Decidirse a hacer tango en una ciudad ubicada a 1.500 kilómetros del puerto donde nació el género, y que está más hermanada con lo andino que con lo rioplatense es, desde el vamos, un acto de valentía. La Discepolín, agrupación salteña conformada por Ángel Lapadula (contrabajo), Flavio Mastronardi (primer violín), Juan Ignacio Sáenz (segundo violín) y Fernando Calleja (piano), viene piloteando con gran talento esa osadía. La agrupación hace tango tradicional, "de los años 50 y 60" -precisa Lapadula- y se despacha a pura cuerda, sin bandoneón.
El reconocimiento del público le fue llegando a La Discepolín por goteo. Primero a nivel local, por parte de los bailarines de tango salteños que extrañamente son muchos y valoran la posibilidad de practicar sus firuletes acompañados por una buena orquesta en vivo. Y este año se hicieron conocer a nivel país cuando obtuvieron el segundo premio en la categoría conjunto instrumental de la competencia nacional del Pre Baradero. Para llegar a Bs. As. la orquesta había sorteado antes la instancia provincial del festival con un primer puesto.
Y como a un pasito de Baradero están la ciudad y el puerto, cunas del tango que eligieron abrazar hace varios años, los músicos de La Discepolín decidieron hacer su primera incursión en el difícil circuito de las milongas porteñas. Jugar de visitantes en una localía tan fuerte no dejaba avizorar muchas chances de éxito, pero a veces -y afortunadamente- la lógica no funciona.
La Discepolín llevó su "tango salteño" a milongas porteñas emblemáticas como Sin Gomina, La Catedral del Tango y Los Laureles. "La recepción del público fue espectacular -repasó Lapadula-. En Los Laureles nos pasó que los maestros bailarines no salían a la pista. Los tuvimos que invitar. Después nos explicaron que cuando un grupo suena bien, los bailarines hacen una pausa y se quedan un rato sentados, escuchando".
Los músicos de La Discepolín han cursado estudios académicos y pasaron por varias orquestas y ensambles. Mastronardi y Lapadula actualmente integran la Orquesta Sinfónica de Salta. En sus interpretaciones sale rápidamente a la luz la destreza propia del oficio y del estudio. Ese abanico de recursos quizás haya sido la llave para que el tango de La Discepolín entrara y se plantara con personalidad en las milongas porteñas. Y sin bandoneón.
"Desde nuestros comienzos, Mastronardi y yo abrazamos el tango -contó Lapadula-. Nuestra primera iniciativa fue conformar un trío. Logramos armarlo con Germán Mercado, bandoneonista de Los Nocheros. Pero duró poco porque no encontrábamos el tiempo para la orquestación de arreglos propios. Un par de años después yo ya había logrado hacer varios arreglos y decidimos armar otro grupo. Convocamos un violinista, un pianista y un bandoneonista, que todavía no encontramos". Así, La Discepolín se echó a rodar a pura cuerda. La ausencia de un fuelle, en su caso, no le ha restado en lo absoluto calidad a la propuesta. "El tango, en un principio, no llevaba bandoneón. Se puede tocar perfectamente sin este instrumento. Cuando estuvimos de gira en Buenos Aires le consultamos a grandes músicos y bailarines de tango acerca de cómo sonábamos sin bandoneón. Todos nos repetían: 'Bandoneonista mata a astronauta'. Con esta frase querían decir que el bandoneón tiene todas las de ganar, porque visualmente siempre suma. Y nos aseguraron que nuestro sonido era el ideal y que no nos hacía falta un bandoneón", explicó el bajista de la orquesta. Los salteños podrán ver y escuchar a La Discepolín esta noche en el salón del Hotel Sanidad (barrio Castañares). La orquesta será la encargada de musicalizar la danza de unas 600 parejas que participarán del Encuentro Tanguero del Interior (ETI).

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