César Isella transita esta etapa de cantor y andariego con el afecto cálido y permanente de su gente. Allí en ese ámbito se mueve como a él le gusta, siempre dispuesto a generar cosas vinculadas con el canto. A veces, dice: "Hermano esta ciudad es insoportable". Claro que se refiere a Buenos Aires, porque cuando le hablan de Salta, la situación es distinta. Nada mejor que encontrarse con su gente, con sus amigos y todo aquello que regresa en su espíritu de cantor. Después de mucho tiempo y con un fugaz paso con Joan Manuel Serrat, hoy actuará en la provincia que lo vio nacer musicalmente.

Hoy te encontrarás con tu público. ¿Que sensación te transmite?

Me gusta contarle a la gente mis vivencias desde el escenario. Es mi felicidad de que la "cigüeña" hizo un aterrizaje en un lugar como Salta. Me da una inmensa alegría decirlo y aunque no lo creas, sentirlo.

Salta tiene un aura distinto, ¿vos también lo percibís así?

Por supuesto. Mira si caía en el Congo, China o Rusia, entonces, seguramente mi música sería distinta o no habría trascendido con la música popular.

Siempre hablas de tu madre y de tu abuela, ¿ellas influyeron en vos?

Es verdad aparte de tener una hermosa madre que trajo al mundo diez hijos y una abuela, a la que yo cariñosamente recuerdo como Mama Vieja, quien fue la que me ayudó a comprender la importancia de la música. Fue la suerte mía guitarrera. Y, cada vez que vuelvo a Salta, me da mucha felicidad encontrarme con los recuerdos que tanto amé.

¿Pero también te trae otros recuerdos?

Me estás haciendo entrar en la nostalgia. Recuerdo una casa de gente humilde, de sueños cotidianos, de horno de barro y un montón de cosas hechas con nuestras propias manos. Lo más importante consistía en dar un paso adelante y solidario, pero con una palabra que aprendí desde chico: trabajar y trabajar...

Hablando de nostalgia, ¿qué lugar ocupan Los Fronterizos?

No me puedo olvidar aunque tenía 17 años y la vida me puso frente a la hermosa posibilidad de ingresar a un conjunto como Los Fronterizos. La historia tienen que contarla ustedes, los periodistas, pero lo más importante es no olvidarla. En Salta había poetas y músicos de una riqueza única, aunque el destino fue generoso con nosotros y especialmente conmigo. Y anduvimos por el mundo alborotando oídos y zambas.

¿Considerás que hoy se perdió el hábito de la lectura?

Puede ser. A mí la poesía, como lectura, desde muy changuito me posibilitó descubrir nuestro idioma y me enseñó a valorar los sueños en verso. Me alegraba la vida y me daba armas para amarrarme a la vida y a mis semejantes.

Estuviste en una época difícil y sin embargo nunca te quejaste...

Recorrer América con mi guitarra me fue comprometiendo en lo social y fundamentalmente me modeló en lo humano. Las dictaduras en los 60 y los 70 me dolían en lo más profundo, pero junto a diversos poetas aprendí lo importante del compromiso social. Allí me nació este oficio de compositor. Todo vivido a partir de la visión de un hombre simple y solidario.

¿Te considerás un músico continental?
Mi obra musical sostiene mi vida, pero siempre con una dignidad enorme y me conecta a los pueblos de América Latina de un modo espectacular. Dicen que soy el músico de un himno continental junto al poeta mendocino Armando Tejada Gómez. Con él tuve una amistad muy linda, desprovista de egoísmo e intereses.

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