Dicen los guaraníes que el mate corrige a los haraganes, despierta a los dormidos y hace amiga a la gente que no se conoce. Y lo último es justo lo que convirtió a Eduardo Royo en un original coleccionista de etiquetas de yerba mate. Cumplió ayer 36 años y le contó a El Tribuno que colecciona paquetes desde los 12. "Todo comenzó en la escuela, mis amigos tomaban mates y a mí no me gustaban ni dulces ni amargos. Intentando encontrarle el gusto comencé a probar y guardaba los paquetes. Un día me dí cuenta que tenía más de 30 y entonces nació mi colección".

Hace unos días, Eduardo, que creó la fan page en Facebook: Colección Yerba Mate, se puso a ordenar los paquetes vacíos y a clasificarlos por orden alfabético y se dio con que ya suma 743 marcas diferentes. "Decidí ordenar la colección y estuve tres días completos trabajando, sacando fotos. La mayoría de las marcas las compré yo en pequeños almacenes y cada paquete tiene una historia".

El mate es la infusión nacional, la que más se toma en la Argentina, incluso más que el agua. Por eso es tan importante que alguien pueda registrar las cientos de marcas que hay en el mercado nacional y extranjero, teniendo en cuenta que la yerba mate solo se produce en sudamérica. Y Eduardo, con enorme afición, se toma ese trabajo.

Este coleccionista es un ingeniero agrónomo que nació en Buenos Aires y apenas tuvo el título en la mano se fue a Misiones a trabajar con la firma Massalin Particulares. Desde allí lo trasladaron a Rosario de Lerma, Salta, vivió un año en Suiza y regresó. Ama esta provincia, construyó su vida aquí y hasta sueña con abrir un "Mate bar" para tapizar las paredes con su colección de paquetes vacíos de yerba.

Eduardo contó que "cuando me fui Suiza, donde nació uno de mis hijos, llevé 70 kilos de yerba para un año", y las cuentas le salieron redondas porque se tomó 68 kilos de yerba en mates. "Me volví con dos paquetes en la valija". Y no es que no se consiga yerba en Suiza, "hay Rosamonte, Amanda, Piporé, solo que cuesta carísima".

A esta altura, este coleccionista de etiquetas es un experto catador de yerba mate, aunque es lo suficientemente modesto como para considerarse un mate-sommelier. "He probado al menos 400 marcas, es como los vinos, generalmente lo barato no es muy bueno. Lo industrializado no me gusta mucho porque se pierde el trabajo artesanal, el cuidado del proceso. La yerba que elijo para matear es Don Leandro, de una pequeña empresa misionera, artesanal. Otra de ese tipo que me encanta es Mate Rojo", dijo y sentenció: "Para mí el mate se toma amargo, sin yuyos y caliente a 84ºC". En cuanto al recipiente, opinó: "Creo que la yerba se expresa mejor en un mate de vidrio. En un porongo de calabaza sabe bien solo si está muy bien curado, pero yo tomo en lo que venga, porque lo mejor del mate es compartir, es sentirse acompañado y poder socializar".

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