Julio Chávez es un contador de historias. Este sábado, a las 21, en el Teatro del Huerto, presentará Red, una obra que narra episodios de la vida de Mark Rothko, el artista plástico norteamericano más representativo de la corriente del expresionismo abstracto. Blandiendo pinceles y tachos de pintura teñidos de rojo, el actor volverá a incitarnos al viaje. "Construí a mi Rothko evocando la imagen de un plomero, de un laburante muy alejado de la imagen romántica de un pintor", le anticipó a El Tribuno, más convencido que nunca del personaje que ha creado, porque en su vida real es hombre de dos oficios: artista plástico y actor.

Red lleva la firma del dramaturgo John Logan y se reeditó en nuestro país en la versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino, bajo la dirección de Daniel Barone. Julio Chávez interactúa en escena con Gerardo Otero, Ken en la ficción: joven asistente del artista atormentado.
En Red, el Gitano Perotti de El puntero, el José Chokaklian de Tratame bien y el Guillermo Graziani de Farsantes, le dejan el camino libre a Mark Rothko y Chávez logra -una vez más- un gran acto de ilusionismo para comunicar como pocos la humanidad de un personaje que tiene mucho de sí mismo.

¿Cómo construiste a Rothko? ¿Cuál fue el punto de partida de este personaje?
Tengo varios elementos que puedo considerar mi punto de partida. Ante todo la obra es una ficción, no es un documental acerca de la vida de él. De manera que, ante todo, intentamos atender a las necesidades que la ficción pide, que son indiscutibles. También me basé en el verdadero Rothko: en documentales sobre él, fotos de él, libros sobre él. Y leí por sobre todo un texto en el que está basada esta obra, que es un manuscrito de Rothko llamado La psicología del artista. Desde la muerte de Rothko, en 1970, sus hijos lo buscaron y recién apareció en el 2001. Y en el 2002, John Logan escribe Red. Sin lugar a dudas la obra fue concebida para que los pensamientos de Rothko sean conocidos a través del lenguaje teatral. Cuando leés Psicología del artista te encontrás con muchísimos textos que la obra toma literalmente. Después hay algunos elementos que tienen que ver con mi punto de vista y con mi historia con la pintura, porque yo soy artista plástico. Me sentí autorizado a colaborar, junto al director, para contar lo que sucede en este atelier. Yo conozco lo que es estar en un taller de pintura, de manera que me muevo con naturalidad con muchas cosas con las cuales un actor se podría llegar a sentir hasta irreverente. Conozco esa falta de sacralidad.
Red es un material hermoso que pide entregar de una manera sensible y humana una ponencia intelectual acerca del arte y de la naturaleza de Rothko como artista plástico y como laburante, como hombre de oficio. Porque yo construí a mi Rothko evocando la imagen de un plomero, muy alejado de la imagen romántica de un pintor.

¿Sentís que ya te corriste del lugar del "actor que pinta" y que ahora se te reconoce como actor y artista plástico, por separado?
Más que por separado, gustosamente unidos. Ya no siento ni siquiera la obligatoriedad de que esos dos espacios se mantengan autónomos. Si bien la pintura es autónoma del teatro y viceversa, en mi experiencia forman un matrimonio. Espero que sea una convivencia para toda la vida. También he entendido que hay muchos espacios de legitimación para una actividad, pero ante todo las actividades necesitan que las legitime uno mismo. Yo ya me había cansado de luchar para ser legitimado como artista plástico, y Red me permitió retomar la pintura y producir calurosa e intensamente como lo estoy haciendo en este momento.

En Red hay un vínculo muy especial entre el artista y su ayudante, Ken. ¿Tuviste maestros en el teatro y en el arte que te marcaran así?
Absolutamente, son mi alimento fundamental. He tenido grandes maestros, los he hecho míos y me he separado cuando consideré que ya estaba hecha la labor. Todo el tiempo tengo maestros. Algunos no saben que lo son: infinidad de autores, pensadores y artistas que observo; aprendo de ellos, disfruto de ellos y agradezco su existencia. Sin ellos yo sería un analfabeto.

Vos también das clases. ¿Cómo sos como maestro?

Por sobre todo, no comunico un solo principio del cual yo no me haga cargo o intente poner en práctica. Soy un amante de mi oficio y me considero bastante generoso al momento de abrir mi cocina para que los otros entren y vean mis elementos y mis puntos de vista. Soy respetuoso y agradecido de que la gente que se entrena conmigo me invite a su cocina para que yo los acompañe. En mi escalafón, la dupla maestro- alumno es la que está por encima de todas. Es la más importante.

Volviendo a la pintura, ¿qué sendas estás transitando?
Casi todo lo que produzco actualmente son objetos escultóricos. Construyo figuras abstractas, lúdicas. Son esqueletos arquitectónicos que tienen que ver con lo geométrico imperfecto. Ya hice una exposición el año pasado, en Buenos Aires y en Mendoza. Ahora estoy preparando otra muestra para abril de 2016. Además, sigo pintando, constantemente. Siempre estoy bocetando, agarrando la tela y haciendo mis abecedarios.

Yuyo Noe dice que hoy hay una crisis de conciencia de la imagen. Explica que si uno alude al arte griego, renacentista o vanguardista, enseguida viene a la cabeza una idea total de lo que fue la imagen en cada una de esas etapas. ¿Cuál creés que es hoy nuestro modo de ver el mundo?
Una de las particularidades hoy es que "uno" ya está casi fuera de las matemáticas y de la filosofía. Lo "uno" no se cuenta. Sirve solamente como operador matemático, pero no como realidad. La multiplicidad es absoluta. Como decía Ciorán, es sobre la inconsistencia que es preciso apoyarse. La visión del mundo está absolutamente sostenida como un axioma. El ser humano intenta sostener su mirada sobre esa inconsistencia. Eso permite que se pierda la idea de unicidad, de acuerdo y que haya disparidad, realidades que nunca conforman una única realidad. Pasa como con la pregunta ¿qué es el arte? Remite a miles de respuestas pero nunca se casa con ninguna. Es como la niña bonita que se la pasa rechazando proposiciones. Estas preguntas son hermosas trampas que invitan al hombre a pensar, a producir, a dialogar, a imponerse, a someterse... No hay una sola respuesta. Hay tantos artes como hombres se han hecho la pregunta.

Un admirador tuyo me decía que lo que más le impresiona de tu trabajo es la profundidad psicológica que lográs imprimirle a tus personajes. Y que cuando ve tus series le dan ganas de sentarse a tomar un café con ellos para conocerlos personalmente, más en profundidad. Nos pasa a casi todos. La pregunta que nos surge es cómo hacés ese proceso.
Es un halago. Decile a tu amigo que venga a ver Red. Es un oficio y hay una materia prima que me asiste y que tiene que ver con la humanidad. Yo soy un convencido de que hay que desmitificar un poco el trabajo actoral y entender que el actor es alguien que hace del funcionamiento humano un oficio, observándolo, siendo consciente de él, reproduciéndolo. Todo lo que uno puede hacer como actor lo hace porque es un ser humano, no porque es un actor. Sin lugar a dudas yo intento producir la ilusión y transformarme en un comunicador de la humanidad del personaje que me compete en ese momento. Por supuesto que hay observaciones y estrategias, pero ante todo está el oficio. Cuando terminé Tratame bien, la gente por la calle me gritaba: “Chau José”. Después me llamaron para hacer El puntero. Yo me dije: “Ahora cómo hago para que la gente deje de asociarme con el armenio”. Armé mi personaje y decidí proponerle al espectador un viaje diferente. Lo logré. Después la gente me gritaba: “Chau Gitano”. Y después de Farsantes la gente al poco tiempo me empezó a gritar: “Chau Guillermo”. Eso es un regalo. Por eso para mí es tan importante como actor cuidar mi personaje de la realidad, exponerlo lo menos posible. Porque yo siento que el espectador tiene que estar libre de equipaje con relación a mi persona, para que después lo pueda llenar en el viaje. Cuando la imaginación está sobrecargada de información mediática no remonta vuelo. Yo soy un contador de historias. Si hago de mi vida la historia protagónica, ¿qué dejo para las historias que me pagan para contar? Es como cuando uno dice: Voy a comer poco porque a la noche tengo un casamiento.

¿Cuándo te vamos a ver de nuevo en televisión?
Muy pronto. Dentro de quince días empiezo a grabar una nueva miniserie que se va a llamar Signos (El Trece). Ahí voy a ser un asesino serial que va matando gente en un pueblo, eligiéndola en función de su signo del Zodíaco. Tiene ingredientes del policial y mucha astrología. En Salta me van a ver lookeado para ese papel: me rapé y me dejé una barbita. Estoy armando el dispositivo para el próximo viaje.



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