Sergio Díaz saca elefantes monumentales y monos místicos de una birome. No nacen por arte de magia. El bolígrafo no es una lámpara misteriosa y él tampoco es Aladino. El artista vuelca su capacidad creativa con la misma parsimonia con que funcionan los sutiles engranajes del mundo natural que él recrea en el papel. A contrapelo del -genérico- "hombre del siglo XXI", tan alienado y tan artificial, Sergio Díaz vuelve a las fuentes. En Naturaleza alterada, la muestra que presenta actualmente en Mamoré Galería de Arte (Los Carolinos 407, Tres Cerritos), el artista salteño propone de manera casi alquímica sutiles intervenciones en la naturaleza animal. Este reino -le contó el artista a El Tribuno- es un espacio que ha gozado de su predilección desde siempre: "Desde muy chico tuve cierta fascinación con todo lo relacionado a la vida silvestre. Tenía muchos libros sobre el tema, veía documentales y me encantaba juntar insectos. Todavía me atraen, sobre todo por su belleza, su perfección... Es algo que no dejo de admirar".
Con su Naturaleza alterada, Díaz pretende también analizar la manera que tenemos los seres humanos de confrontarnos con el mundo natural. Las consecuencias de ese contacto son múltiples: a veces para bien y casi siempre para mal. "Intenté armar un juego con el titulo de la muestra. En algunos dibujos esa transformación de lo natural aparece representada con insinuaciones, en otros casos no pude lograr esa sutileza, como pasó con los toros", explicó el artista. Los toros a los que hace referencia miran de frente y lucen un estallido rojo de estocadas en el lomo.
"En algunas obras recreo esa belleza que yo tanto admiro de la naturaleza -agregó Díaz-, como por ejemplo en los elefantes o en los ciervos- árboles, pero siempre intento que haya algo más. Los tatuajes de los elefantes, por ejemplo, son diseños tradicionales de las mafias japonesas. Es decir que tienen una carga simbólica muy fuerte y además son hermosos estéticamente", resumió.
Sergio Díaz estudió el Profesorado en la Escuela Tomás Cabrera y trabaja en el Museo de Arte Contemporáneo desde hace cinco años, como parte del equipo de montaje. Sobre su técnica agregó: "El trabajo con la birome es muy particular porque es muy similar al lápiz de dibujo. Uno puede lograr distintos valores con el trazo de acuerdo a cuánta presión haga sobre le papel. El problema es que no se puede borrar; implica tener mucho cuidado y paciencia", concluyó el artista.

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