Apenas pasadas las 19, la rotonda de Limache comenzó a cargarse de gente, negocios de comida, puestos de bebida y bullicio. Bullicio que apenas 15 minutos después de transformó en música. En en centro del predio se levantaba el escenario y estalló el Boombox. Cientos de adolescentes, parejas jóvenes y chicos acompañados por sus padres comenzaron a buscar el mejor lugar para sentir y vibrar con la música de Los Izkierdos de la Cueva.

En el predio se colocó un stand de recuerdo del evento, otro con pelucas y un fotógrafo tomaba fotos de los grupos de amigos y subía las imágenes en forma inmediata al Facebook de Boombox. También había un patio de cervezas donde los más tranqui se acomodaron para escuchar, cantar y bailar al cierre de un espectáculo que prometía y que cumplió. A las 20 en punto se escuchó al líder de Los Pericos: "Hola Salta", y el campo comenzó a vibrar.

La música subía desde la tierra y dejaba la piel vibrando. La fiesta estaba declarada. Los grupos de amigos comenzaron a bailar, otros se sumaron a la orquesta de la fiesta y hacían sus show de malabares. Lejos, alejados del centro de la fiesta pero disfrutando de otra manera, varias familias de parejas jóvenes llegaron con sus chicos en los coches. Llevaron su reposera, se acomodaron en el pasto y disfrutaron de la música, alejados de los parlantes y de la vibración pero no por eso menos excitante. Música, estrellas y compañía, que más le podían pedir a la vida.

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A un costado, cerca de las carpas, algunas parejas de mayores de 50 también disfrutaban del show y no solo eso, sino que también bailaban y se animaban a demostrarse afecto y cariño sin temor a las críticas. La consigna fue música y amor.

Distintas vivencias, todas juntas en un mismo espacio.

Juan y Lucrecia no dudaron contestarle a El Tribuno: "Vinimos gracias a nuestra hija. A nosotros siempre nos gustaron los recitales y nunca dejamos de ir, aun cuando ella era bebé. Ahora ella nos consiguió las entradas y aquí estamos. Está bárbaro". Ella tiene 57, él 64.
Los más chicos estallaban de emoción. "Es la primera vez que vengo a un recital y la verdad es que está bárbaro", dijo Claudia, de 18.

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