Si el mes de agosto, estrecho y angosto, trae esos vientos que hacían temblar a las viejas de antes y marchar a los que ya habían llegado a punto, también trajo desde el acervo inca tradiciones que año a año sorprenden a propios y extraños.

El culto de la Pachamama actualmente además está asociado en tiempo y fecha a celebraciones cristianas, sobre todo de la imaginería religiosa altoperuana.

Más allá de eso, en la capital hoy es común ver por las calles a los "caporales" de la virgen de Urkupiña o vivir un primero de agosto sahumando las casas y negocios de toda Salta, prácticamente.

Ese retorno a los orígenes, ese lento reconocimiento a la fuerza moral de nuestra cultura indolatina tiene al folclore como una de sus máximas expresiones.

En la madrugada de un primero de agosto, en un ómnibus urbano del corredor 2, un dúo de guachipeños llegados a esta capital invitados para celebraciones o rituales de adoración a la Pachamama, se encontró a esas horas, cuando ya estaban evidentemente "pachamamiados" con un público que los vio subir con dificultad los estribos del micro.

Vestidos a la usanza guachipeña de los años 40, no tardaron en ganarse la simpatía de los viajantes, todos casi dormidos.

Un alarido hecho copla rompió el silencio una vez y después otra y otra. Cada vez más acertado y picarescao fue el interludio para que segundos después arrancaran los sones de un viejo bandoneón carpero que hizo las delicias de los pasajeros en un espectáculo de tintes nostálgicos, sin dobles intenciones, sin dinero ni colaboraciones.

Fueron veinte minutos de un solo de música de las carpas de antaño, folclórica y bailables, incluso chamamés y polcas.

Varios pasajeros, entre ellos el que escribe, dejaron pasar sus paradas y decidieron dar la vuelta para deleitarse con un sonido que ya no es común en estos días.

"Los del Lajar", guachipeños de ley, hombre mayores ya -dirían- tuvieron como regalo de la Pachamama no haber pasado por la capital sin haber sembrado las calles y avenidas con una muestra de cultura popular, que como la Pachamama, son las únicas deidades que nos pertenecen.

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