De noche, a veces, se presentan libros. Algunos ceremoniosos, otros populares. Estos últimos convocan a amigos dispuestos a recordar figuras que -a través de su obra- dejaron su testimonio de la Salta de antes. Allí el sentido de la salteñidad cobra vida y resalta más el oportunismo del proyecto literario, en un mundo que se destaca por mantener en el ostracismo las cosas populares.

César Sergio Perdiguero, por supuesto hijo de César Fermín Perdiguero, felizmente se las ingenió para recopilar con la paciencia de un alfarero, una importante parte de la obra de su padre. Eligió el día viernes para presentar en el Complejo de Bibliotécas de la avenida Belgrano el libro "Cochereando en el recuerdo", un trabajo que muestra a su padre en una faceta que manejó con talento y fina sensibilidad: la comunicación.

En un ambiente cálido y amistoso, la solemnidad brilló por su ausencia. Por el contrario, hubo gestos cómplices, pero oportunos. De pronto alguien interrumpió el silencio de la presentación y dijo: "Empezá Teuco", en clara alusión de la demora del acto.

El micrófono no aparecía y la gente quería escuchar revelaciones. Las voces no se hicieron esperar. Empezó Leopoldo Castilla, describiendo lo que representaba Perdiguero en esas crónicas, fiel reflejo de una naturalidad en el habla y las emociones de los salteños. Continuó el "Gori" Caro, destacando la visión periodística de Perdiguero, a través de un relato ameno y entretenido. Dijo que Roberto Arlt había iniciado ese genero literario, aunque Perdiguero interpretó a su manera el mensaje de acortar el camino entre el periodismo y la narración o viceversa. Todo lleva a la misma dirección y como dice una parte del prólogo del libro, realizado por el "Teuco" Castilla, es una conjunción hacia el lenguaje directo que unía los fulgores de su veta poética, pero consiguiendo también que en cada narración resonara el fondo maravillado de nuestra tierra.

Después llegó el asombro de César Sergio Perdiguero, conmovido por la respuesta de los amigos, conocidos y aquellos que seguramente empezaron a descubrir la trascendencia atemporal de Perdiguero.
La convocatoria fue de la poesía, el buen periodismo y la intención de renovar el recuerdo de un hombre emparentado con la creación. Después aparecieron las empanadas, que también se hicieron esperar y las anécdotas, junto a los reencuentros con amigos. Churo no.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora