"Si la miseria de los pobres no es causada por las leyes de la naturaleza, sino por nuestras instituciones, cuán grande es nuestro pecado", dijo Charles Darwin en Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo (1839). A pesar de la antigüedad de la frase, la afirmación tiene hoy plena vigencia. Los niveles de inequidad social y de pobreza dan cuenta de una profunda mediocridad moral. En este contexto, el investigador y neurobiólogo Sebastián Lipina propone una suerte de "agenda neurocientífica de la pobreza" que permita mejorar la vida de las personas y construir un mundo más justo.

Su flamante libro Pobre cerebro. Los efectos de la pobreza sobre el desarrollo cognitivo y emocional, y lo que la neurociencia puede hacer para prevenirlos (Siglo XXI Editores) describe de manera accesible la incidencia de la pobreza sobre el desempeño cognitivo durante la infancia y, a la vez, busca restaurar un sentido moral de la ciencia.
¿Qué le ocurre al cerebro cuando una persona está expuesta a privaciones materiales y afectivas del tipo de las que genera la pobreza?
Para desarrollarse y funcionar adecuadamente, el cerebro precisa que la persona que lo porta reciba alimentos, afecto, estímulos para pensar, sentir y aprender, además de un ambiente de contención en el que los factores que generan estrés negativo puedan filtrarse. Ahora bien, la pobreza no es un fenómeno simple y universal, sino que se presenta de formas muy variadas y es experimentada de diferentes maneras por los niños y los adultos. Hay faltas, o carencias, que son críticas para todas las personas en determinados momentos del desarrollo. Es el caso de las carencias de algunos alimentos o en el cuidado afectivo adecuado durante la primera etapa de la vida. Hay otras faltas que se le presentan a algunas personas y no a otras que pueden aparecer en otros momentos del desarrollo, como por ejemplo una eventual falta de estimulación adecuada para el aprendizaje en la etapa preescolar, que pueden afectar la manera en que un niño se pueda adaptar a las propuestas de enseñanza de sus ámbitos educativos. Cuanto más carencias se acumulan y se prolongan en el tiempo, peor para el desarrollo cerebral.
¿Cuáles serían esos cambios estructurales?
Los cambios de este tipo que se han descripto se refieren a variaciones en el volumen y en el grosor de la corteza cerebral en diferentes áreas. A nivel de las funciones, se han observado cambios en la activación de redes neurales asociadas al procesamiento fonológico, el aprendizaje asociativo y el control cognitivo. Pero es importante comunicarle a la sociedad que no a todas las personas que padecen pobreza necesariamente les va a ocurrir todo esto. La neurociencia cognitiva hace poco tiempo que ha generado esta evidencia -apenas hace dos décadas-, por lo que aún es necesario tener cuidado con cómo interpretar el alcance de estos resultados. Lo importante es evitar comunicar a la sociedad que necesariamente estos cambios son irreversibles e inmutables. Y ello se basa en otra evidencia, que muestra que en algunos casos es posible modificar la estructura y función cerebral a través de intervenciones específicas.

¿Cuáles serían esas intervenciones?
Desde hace aproximadamente poco menos de un siglo la psicología del desarrollo y la educación vienen ensayando diferentes tipos de programas de intervención orientados a mejorar el desarrollo cognitivo y emocional de niños que crecen en contextos de pobreza. La neurociencia cognitiva se ha sumado a estos esfuerzos sólo recientemente. En forma conjunta, todas estas disciplinas han generado evidencia que muestra que los niveles de desempeño cognitivo y emocional de niños que viven en situaciones de pobreza pueden modificarse positivamente a través de diferentes estrategias de intervención e incluso programas de educación preescolar de alta calidad. No en todos los casos ni siempre en la misma medida, ya que cada niño tiene necesidades específicas que están determinadas por diferentes factores individuales y ambientales. Tampoco nos resulta fácil generar una gran diversidad de intervenciones que puedan evaluarse adecuadamente, ya que se requiere mucha inversión en ciencia y política pública que no siempre es fácil de generar. Recientemente, han comenzado a surgir evidencias que sugieren que en algunos casos también es posible modificar incluso los patrones de activación neural asociados a tareas atencionales que antes de las intervenciones se verificaban en niveles bajos de desempeño.

Muchos estudios avalan la influencia de la nutrición en el cerebro. ¿Qué falla en el desarrollo cerebral cuando hay pobreza?
Los macronutrientes, los micronutrientes y los factores asociados, son todos cruciales para que puedan constituirse todos nuestros órganos, incluido el cerebro. En particular, el cerebro tiene requerimientos energéticos muy altos durante su desarrollo, lo que genera necesidades específicas ya desde antes del nacimiento. Y cuando esta materia prima falta, puede afectar la organización inmediata. Si bien la neurociencia ha generado evidencia experimental que da cuenta que muchos nutrientes son críticos en momentos específicos del desarrollo cerebral y que su falta puede generar cambios permanentes, aún no sabemos muy bien en forma precisa cuáles son los períodos críticos para todos los nutrientes.
¿Se puede precisar el impacto de la falta de nutrientes?
Si una carencia nutricional involucra a muchos nutrientes, podrían llegar a generarse impactos muy significativos en la estructura y función del cerebro. Pero si las carencias no involucran a muchos nutrientes y además se producen de manera esporádica (es decir, a veces si, a veces no), los impactos ya son más difíciles de determinar. Por otra parte, para poder determinar el alcance de estos impactos en el largo plazo precisaríamos diseñar experimentos que duren varios años algo que es muy difícil y costoso de lograr-, por lo cual no hay tanta evidencia al respecto más allá de los estudios experimentales con animales.
¿La pertenencia a hogares pobres se debe asociar necesariamente con una deficiencia en los mecanismos cognitivos?
Si por déficit entendemos enfermedad o cronicidad de alguna alteración, no es posible afirmar esto en base a la evidencia disponible. La pobreza puede aumentar la probabilidad de que ocurran alteraciones en el desarrollo cognitivo. Pero como ya te lo comenté, también es factible mejorarlo a través de dispositivos de intervención apropiados. Si bien hay diferentes grados de reversibilidad e irreversibilidad, no es posible hacer afirmaciones absolutas al respecto en uno u otro sentido. En síntesis, si bien todavía nos falta mucho por estudiar y comprender, la evidencia disponible nos indica que pobreza no es sinónimo de déficit cognitivo.

¿La neurociencia puede realizar aportes al diseño de planes educativos para chicos en riesgo social?
La neurociencia podría aportar conceptos y eventualmente metodologías a los esfuerzos que realizan otras disciplinas cuyo rol central es el de diseñar planes educativos, como por ejemplo las ciencias de la educación y la psicopedagogía. No le corresponde a la neurociencia diseñar las propuestas, pero considero que estas podrían beneficiarse de considerar nociones como las de diferencias individuales en el desarrollo autorregulatorio, la respuesta a estresores ambientales y la susceptibilidad al ambiente. Por otra parte, también podrían llegar a ser eventualmente útiles algunos métodos de estimulación de la autorregulación cognitiva y emocional, para el diseño de intervenciones a implementar en diferentes contextos de desarrollo.
En base a experiencias recientes, algunas de las cuales las hemos realizado en nuestro país (como por ejemplo en la ciudad de Salta en el año 2005), es posible pensar que estas propuestas de entrenamiento podrían articularse como complemento de políticas o programas de intervención que ofrecen diferentes módulos de actividades y servicios, y que se basan en concepciones integrales del desarrollo infantil.

Hoy se habla mucho de "meritocracia", ¿qué opinás al respecto?
Yo creo en la meritocracia... una vez garantizada la equidad para todos los que se encuentran en la base de la pirámide social. Una vez satisfechas todas las necesidades básicas y una vez cumplidos todos los derechos que garanticen el desarrollo de las capacidades humanas en la base de la pirámide social, entonces el que quiera tener o ganar más no debería por qué tener problema para hacerlo o lograrlo. Pero proponer meritocracia en un contexto de inequidad lo considero una abyecta y obscena inmoralidad.


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