Cuando repasa su extensa y exitosa trayectoria radial, Alejandro Dolina afirma con esa mezcla de erudición y absurdo que lo caracterizan: "Definitivamente, esto que hacemos no es radio". Y no miente. "La venganza será terrible" lleva treinta años ininterrumpidos en el aire y es una de las propuestas teatrales más longevas y -al mismo tiempo- más actualizadas de la radiofonía argentina. Lo que empezó siendo un desafío personal en la medianoche de AM El Mundo -franja asociada al exilio y a la desolación- se convirtió con el correr de los años en un programa mítico, paradigma de un humor radiofónico sin libreto y sin corset.
Dolina y compañía suelen sacar periódicamente de gira su obra para que el público del interior -que no puede concurrir al auditorio de Radio Del Plata en Buenos Aires- también disfrute de esta experiencia teatral que llega en ondas de radio a los hogares, casi como un reflejo.
La presentación en el Teatro Provincial de Salta será este viernes, a las 21.30. Las entradas se encuentran a la venta en boletería de Zuviría 70.

Cumpliste 30 años ininterrumpidos como conductor de un programa nocturno. La programación a esa hora por lo general se asocia a oyentes solitarios, sin embargo "La venganza..." nunca estuvo dirigida a ese tipo de público.
Sí. Nosotros, en realidad, pensamos el programa más para los presentes que para los oyentes. Es un programa con público. Y la gente que asiste es exactamente lo contrario al oyente nocturno, que está tratando de buscar estímulo en sus horas de soledad. El que se levanta para ir al programa es alguien que ha salido a cenar, a pasear... Es decir, tiene una actitud totalmente distinta. Los códigos imperantes en el programa no son los de la radio, son los del teatro. El oyente que está en su casa nos recibe casi como un reflejo.

En La venganza... sos algo así como el timonel del barco, ¿tenés pasta de líder o preferís las relaciones horizontales?
No es necesario un liderazgo. Este es un programa que fue inventado por mí y continuó con poquísimos participantes que son compañeros y amigos. No necesitan una organización de liderazgo sino más bien de contigüidad. No hacen falta instrucciones. El programa existe desde hace tanto tiempo que el que se incorpora ya se encuentra con una tradición que no tiene ganas de cambiar. Esto no significa, claro, que las cosas no se vayan renovando. Lo hacen, pero no de un modo catastrófico ni sobreactuado, como el de aquellos que empiezan a pintar todo de celeste y a cambiar los títulos y las cortinas musicales. El programa cambia porque cambiamos nosotros cuando aprendemos otras canciones, cuando leemos algunos libros...

¿Cómo manejás es supuesta responsabilidad que conlleva ser un "formador de opinión"?
Eso es una consecuencia casi no deseada. Yo no creo que pueda formar opinión, apenas si puedo formar la mía. Me parece que nosotros tratamos de hacer un programa que nos gusta, que de algún modo tiene que ver con nuestros amores, nuestros enconos y nuestros intereses. Algunos nos siguen y otros, no. A mí no me parece que "La venganza..." sea un programa referencial, más bien todo lo contrario.

¿El programa te fue formando? ¿Creés en la "universidad de la calle"?
No, no creo. Me parece que en la calle no se aprende casi nada bueno. Para mí el programa es lo contrario a la universidad de la calle. A mí me obligó a tomar contacto con los libros todos los días. Es una costumbre que no tenía ni aún cuando era estudiante. Me creó el hábito de leer organizadamente. Cada vez que lo hago agarro un lápiz, para ir marcando. Además, me acostumbré a investigar acerca de cada cosa que no entiendo o no sé qué es.

¿El humor es la mejor herramienta para hablar en serio?
No lo creo, pero sí me parece que cada tanto hay que dar alguna pincelada de humor para no parecer solemne. A cierta pesadez demasiado literaria hay que suavizarla con una manito de humor. Para eso sirve: para aflojar unas relaciones entre el escritor y el lector que a veces son muy ásperas.

Con respecto al humor político, ¿pensás que solamente es eficaz cuando se ejerce de abajo hacia arriba?
Me parece que es la única manera de ejercer el humor político. Creo que hay que burlarse de los poderosos; que los poderosos se burlen de los que menos tienen no es muy humorístico que digamos. Igualmente yo no soy muy fanático del humor político, nunca lo ejercí como género, como costumbre. Nunca fui muy bueno en eso. Y no sé si he sido buen lector de humor político tampoco, creo que no me divierte mucho. Lo señalo como un defecto mío.

Tinelli manifestó estos días su indignación ante el ataque en Twitter de supuestos trolls disconformes con la imitación que se hizo del presidente en su programa, ¿qué opinás al respecto?
Son conflictos entre poderosos. Ninguna de las partes forma parte de mi corazón.

La nostalgia parece ser el combustible de muchos de tus relatos, pero dijiste una vez que no sos un tipo nostalgioso...
En la vida común no lo soy, lo que no quiere decir que no lamente muchísimo lo perdido. Después de todo, la literatura y la poesía emergen solo de lo que uno ha perdido mucho más que de lo que uno ha ganado. Es raro que los logros lo impulsen a uno a escribir y a decir, por ejemplo: Voy a escribir una milonga a partir de mi éxito amoroso que se llamará "Ando muy bien con mi novia". ¡A quién le puede importar!


Precio de las entradas

Platea: $300
Palco: $300
Pullman: $250
Super Pullman: $150

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