Nicolás Moya Jora (27), quien se consagró tercero en la categoría grupa del Festival Nacional de Doma de Jesús María, Córdoba, contó a El Tribuno que Salta cuenta con camadas de jinetes jóvenes que apuntan a profesionalizar cada vez más esta tradicional actividad de destreza criolla.

Hoy para destacarse en las jineteadas ya no alcanza con ser un hombre de campo y tener habilidad para montar. Se requiere de preparación física, técnica y psicológica. Además, para representar a la provincia en un festival de la envergadura de Jesús María es necesario clasificar entre decenas de postulantes. "Las domas exigen cada vez más que el jinete se profesionalice. Es decir, que cuente con una rigurosa preparación previa tanto a nivel físico, como técnico", explicó.

El jinete oriundo de Cerrillos es amante de las domas desde niño y comenzó a montar caballos briosos desde los 11 años. "Desde chico me atrajeron las domas y no me perdía ninguna. Entonces conocía a don Carlos Avilés, ya fallecido, quien tenía la tropilla Pilchas Gauchas, en Chicoana. El fue quien me dio el primer impulso", recordó.

El joven cerrillano está en contacto con los animales gran parte del día, ya que trabaja como cuidador de caballos de polo. A lo largo de todo el año se encuentra en la búsqueda de caballos nerviosos para probarse y encontrar uno "bien malo" es su mayor anhelo. "Para nosotros encontrar un caballo malo es lo mejor que nos puede pasar para mejorar nuestra técnica. Por eso me presento en cuanta doma haya y si no la hay las ando inventando", explicó en tono de broma.

Preparación física

Para un buen desempeño en esta actividad también se hace necesario, dijo, estar físicamente en optimo estado, razón por la cual concurre a un gimnasio varios meses antes de un evento importante. "Por ejemplo, en Jesús María son 10 días seguidos de doma. No se puede llegar a las instancias finales sin estar en una excelente condición física", puntualizó.

Para participar de Jesús María y acceder al podio, este gaucho salteño tuvo que sortear numerosas pruebas. La primera clasificar entre decenas de postulantes dispuestos a representar a la provincia en el prestigioso certamen. Luego, durante diez noches, dominar y lucirse arriba de los animales más briosos del país. "Para nosotros Jesús María es como el mundial de la jineteada. Estar allí es nuestra máxima aspiración. Voy a seguir trabajando duro por mi sueño, que es ser el campeón", contó el cerrillano, quien es optimista de que el año próximo seguirá escalando lugares.

La tarea de elegir a los representantes de la provincia, está a cargo de la Agrupación Gauchos de Güemes. El jinete debe también someterse a pruebas médicas y estudios físicos.

Moya explicó que a nivel nacional "es posible vivir de esto. En Buenos Aires, por ejemplo, los premios para los primeros puestos superan los 100 mil pesos. En el norte es un poco más difícil, porque los premios son menores. Sin embargo es una actividad que crece año a año", comentó el cerrillano.

En cuanto a la evaluación de los jueces, Nicolás Moya explicó que en una doma se tiene en cuenta un conjunto de factores, como la permanencia del hombre arriba del caballo, que en su especialidad es de 12 segundos, la elegancia de los movimientos del jinete y el desempeño del animal.

Moya dedicó el premio de Jesús María a su colega Cristian Rollari, quien sufrió un grave accidente el año pasado durante una jornada de doma del festival cordobés. "A los primeros puestos se llega por mérito propio, pero también con el apoyo de gente valiosa, por eso quiero agradecer a los delegados Omar Panello y Juan José Rollari, a Carlos Diez SanMillán y al Gobierno de Salta", concluyó Moya.

Caerse y levantarse

En 2010 durante una jineteada en el predio gaucho de Lomas de Medeiros, un caballo cayó encima de Nicolás Moya. El accidente le provocó quebradura de cadera y pelvis. Sin embargo, un año después el joven cerrillano ya encabezaba los festivales salteños y se enfrentaba nuevamente a la ferocidad de los animales.
"Fue dolorosa la experiencia, pero mi amor por la doma me llevó a recuperarme rápidamente y en menos de un año estar en plena competencia", recordó Moya.

Más sobre el Festival

En Jesús María, se realiza la jineteada de potros reservados, donde los jinetes deben aguantar sobre el lomo del bagual (un caballo sin domar), durante un determinado lapso de tiempo que dependerá de la categoría en la que esté demostrando su destreza el gaucho.

Existen tres categorías: categoría 'A' (Crina limpia o potro pelado), categoría 'B' (grupa sureña o cuero) y categoría 'C' (bastos c/ encimera sin boleadoras).

La conjunción de la música y la doma convierten al festival en un espectáculo que atrae la atención de personas de muchos países que buscan conocer nuestra cultura.

Desde 1965, un grupo de hombres y mujeres unidos por una causa común conformaron la Sociedad de Cooperadoras Escolares de Jesús María y Colonia Caroya. Sus integrantes, pertenecientes a de las comisiones cooperadoras de diez escuelas de la zona, decidieron organizar un evento popular que permitiese reunir fondos para distintas obras a favor de la niñez escolar. Esta herencia de tradición, cultura popular y amor a la tierra que desde entonces se repite año a año se convirtió en solidaridad para miles de niños.

Inspirados por estos valores, cada jornada festivalera une a 600 almas: padres de las cooperadoras, integrantes de la Comisión Directiva y colaboradores que voluntaria y desinteresadamente trabajan denodadamente para que Jesús María repita el éxito que soñaron sus fundadores.

Los resultados de cada festival están plasmados en cada una de las actuales 20 escuelas en comidas, útiles, libros, material pedagógico, gabinetes informáticos, salones multiuso, gimnasios cubiertos, baños dignos, perímetros cercados, aulas para cada uno de sus grados, entre otros.


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