En una reunión de amigas, todas ellas madres, lo que pasa con los hijos es un tema que no puede quedar fuera de la agenda. Con asombro se puede descubrir que más de un comportamiento se repite en los chicos, a cierta edad.
Gabriela, Silvana y Edith son un grupo de amigas que se dieron cuenta que sus hijos, una vez superados los 8 años encontraban en las películas de terror, su espacio de encuentro y diversión.
Pero, ¿es a esa edad tan temprana recomendable ver estas películas?
"'Los niños de hoy no juegan como los de antes' es una frase repetida que escuchamos a diario de la boca de adultos a la hora de comparar su propia niñez con este período evolutivo en la actualidad", adelantó la profesional Constanza Puló.
Los adultos de hoy recuerdan otros juegos de su niñez.
"Pero esta idea de niñez cada vez va quedando más lejana. Hoy en día el niño disfruta de nuevos espacios, nuevos juegos y actividades, favorecidos por los avances tecnológicos y las características del mercado actual que ofrece a los niños cada vez mayores ofertas de juguetes y diversión", alertó la profesional en Psicología.
Zombis, vampiros, dragones, fantasmas, muñecas góticas descendientes de míticos monstruos, fueron dejando atrás a los antiguos protagonistas de los juegos y diversión de los niños para ocupar un papel cada vez más importante en el discurso y las preocupaciones de los mismos. Ya sea través del las películas o los juguetes estos productos del mercado actual se ganan a los chicos.
"Hay que destacar que no todos los niños disfrutan de las actividades, juegos y películas cuya trama es el terror. Por este motivo, es importante aprender a escuchar a los menores, estar sensibles a sus intereses y necesidades y enseñarles a que pueden decir que "no" como una forma de cuidarse, de respetarse y hacer que otros respeten sus derechos", recordó la profesional.
Es muy común que los chicos acepten ciertas situaciones de juego, aún cuando no les gusta, solo para estar integrados.
"Muchas veces es el grupo de pares (compañeros y amigos) el que propone actividades lúdicas o videos de terror y presionan a los niños para acceder a esta modalidad de diversión. De esta manera, les enseñamos a los niños que pertenecer a un grupo no es sinónimo de acceder a todas sus demandas", recomendó.

Los que disfrutan
Por otra parte, también están aquellos niños que disfrutan de las películas y juegos vinculados al terror. Y, cuando hablamos con estos niños, nos manifiestan que "lo hacen por curiosidad", "porque ya son grandes y no tienen miedo" o algunos sienten placer de las manifestaciones corporales que experimentan y hacen alusión a la "adrenalina" , "a que cambia el latido de su corazón", entre otras razones que llevan a los menores a elegir estas opciones de diversión.
"Por más que este último grupo de niños reconoce su gusto por las películas de terror, también admiten que en muchas oportunidades experimentan luego insomnio, pesadillas, pensamientos y situaciones de los personajes de la película que rondan por sus cabezas durante largos períodos de tiempo", alertó Puló.
"Es necesario tener en cuenta que los juegos, las películas, los programas de televisión son poderosos medios de comunicación, en el que las ideas e imágenes que se presentan a los niños permanecen en la mente de ellos durante un largo período de tiempo a pesar de que la película haya terminado y el televisor esté apagado. Por este motivo, tenemos que ser cuidadosos con lo que dejamos ver y oír a los niños", agregó la profesional.
Especialista en la atención psicológica de los pequeños, se debe entender que cada niño tiene su tiempo de maduración y sus propios gustos. "Tampoco podemos olvidar que a los niños, cuando son pequeños, les cuesta distinguir entre la realidad y la fantasía, por lo que como padres y educadores, es necesario estar disponible para enseñarles a afrontarlos", concluyó.
Películas y series
Gravity Falls serie
Dipper y Mabel Pines pasan sus vacaciones visitando a su tío Stan en Gravity Falls, el cual resulta estar rodeado de sucesos paranormales.
La leyenda de la Nahuala
Se sitúa en 1807 en Puebla de los Ángeles. Leo San Juan, de nueve años, vive asustado por la leyenda de una bruja que vive en una casona.

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