inspiración a compositores como Gustav Mahler, Richard Strauss, Karol Szymanowski, Alban Berg y Arnold Schoenberg. Muchos ven Tristán como el comienzo del fin de la armonía convencional y la tonalidad, y consideran que estableció la base para la dirección de la música clásica en el siglo XX.

A esta pieza, Marín la desmenuzó "ante los oídos" del público, explicando sus momentos con breves intervenciones de la Sinfónica. Una manera de acercar esta compleja pieza a un público que quedó maravillado. Es que la Sinfónica responde con una calidad superior. Como siempre.

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