Alguna vez un cantor sentenció que "el hombre es como el fuego: tan solo se conoce cuando ha dejado su huella en medio del camino". Será por eso entonces que hay hombres de fuegos eternos y miles de caminos, que andan dejando huellas por donde quiera que la vida los lleve. Así se entiende la vigencia de inmortales obras poéticas y la razón simple de las antologías, como la simplicidad de las pequeñas cosas. Un solo hombre, desde la plenitud de su obra, puede ser el resumen mismo de la humanidad bajo el fuego sagrado e inacabable que lo acompaña desde el principio de su tiempo.

Uno de esos hombres cruza la redacción de El Tribuno, saluda y se acomoda en una silla como un viejo amigo. Sabe de antemano que no necesita presentación, pero la humildad es parte de su esencia que se manifiesta entre la sonrisa y el apretón de manos. "Bienvenido don César, gracias por visitarnos". Y la charla nos mete en un mundo de anécdotas risueñas y realidades increíbles.

César Isella visitó la redacción de este medio acompañado por su esposa Graciela, su "mejor canción cotidiana", quien desde hace 45 años oxigena sus pasos y sus sueños. "Pasamos momentos tremendos, pero ella siempre encendía el sol y la mañana", recuerda desde un memorable texto.
Llega imprevistamente para suceder. Sin plan, sin preproducción periodística y así es que, como suele ocurrir en estos casos, el encuentro resulta inolvidable.

Isella trae un valioso presente que es su último trabajo discográfico, "César Isella 60. Todas las voces todas", una riquísima antología musical y poética que es la síntesis de su vida artística a lo largo de sus 60 años en escenarios de Argentina y del mundo entero.
La obra es un golpe directo a la emoción, donde se escucha a un Joan Manuel Serrat cantando "sol de alto Perú, rostro Bolivia estaño y soledad" o bien a Silvio Rodríguez siguiendo con un "subo desde el Sur, hacia la entraña América y total".

Y en cualquier orden van apareciendo en esa y en las 14 canciones del disco, artistas como Pablo Milanés, Jairo, Tania Libertad, Mijares y muchos otros, con el acompañamiento musical de la Sinfónica de Salta, Lito Vitale y varios coros nacionales. Un trabajo emotivo y lleno de sorpresas que significa también una verdadera obra de colección.

Pero César Isella no se detiene en la recopilación musical, ya que también aporta, dentro de una cuidadosa caja de presentación, históricas imágenes con pequeños textos que no hacen más que sumarle un valor inapreciable a toda una vida dedicada al canto.

Se puede reconocer en esas viejas imágenes un viaje a la exUnión Soviética junto a Horacio Guaraní y Ariel Ramírez, vestidos de "gauchos rusos" o fotos inéditas de Los Fronterizos jóvenes, o con el Barbudo Castilla, María Elena Walsh, Los Trovadores, una dedicatoria de Armando Tejada Gómez, una con la Negra Sosa, Falú, Chavela Vargas o personajes mundiales como Lalo Schifrin o Vittorio Gassman. O una más reciente cantando ante el papa Francisco, a quien le regaló la letra y la partitura original de "Canción con todos", que fue traducida a incontables idiomas.

Así se resumen las seis décadas de canto de César Isella: con música, poesía, imágenes y anécdotas.
"No me conocen a mí, sino a mi obra y este es un homenaje que quise hacerle a toda la gente que me acompañó a lo largo de tantos años", dice Isella y con un abrazo de despedida confirma que es un hombre de mil caminos y con un fuego que jamás se apagará.

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