Un libro es un objeto simple y complejo a la vez: grupos de papel organizados, de fácil transporte y acceso, pero también mundos por descubrir, con historias y personajes que pueden transportarnos con la imaginación a los sitios más recónditos. El jueves se conmemoró a aquellas pequeñas piezas llenas de letras y también se inauguró, en Buenos Aires se inauguró una nueva feria internacional del libro.
Con este doble motivo como trampolín, y sobre todo movidos por la curiosidad que despierta una actividad tan honda como la lectura y un soporte tan emblemático como el libro, consultamos a diversos autores sobre el asunto.
El escritor y crítico salteño Santiago Sylvester, consideró en este contexto: "Para ser precisos, más que el libro, habría que celebrar la lectura. La lectura es, por supuesto, menos común que el libro. Este es un caso en el que la causa tiene importancia por el efecto: si no hay lectura, el libro pierde, su sentido está condicionado a que alguien lo use" recalcó. "Una vez dicho esto, celebremos que el libro exista: un mundo sin libros sería parecido a éste, pero mucho peor", dijo el artífice de "Perro de laboratorio" o "Número impar", entre otros
Por su parte, Ana María Shua, cultora de los microrrelatos y de novelas como "El peso de la tentación", explicó: "El memorioso Funes era capaz de recordar cada una de las hojas de cada uno de los árboles que había visto en su vida. Yo no puedo recordar ninguna de las hojas de ninguno de los libros que he leído. Y sin embargo, de esas hojas estoy hecha".
Asimismo, la escritora cordobesa Graciela Ramos, Autora del libro para chicos El juego de la conciencia y de la novela histórico romántica L ágrimas de la Revolución, entre otros títulos, confesó: "Puedo decir que cuando el libro llegó a mi vida, con el llegó la magia, la felicidad. Transitando una infancia complicada, lo abracé y no lo solté nunca más. Con él viajé por lugares que aún no conocía. Con él aprendí a vivir a través de sus letras. Con él me enamoré, con él lloré, pero principalmente con él conocí la felicidad y el amor", dijo emocionada y añadió: "El libro, el que sea, cobra vida cuando lo invitás a ingresar. El hábito de la lectura puede ayudarte a aprender, a divertirte, a emocionarte, a conocer, a vivir mejor, a ser feliz, a cumplir tus sueños. Por eso es tan importante que cultivemos en casa. ", recalcó quien recientemente editó "La capitana".
Finalmente, el poeta y periodista Salvador Marinaro, creador de "Sinfonía de Mareados", reveló: "Si bien soy partidario de la digitalización, por sus ventajas ecológicas y técnicas, hay libros que no producen el mismo efecto en una pantalla. Creo que el libro conlleva un proceso de pensamiento muy particular. Un tipo de pensamiento que está relacionado con la lentitud y el placer. Los buenos libros generan una sensación de extensión, de suspensión en el tiempo que es profundamente necesario para la literatura (y más aún para la vida). Se ha meditado muy poco que la experiencia de la literatura es una forma de la percepción del tiempo y su fluir. Los espacios en blanco, los vacíos, el momento en el que un texto te obliga a detener la lectura y levantar los ojos (como decía Barthes) son imposibles en una computadora y los puntos nodales de la literatura. Creo que la poesía (sobre todo el haiku) es la que mejor a comprendido esta máxima de la lentitud. Y el declive editorial tiene que ver con una sociedad cada vez más veloz y con menos experiencias" subrayó.

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