"Los asaltaron a los Puccio", decían los vecinos la noche del 23 de agosto de 1985. Pero no.
Nadie podía creerlo en el barrio, nadie en el país. Una familia "bien", de San Isidro al norte del Gran Buenos Aires, secuestraba, pedía rescate y asesinaba a sus víctimas, que eran conocidas de su entorno. Todo acabó poco después de las 22, de ese día, hace treinta años, cuando la Policía rescató a Nélida Bollini de Prado, la única sobreviviente. Hasta aquí, la historia conocida por muchos, que conmocionó a la opinión pública de entonces.

La trama misteriosa de la intimidad de esa familia captó la atención de Pablo Trapero. Esa urdimbre de delitos, a manos de los captores más inesperados, puede verse desde hoy en todos los cines del país.

"Había poco archivo digitalizado. Hicimos una investigación a la antigua, tocando timbres, hablando con familiares de las víctimas", dijo Trapero ante la prensa. Ese trabajo "de hormiga" dio sus frutos, porque el filme retrata qué pasaba puertas adentro en aquella casa terrible. En apariencia todo era normal, pero Arquímedes, jefe del clan -vecino raro, pero cordial- digitaba "operativos" de los que participaban sus hijos.
Ricardo Manoukian, Eduardo Aulet, y Emilio Naum fueron asesinados entre 1982 y 1985.

Los familiares de las víctimas dialogaron con Trapero, quien logró en parte reconstruir y en parte imaginar la cotidianeidad del grupo en la que el padre, exagente de la SIDE, era director de una orquesta temible. Ambientada en la época, con música de Virus o David Lee Roth, con filtros en la cámara que potencian el dato temporal en el color de las imágenes, la nueva creación de Trapero es una de las películas más interesantes de 2015.

Uno de sus hallazgos se centra justamente en lo desconocido: la casa del horror era también una casa de aparente normalidad, con un padre severo magistralmente interpretado por Guillermo Francella.
En la piel de Arquímedes, el actor mantiene largos parlamentos sin pestañear, somete a sus hijos psicológicamente, pero otra cosa le muestra al mundo. Como reza la frase: "lobo con piel de cordero". Por otra parte, Peter Lanzani realmente sorprende por su entrega para interpretar al exrugbier que murió en prisión a los 49 años. Lejos de sus papeles de galán, junto a Francella teje un sórdido vínculo entre padre e hijo que traspasa la pantalla y que se asienta en una verosimilitud muy potente.

El filme devela algunas aristas de este caso misterioso con una calidad indudable, los silencios, las miradas y los gestos, resultan tan narrativos como las palabras.

Competirá en breve en el festival de Venecia y representará con creces a nuestro país, por sus tensiones, su oscuridad y el poder de reconstruir aquello que escondió el espanto.

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