"Anduve de un prado a otro, buscando un lugar para sentarme a dibujar. Por lo que más quieran, no supongan que iba a hacer un boceto del natural. Iba a dibujar diablos y arcángeles, ciegos dioses que la humanidad adoraba antes del amanecer de la razón, santos vestidos con brillantes túnicas carmesíes, extraños mares verdes y todos esos símbolos, sagrados o monstruosos, que quedan tan bien dibujados con tizas brillantes sobre papel marrón de dibujo. Son más dignos de ser dibujados que la naturaleza. Y además son mucho más fáciles de dibujar". El texto es un fragmento del cuento "Un trozo de tiza", de G. K. Chesterton y Roly Arias se lo apropió desde otra expresión del arte: sus dibujos. "Antes del amanecer de la razón" es la muestra que el artista plástico salteño inaugurará hoy, a las 20.30, en la galería El Mamoré (Los Carolinos 407). La exposición estará montada un mes.
Allí donde no hay orden ni razón pero sí coloridos dibujos estaba ayer Arias. En medio de un montón de obras inspiradas en un cuento y un autor con el que sintió afinidad inmediata.
Y si se trata de no pensar demasiado, encuentra sin querer una oración para describir ese estado de inconciencia al que llama "La felicidad del rabanito". La expresa para contar que el proceso creativo de esta muestra coincidió con haber comenzado a practicar reiki, algo que no sabe bien qué es, pero que, para él, tiene que ver con sentir que por instantes abandona su propio cuerpo y se convierte en un ser vivo, pero no humano (y entonces el rabanito puede también ser una lechuga o una remolacha, da igual). "Es como un contacto con un pedazo de materia. Es medio rebuscado si lo querés llevar a palabras porque hablando muchas veces lo arruinamos todo", dijo a El Tribuno.

Sin pensar

En el cuento de Chesterton, el artista deja salir sus dibujos sin detenerse demasiado a pensar. El artista de esta muestra, la de El Mamoré, hace lo mismo. "El mejor Roly es el que se pone a dibujar y no piensa en lo que está dibujando", dice. Pero también sabe que no siempre es fácil, y lo expresa. "Yo creo que el arte tiene esa instancia en la que no sabés qué es lo que estás haciendo y no podés dar cuenta cabal de ello. También es del artista crear esperando no tener el control pero casi siempre uno termina haciéndose trampa y la obra no es pura del todo", dice.
El color, tan presente en esta muestra de Roly, es una necesidad artística espontánea. "Muchos me dicen que tras un viaje a México volví así, lleno de colores. También pienso que de otro viaje a Paraguay volví lleno de flores (se ríe). Pero esas son cosas de las que uno se da cuenta después", dijo.
Se da cuenta cuando para la razón ya es más de medio día.

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