La divinidad. En cada gesto, en cada movimiento, el bailarín parece incorporar para sí mismo el poder de lo ilimitado. Junto con la liberación y la descarga la danza le permite la expresión de su experiencia y de su sentir en el mundo. "Divinity" es justamente el nombre del espectáculo que la academia Eleven presentará el 31 de julio, a las 21.30, en el Teatro del Huerto (Pueyrredón 175).
Treinta y un bailarines en escena y géneros tan diversos como tango, jazz, reggaeton, ritmos brasileños y cha cha chá. Un meritorio esfuerzo realizaron Juan Escandel y Javier Castro, fundadores de Eleven, para brindar un show "mágico" en el que la búsqueda fue el lucimiento de sus alumnos.
Juan Escandel comenzó a transitar el camino de la danza a los 11 años con Rodolfo Mazarry. Sus primeros aprendizajes estuvieron relacionados con los ritmos latinos.
"Desde entonces no paré de hacer danzas, aunque sin dejar de lado lo protocolar de la vida social impuesta por la sociedad; si no, me hubiera dedicado de lleno al arte", define, en diálogo con El Tribuno. Añade que él siempre tuvo mucha disciplina para abocarse a los proyectos de toda índole, por lo que se enfocó en el estudio formal de lenguas extranjeras y administración de empresas; sin embargo, trabajaba en horario comercial y la vocación artística dormida se le agitaba en su pecho con las alas dobladas por el agobio. "Descubrí que tenía condiciones para bailar; pero con todo ese entusiasmo sentía que podía ir más allá. También que tenía a un poderoso maestro dentro de mí y que más allá de nutrir al bailarín amaba transmitir arte", señala. Tras tomar parte en muchos grupos formados por maestros reconocidos sintió el deseo de iniciar un derrotero tan desconocido como propio. "Después de aportar todo y recibir nada a cambio, llegó el punto en que dije basta", comenta Juan. Así, junto con el bailarín Javier Castro se asociaron hace tres años para poner su academia de danzas con el objetivo de brindar aquello que como bailarines no habían tenido en el pasado. "Abarcamos muchos aspectos primordiales en la vida de un bailarín: contención, enseñanza, fotos, temas, coreografías, pasos. Se trata de darles alas para volar", sintetiza.


Equilibrio

Juan dice que mantener la mente, el alma y el cuerpo en equilibrio es fundamental para un bailarín, por ello él implementa una búsqueda espiritual intensa y diversificada, acompañada de dos principios: renunciar a las actividades nocturnas y el vegetarianismo.
Él es instructor de pilates reformer y de ritmos, maestro de jazz y le resta un año para recibirse de maestro de danzas clásicas. "El camino es difícil y muchas veces hay que irse a otro lado para tener mejor suerte. Aparte yo comencé tarde y grande ya. Imaginate que tras 15 años de carrera se acaba la vida sobre el escenario de un bailarín clásico", apunta.
Juan Escandel es un bailarín de vistuosismo motriz y de transmisión. Él, con humildad, dice: "Amo a Laura Fidalgo, a Julio Bocca, a Cecilia Figaredo, que es salteña. Ellos te ponen la piel de gallina y no solo por su técnica. Después hay muchísimos bailarines locales que me encantan también". Y ahora que vive del movimiento pulsátil de la danza reflexiona: "Aunque a veces la vida me hizo tocar fondo y pasé por experiencias difíciles, como todos; siempre me sentí iluminado con una luz que me hacía sobresalir y siento que esa luz se potencia cuando bailo".


El show

Juan cuenta que 29 alumnos más él y Javier Castro actuarán en el Teatro del Huerto. “En la academia a veces hay más y a veces hay menos porque la vida se encarga de llevarlos por otros caminos... Igual creo que todo pasa por algo y estamos orgullosos con cada corazón que llega a aprender de nosotros”, dice. Las entradas, a $110 la platea general numerada, ya están a la venta en la boletería de Pueyrredón 175.

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