Cierro los ojos y todavía puedo escuchar el aire atravesando su sikus, convertido en melodía. En grata melodía. Con 11 años, Darío Francisco Calpanchay entiende a la música como el medio justo para expresar la magia de sus sueños. Para contarle a los turistas que llegan en tren hasta San Antonio de los Cobres, la esencia de su pueblo hecha de barro y viento. Sus cachetes curtidos por el sol y por el frío de la Puna impresionan, pero no como sus ojos. En sus ojos hay una gran profundidad...
En la escuela hogar Carlos Guido Spano de San Antonio, Francisco es muy popular. Además de ser un alumno aplicado, este año se destacó por cantar en el Teatro Provincial de Salta nada menos que con César Isella, quién al conocer su talento por una nota publicada en El Clarín y por unos audios que le hicieron llegar, lo invitó a ser parte de un recital en octubre. Eso fue para el niño lo mismo que tocar el cielo con las manos.
Entramos a su casa apenas pasado el Día de las Almas. Nos convidaron con panes que tenían formas de escaleras, personas y animales. El perro de Francisco no dejaba de ladrar, celoso de su dueño. Queríamos hablar con él, que nos regale su música. Su mamá, Catalina, nos contó del orgullo que siente por el segundo de sus cuatro hijos. "Quiere volar", resumió. Y entonces lo invitamos a volar en una cálida charla entre panes, anécdotas y mucho talento.

¿Cómo fue el día que te descubrió Cesar Isella?
Era un sábado cualquiera y salí a tocar en la estación de trenes para los turistas. Siempre voy solo o con mis papás porque acá es seguro. Ese día era la fiesta nacional de la Pachamama y llegó a San Antonio una gran cantidad de turistas. Me puse a tocar el sikus y no tenía mucha plata todavía, apenas 5 o 10 pesos, cuando llegó un señor que se llama Ramiro Jimenez y se puso a grabarme. Me dio 20 pesos y me presentó al corresponsal del diario El Clarín, don Jesús Rodríguez, quien armó la nota. Yo le conté al periodista que estaba ahorrando para comprarme un sikus bueno, ni mi mamá sabía que yo juntaba plata. Mi sikus era de cañita nomás, yo quería uno profesional.

¿Y qué pasó cuando se publicó la nota?
El 16 de agosto se publicó la nota de Jesús Rodríguez y me llamaron un montón de personas, me regalaron sikus, dinero y hasta zapatillas. Al otro día me llamo el señor Rodríguez y me dijo: Cesar Isella quiere tocar con vos. No sabía si me iba a desmayar. Quería llorar, reir. Volaba de felicidad.

¿Cómo recordás la experiencia de tocar con el maestro Isella?
Recuerdo todo. Por la noche, la platea en el Teatro Provincial de Salta se levantó para aplaudir mi música. Yo que ahorraba moneditas para poder comprarme un buen sikus, estaba ahí, con el mejor instrumento entre las manos, al lado del más grande, compartiendo el escenario también con grandes músicos como Daniel Homer y los hermanos David y Hugo Miranda. Fue mágico porque apenas nos vimos 15 minutos antes del concierto y todo salió como si hubiésemos ensayado por horas.

Parece un sueño...
A veces pienso que fue un sueño, pero lo viví. Yo tengo mucha suerte. El día de la Pachamama, en la estacion de trenes estaba el grupo Pukuna tocando también, y les llamé la atención yo solo. Esa fue mi suerte, me siento privilegiado.

¿Y cómo empezaste a tocar?
A los 9 años yo vendía piedritas de la suerte a los turistas que llegaban en el Tren de las Nubes a la estación. Me di cuenta de que los chicos que cantaban coplas o tocaban un instrumento recibían más propinas y le pedí a mis padres que me compren un sikus. Me compraron uno de caña que era como de juguete. Pero me sirvió para aprender gracias a la enseñanza del profesor Sandro Martínez, fundador del grupo infantil Pukuna, que significa "soplar". Ahora el profe Sandro enseña en Río Negro, se lo extraña, él sabe de mi amor por el sikus.

¿Cómo soñás tu futuro?
Con la música siempre. Fui parte de Pukuna con amigos y hermanos, pero el grupo va y viene en contra de mi sueño de hacer algo sólido, serio. Ese es mi próximo objetivo, formar un grupo. Tengo amigos que tocan la quena, el charango y quiero tener un gupo de música andina y triunfar.

¿Qué encanto tiene ir a tocar en la estación?
Me encanta ir a la estacion a tocar para los turistas y charlar con ellos. Me cuentan de dónde vienen, de sus países, sus pueblos, sus costumbres y yo aprendo de eso, a veces me imagino estar donde me cuentan. Unas señoras de Jujuy me preguntaron una vez si yo celebraba Halloween, y yo les dije que no sabía nada de eso. Me explicaron que los chicos se disfrazan de brujas, monstruos, muertos y salen a pedir golosinas. Me sorprendió y traté de encontrar la similitud con nuestro día de las almas, y la verdad que me quedo con nuestra costumbre de hacer panes con formas y honrar a nuestros difuntos con alegría.

¿Cómo hacés con los turistas que hablan otro idioma?
Trato de entenderlos. Yo estaba vendiendo piedritas preciosas de esta zona, y un señor me habló en inglés y no entendía. Por suerte ahora nos enseñan inglés en la escuela y ya los puedo saludar, decirles: How are you today?, good morning, good bye... y así. Pero tengo que aprender mucho más para poder ofrecer las piedras y la música.

Tu especialidad es tocar, ¿también cantás?
Si, canto pero nunca coplas, no es lo mío. Me gustan la canciones de Abel Pintos, esas canto.

Y entonces le pedimos una muestra de su enorme talento, que todos podrán apreciar en un video publicado en www .blablax.com.ar

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