* La convocatoria. Más de 150 mil seguidores llegaron a Tandil para revolucionar la ciudad el fin de semana, agotando las reservas hoteleras y gastronómicas de la ciudad. Toda la longitud del Hipódromo, que tiene unos 160 metros de largo, se vio absolutamente colmada. Los organizadores reconocieron que eso nunca había sucedido.

* La salida del Indio a escena. A las 21.15, Solari irrumpió al escenario para hablar con sus fans, lo que provocó, lógicamente, el estallido de estos. Tardó varios minutos en hacerlos callar, para que lo escuchen. Luego, confesó que está enfermo ("Mr. Parkinson me viene pisando los talones. Pero bueno, acá estamos. Es la vida") y con un tono de voz solemne explicó la naturaleza de los cambios de su banda.
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* El setlist. A diferencia del último show que había dado (en diciembre de 2014 en Mendoza), Solari tocó una buena cantidad de canciones de su etapa en los Redondos: 13 de 28. Los temas ricoteros (como "Rock para los dientes", por ejemplo) fueron los que más emoción generaron en sus fans. Aún así, no interpretó clásicos como "Juguetes perdidos" y "Un ángel para tu soledad".


* El comienzo. Solari hizo delirar a sus fans ya desde el primer tema. Cuando los primeros acordes de guitarra de "Nuestro amo juega al esclavo" surcaron el cielo de Tandil (apenas pasadas las 21.30), la muchedumbre desató una fiesta de baile y canto,. Ambas cosas no mermaron a lo largo de las tres horas de show.

* El final, con "Jijiji". Como viene ocurriendo desde mediados de los años '90, cuando liderada Patricio Rey, Solari cerró su show con el clásico tema del disco Oktubre. El punteo de guitarra del comienzo de la canción provocó que de inmediato produjera una estampida de parte de los fans, quienes, aún exhaustos luego de horas de amucharse y transpirar, bailaron y cantaron hasta el desmayo.
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