Si hay algo que distingue a Babasónicos es su gen mutante. Surgida en los noventa, la banda logró instalarse en la escena del rock con un estilo musical y un despliegue visual únicos, en permanente cambio. Hoy, la agrupación liderada por Adrián Dárgelos está cumpliendo 25 años. Aunque el aniversario se les vino encima casi imperceptiblemente -confiesa el tecladista Diego Tuñón en diálogo con El Tribuno- fue el pretexto ideal para editar un nuevo trabajo y para iniciar una gira que este viernes, a las 21, los depositará en el Teatro Provincial de Salta (Zuviría 70). "Impuesto de fe" es el nombre del disco que se destaca por ser una excelente selección de sus canciones más representativas, reversionadas como solo ellos saben hacerlo: "Siempre vamos hacia un lugar donde no se haya ido antes. Es una de las mejores cosas que tiene Babasónicos", presume Tuñón, con su ecléctica trayectoria como demoledor argumento.

"Impuesto de fe" los encuentra festejando un aniversario especial...
En realidad casi no nos dimos cuenta del aniversario, no veníamos contando la cantidad de años que llevábamos de banda. Pero había llegado el momento de hacer un disco nuevo y Sony nos propuso hacer esta especie de show programa de televisión- película, hacer un disco reversionando canciones y hacer una gira en teatros. El proyecto se llama "Desde adentro". Nos pareció muy interesante y a partir de ahí decidimos replantear la forma en que la banda suele trabajar.

¿Cómo se ha mantenido intacta la lógica de la banda?
Tal vez no nos fijábamos mucho cómo iban sucediendo las cosas. Siempre fuimos generando novedad y fuimos creciendo. A mí me parece milagroso haber sobrevivido los primeros diez años. Cuando nosotros empezamos, en el 89, vivir de la música era una utopía. Una década después ya parecía algo normal, aunque no lo era.
Se podría afirmar que Babasóni cos hizo lo que le dio la gana...
Sí, en cierta forma Babasónicos es una apología de la libertad. Definitivamente hicimos lo que quisimos y como quisimos. Incluso no nos agarramos ni del éxito. Si nos hemos repetido ha sido porque nos ha salido así, pero no porque hayamos querido repetir lo que más le gustaba a la gente. Siempre pienso que, en definitiva, si uno hace lo que quiere lo hace dos veces mejor. Cuando las bandas preguntan mucho a la gente qué quiere es porque les falta un poco de inventiva. En nuestro caso, nunca permitimos que eso suceda. Lo dejamos bien en claro desde el principio, con el público y con las compañías discográficas. Usamos dinero multinacional para hacer nuestros discos con mentalidad independiente.

Con tantos años de carrera, ¿se podría decir que el principal desafío de un rockero es pasar de ser un chico rebelde a un adulto interesante?
Hay una eterna adolescencia en la forma de vida del que viaja y vive de noche. La única forma de sobrellevarla cuando el cuerpo ya no es el que era es usando la inteligencia. Esa experiencia te la da el tiempo. Es lindo poder generar música nueva. Yo todavía considero que Babasónicos es una banda con futuro. Haber hecho este nuevo trabajo nos trajo nuevos aires. A este show no lo podría hacer cualquiera. Aquí es donde todos estos años de experiencia cobran un sentido.
Los conocedores del género del rock dicen que existe un "dialecto babasónico"...
Siempre apostamos a escribir una canción que no haya sido escrita antes. En Babasónicos siempre entendimos que la novedad nos hace el doble de poderosos. A partir de ahí, tanto en la parte sonora o de arreglos siempre vamos hacia un lugar donde no se haya ido antes. Es una de las mejores cosas que tiene Babasónicos.

¿Para animarse a los neologismos hace falta ser un gran lector?
A mí me encanta leer, pero creo que el rock es algo inmediato. Requiere cierto nivel intelectual, pero es básicamente popular. Creo que hay que tener un dominio del idioma pero también vida vivida... y conjugar ambas cosas. Uno puede elegir muchas formas de intentar comunicarse, no tiene que ser necesariamente de una manera exquisitamente literaria.

¿La entrada que se paga para ir a ver a una banda es un impuesto de fidelidad hacia el artista?
Eso lo dejó traslucir Adrián (Dárgelos) en algún momento, pero yo creo que hay algo más elevado en la función de unir esas palabras que dan título al disco. Creo que el valor del nombre está en haber unido términos que generalmente no van juntos y que abren nuevos paradigmas acerca de su significado. Es lindo que los nombres sean disparadores.

Eso se parece mucho al oxímoron, una figura literaria que consiste en unir conceptos "opuestos". El contraste genera extrañeza...
Claro, son conceptos que por momentos parecieran escaparse de la razón. Nosotros hemos usado mucho esas formas a nivel letra y también musicalmente. Cuando logramos generar un estilo -por ejemplo con "Trance Zomba"-, íbamos por el tercer disco en esa línea y nos dimos cuenta de que ese estilo estaba absolutamente de moda. Entonces decidimos abandonarlo y dejarnos influenciar por el "western spaghetti", un estilo desarrollado en Italia que genera enjambres sonoros que, más que notas musicales, representan situaciones.

Pareciera que cuando el territorio musical está "colonizado", a Babasónicos ya no le interesa más...
(Risas) No necesariamente. En este negocio el futuro es un terreno fértil y, probablemente, es el lugar donde te den la espalda. Es un gran interrogante, pero siempre hay que generar nuevas formas para que la gente encuentre respuesta a la pregunta: ¿por qué sigo escuchando a esta banda?

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