Esta tarde se vivirá una jornada de intensa emoción en el Espacio Incaa del Hogar Escuela. A las 17.30 se realizará la presentación en Salta de "Caíto", la película, con la presencia en la sala del director y actor Guillermo Pfening y Luis "Caíto" Pfening, ambos protagonistas de este premiado filme.
Caíto se acerca a los 30 años y sus amigos crecen y arman proyectos que él también quisiera concretar para su vida, entonces empieza a obsesionarse con la idea de ser padre y, a partir de esta necesidad, comienza una relación con la Suzuki, la chica "fácil" del pueblo, y con Anita, una niña que vive en un hogar violento que la obliga a una vida dura. El improvisado trío emprende una aventura en la que el anhelo de formar una familia parece estar cerca pero esta es la ficción.
En el marco o el interior de este universo -cada espectador lo decidirá- Guillermo Pfening se permite mostrar la vida de su hermano, quien padece distrofia muscular.
En diálogo con El Tribuno Guillermo Pfening contó que su ópera prima es un desprendimiento de un cortometraje que rodó en 2004 "Caíto también" para presentarlo en un concurso de la Embajada Francesa. Esta obra obtuvo el primer premio. En aquel momento a partir de la palabra deseo había que construir una historia. Entonces Guillermo le preguntó a Luis qué deseaba y él le respondió que quería hamacarse en una hamaca de plaza. Por lo que el corto reproduce una jornada en la que lo llevan a cumplir este pequeño anhelo. Ese galardón les permitió a los hermanos asistir al Festival de Cine de Toulouse (Francia), pero también dejó sembrada una inquietud que terminaría de germinar en el largometraje. Sin embargo, el momento inaugural no se constituye solo de buena voluntad sino que también está labrado de inquietudes. "Cuando escribimos junto con Carolina y Agustín -los coguionistas- tuvimos mucho cuidado de no caer en golpes bajos. Si bien la película es muy subjetiva, planteé que no quería hacer un filme sobre un héroe ni sobre una víctima". El cineasta comentó también que con su hermano se criaron en un pueblo y compartían la misma barra de amigos en el barrio. "Como la enfermedad de mi hermano fue progresiva pudimos ir al club, andar en bici, hacer chozas, jugar mucho juntos. Esto hasta empezar la secundaria, cuando cada uno hizo su barra de amigos. Y bueno, ahora de grandes compartimos esto: hacer cine y viajar por el mundo porque con la película fuimos a Europa, a Estados Unidos y por toda la Argentina, aunque nos faltaba el Norte". Luego se refirió a lo entrañable de haber elegido como locación para la película el pueblo donde ambos crecieron. "Filmarla en el pueblo fue toda una revolución: cinco semanas muy intensas, de alegría. Y el rodaje aportó mucho más de lo que teníamos plasmado en el guión por la intervención de mi hermano, por lo que él aporta y por las cosas mágicas que fueron sucediendo", señaló. Por último se refirió al sentimiento que despierta "salir de gira" con "Caíto". "Para mí este filme representa tomar una voz propia y poder reflexionar no solo acerca de nuestra vida, sino también de las posibilidades que tiene el cine como juego y como sueño. Representa un sueño cumplido, mucho tiempo de trabajo y muchos miedos en el medio que se fueron superando. Pasó por muchas etapas, estoy orgulloso de la película, la veo y la sigo disfrutando", concluyó.

Sin golpes bajos y con emociones honestas

"Caíto, la película" que marca el debut en la dirección cinematográfica del actor Guillermo Pfening, muestra un constante entrecruzamiento entre documental y ficción. Por ello no se puede hacer referencia a un solo filme, sino a dos.
El primero muestra, con una estética propia del documental, la vida de Luis o Caíto, un joven con distrofia muscular.
Caíto es hermano en la vida real de Guillermo Pfening. Este visita a su familia en Marcos Juárez para rodar una ficción, que se centrará en Caíto. Así en la película se retrata la rutina del joven, pero también cómo empiezan a planificar una ficción, que saldrá a luz en la segunda parte. El filme podría haberse sustanciado de golpes bajos, después de todo los recursos para generar conmiseración en el espectador constituyen el ABC de la cinematografía; pero esa no es la historia que Guillermo Pfening decidió mostrar. Al contrario, a través de una estructura inteligente y guiños metanarrativos él fue construyendo un retrato personal de su hermano y de quienes lo rodean. Existe una escena notoria, no solo porque opera como bisagra entre los dos planteos del filme, sino porque en ella se sintetiza el leit motiv de esta obra.
Los actores están disfrutando de una tarde en una pileta de lona. Guillermo los llama y les explica qué personaje va a desempeñar cada uno de ellos. A continuación les propone un juego: dar vueltas en la misma dirección lo más rápido que consigan hacerlo. Caíto mira desde el borde con expectativa y un chaleco salvavidas puesto, mientras los demás corren para generar una corriente duradera. Luego Guillermo introduce a su hermano en el agua. Caíto flota de espaldas y al cabo de un rato lo colma una sensación de bienestar tan intensa, similar a la de quien escapa a las leyes de la gravedad y se vuelve inmaterial. La película en cierta forma también es un gran juego planteado por Guillermo y del que todos -salvo algunos- deciden participar.
La experimentación con el lenguaje depara una mixtura entre documental-backstage y ficción que exige un espectador activo al que todo el tiempo le tocará sorprenderse. Por momentos tanto se desdibuja esta relación dialéctica que no resulta sencillo saber cuánto hay de ficción en los fragmentos que parecen de documental, ni cuánto de documental se termina filtrando en la ficción. Actores profesionales, que conviven con personas que devienen en personajes cuando la cámara se enciende. Pero sí está claro que en esos constantes idas y venidas entre realidad y ficción, un sentimiento permanece invariable: el amor hacia Caíto de quienes lo rodean.
También cuestiones técnicas dividen a un universo de otro, como una cámara cercana a los personajes, más ágil aunque sin volverse desprolija, con un sonido directo y poco estilizado. Ya para la ficción, la lente es más estática, deja de involucrarse de manera activa y dinámica y asume una posición más contemplativa.
La experiencia, la posibilidad de que algo nos acontezca o nos llegue requiere un gesto de interrupción, un gesto que es casi imposible de darse en los tiempos que corren porque requiere pararse a pensar, a mirar y a escuchar, y "Caíto" lo logra con su dosis justa de emociones honestas.

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