En sus movimientos gráciles se adivinan horas de riguroso ensayo. En sus ojos velados por extensas pestañas pueden intuirse planes para su amor por la danza. Las niñas del estudio de Mónica Loza visitaron la redacción de El Tribuno, tras obtener el primer premio grupal en el Danza Encuentro 2015. Este certamen se realizó el 26 de julio en el Teatro del Huerto y diversas academias salteñas fueron evaluadas por los prestigiosos maestros Pablo Serami, Flavio Salazar y Alejandro Totto. Además de la distinción compartida, las alumnas de Mónica Loza merecieron reconocimientos individuales. Debajo del umbral de la conciencia de estas niñas hay un ideal de bailarina que lo combina todo: talento natural, alta calidad técnica, perfectas proporciones de la figura y destacadas cualidades de actriz. Hacia ese objetivo están dirigidas.
Sofía Beltrán Lescano (15) baila desde los 11 años y contó que su deseo es terminar el profesorado de Danzas Clásicas para ejercer la docencia. También destacó la ambivalencia que permite la interpretación artística: "Bailar es una forma de expresarse y mostrar lo que uno siente. Es ser uno mismo y también sobre el escenario ser quien querés ser". Sofía, por el momento, se mira en el reflejo de María Elena Usqueda (20), dedicada al baile clásico desde los 4 años. Esta última se recibió en 2013 y tiene a su cargo un grupo de alumnas en el barrio San Carlos. Desde otro rol, Elena analizó: "Enseñar es meterse en otra familia y formarla desde el principio. Una bailarina tiene el corazón volcado hacia la danza y no debe olvidar que todo se logra con dedicación y esfuerzo".
La danza es un sueño vivido y entre tanto suceso onírico también se presenta la oportunidad de aproximarse a las estrellas. Marina Balastegui (10) hace cinco años se inició en este arte, sin sospechar que una vez iba a alimentar sus alas el viento de los giros de la gran Paloma Herrera. Marina fue seleccionada para tomar parte del "Cascanueces", obra con que la bailarina internacional se despidió de su carrera en marzo pasado. "Me encantó cómo baila. Es una de mis preferidas y es un sueño cumplido haber bailado con ella. No le pude transmitir esto porque no nos dejaban; pero sí hacer una carta para que le entregaran después", relató. Marianela Caro (11) hace tres años dejó la gimnasia rítmica para dedicarse al baile sobre zapatillas de punta. Dijo sin temor a que su aspiración se contraríe, que le gustaría viajar para ver una función en el Teatro Colón y, por qué no, aplicar para una beca. A su lado Mónica Loza sonríe condescendiente porque le ve cualidades innatas y porque ve superados los alcances del camino que traza a sus alumnas. "No es mi interés que aprendan a competir, sino que conozcan otros grupos y tengan otras experiencias para abrir sus mentes", definió.

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