En el imaginario colectivo, Eulogia Tapia es La Poma, como La Poma es Eulogia Tapia. La icónica mujer es la que por esas musas de la inspiración de Manuel J. Castilla y el Cuchi Leguizamón a fines de los 60, quedó grabada para siempre en la zamba La Pomeña. Pero ella también vivió -y vive- fuera de esa canción, aunque desde hace dos meses, la septuagenaria pastora no está allá, donde la ruta 40 sube a los más de 3 mil metros de altura, en el interminable y alucinante paisaje del suroeste salteño, muy cerca de Cachi.

Doña Eulogia está en Salta.

En La Poma quedan, por ahora, su historia, sus herencias, sus querencias. En los primeros días de marzo, fue intervenida por una afección ginecológica en el Hospital Público Materno Infantil de la ciudad de Salta. "Todo salió bien", informaron entonces desde el complejo asistencial tras la operación. Estuvo internada y después, los controles.

Esa fue la última información que se tuvo de la pastora... Hasta ayer, cuando El Tribuno logró ubicarla en la casa de una de sus hijas, en un barrio del suroeste salteño.
Cerca del mediodía, ella misma atendió el llamado a la puerta. "Yo estoy bien y no necesito nada", dijo apenas informada de la presencia periodística. E insistió: "Estoy bien gracias a Dios y a la Virgen... y a los doctores que tan bien me trataron y me cuidaron".
De pocas palabras, reticente a la charla con los periodistas, doña Eulogia dijo estar "cansada de que me busquen y después nadie me da nada".
-¿Qué necesita ahora?, preguntó El Tribuno.
-Ya estoy vieja, nunca me dieron nada. ¿Para qué quiero ahora? Yo agradezco a Dios y a la Virgencita que son los que nunca fallaron y estuvieron siempre. Reiteró que está bien luego de la intervención quirúrgica y dijo no saber cuándo volverá a sus pagos; nada dijo tampoco si podrá volver a pastorear.
Por ahora, se quedará en Salta, en la casa de su hija Lucía, donde también está Elba, otra de sus hijas, que vive en La Poma. Mientras, sus ovejas y sus cabritos están bajo el cuidado de sus nietos y de su esposo, Abilio. Y del legado de La Pomeña que desde los 20 es un mito viviente, aunque a ella eso nunca le cambió la vida.

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