Graciela Quipildor ahora hace escuela. La comediante de stand up que ganó repercusión nacional cuando fue individualizada en una marcha portando el cartel "Que el Indec me mida la cintura" y que en una experiencia contra el acoso callejero para este medio obtuvo 582.059 reproducciones en YouTube hace escuela. Es fama que la vocación docente se alimenta cuando se enseña aquello que se ama. La Quipi conversó con El Tribuno acerca de su experiencia en el taller de stand up, cuya segunda edición inicia mañana.


¿Quiénes se inscribieron y con qué objetivos a tu taller de stand up?

Se inscribió gente con intereses muy diversos y con ganas de hablar sobre diferentes cosas. Muchos quieren hacer catarsis de lo que viven, lo que sienten y lo que observan. De sus familias, sus parejas, su trabajo. Y, fundamentalmente, de ellos mismos. Me sorprende la capacidad de mis alumnos para verse con toda crueldad y con tanto humor a la vez. Eso es honesto, sanador y requiere de mucho valor. Algunos lo hacen para subirse a un escenario y otros quieren explotar su parte creativa y humorística. A la mayoría les dijeron que son graciosos alguna vez, y el resto va porque quiere soltarse y permitirse ser gracioso.

¿Cuándo sentís que los podés soltar a los alumnos? En otras palabras, que "egresan"...
Cuando terminaron un monólogo efectivo y cuando ya probaron un escenario cuyo público no sean sus amigos y gente que los aplaude porque los quiere. Aunque en el humor se aprende todo el tiempo, porque al hacerlo te vas encontrando.

¿Se puede trabajar en el arte de monologar en un tiempo que se caracteriza por la pobreza de la expresión?
Hacer un monólogo de humor te obliga a buscar el verbo indicado, la construcción exacta de la oración y la imagen sensorial perfecta. Todo eso sin dejar de ser uno mismo y tratando de que suene coloquial y no muy literario. Es encontrar la propia voz y si nuestra voz se hizo chiquita y nuestro vocabulario corto, hacer uso de la riqueza de las palabras nos da más posibilidades. Aunque a veces esa falta de palabras se resuelve con un cuerpo que hable bien. Hay algunos que ya van con un cuerpo, una voz y una carta expresivos y eso los saca de apuros. Si no lo tienen, buscamos trabajarlo.

¿Notaste temas recurrentes?
Sí, porque empezamos a trabajar desde lo autorreferencial. Eso es lo primero que un comediante debe poder abordar. Me gusta mucho cuando surgen referencias salteñas, a lugares y personajes de acá y cosas que solo entendemos en esta provincia. Cada uno trae sus vivencias y visiones y estas pueden ser -o no- regionales. Pero siempre se deja entrever el "ser un hombre salteño", el "ser una mujer salteña", algo salteño con lo que nos identificamos o contra lo que renegamos.

¿Y qué es "ser" un hombre o una mujer salteños?


Depende de quien lo cuente. Si lo cuenta el propio hombre salteño, se pinta como un macho divino. He tenido alumnas que retratan a ese hombre con otras características... y eso es lo interesante del stand up: cada uno tiene su visión, su caricatura de aquello que observa. El hombre que coquea y mira a una chica en una peña tratando de conquistarla se ve a sí mismo masculino y seductor. La chica que cuenta que un hombre la mira de costado rumiando lo que parecen dos kilos de alfalfa sin dudas tendrá otro relato sobre la misma experiencia...

Un género que crece

“El stand up está creciendo porque se va armando un público que sabe que lo que se hace acá es de calidad y es bueno. Y voy generando un circuito en el norte, y comediantes de todo el país saben que Salta es un buen público. Traigo a buenos comediantes y quedan contentos ellos y el público”, comenta la Quipi acerca de los ciclos de stand up que organiza en nuestra provincia. Añade que el humor a ella le atravesó la vida. “Me ayudó mucho a encontrarme, y ver que otro hace lo mismo y piensa y escribe y prueba, me motiva y me entusiasma”, dice. Luego invita a su nuevo taller que se iniciará este lunes, de 20 a 22.30, en Pueyrredón 870 primer piso. Durará dos meses. Brinda informes e inscribe en laquipistandup @gmail.com o el (387) 154694708.



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