Arquímides Puccio barría la vereda de su casa varias veces por día en un vecindario de clase alta. Ninguno de sus vecinos sospechaba que la obsesión por la limpieza de ese padre de familia ejemplar escondía un propósito siniestro: verificar que los gritos de sus víctimas en cautiverio no fueran audibles más allá de las paredes del hogar.

La escena se repite en "El Clan", la más reciente película de Pablo Trapero ("Leonera", "Carancho", "Elefante Blanco"), sobre la historia verídica de un psicópata que en complicidad con al menos dos de sus hijos montó en su propia casa un negocio de secuestros extorsivos que conmocionó a la Argentina hace 30 años y ahora resurge como un éxito de taquilla.

Coproducida por el español Pedro Almodóvar, "El Clan" fue vista por un millón de espectadores desde su estreno hace diez días, un récord absoluto para una película argentina, superando inclusive a la multipremiada "Relatos salvajes". En pocos días competirá por el León de Oro en Venecia, lo cual no sucedía desde 1998 con "La nube" de Pino Solanas. Luego se exhibirá en los festivales de Toronto y San Sebastián.

"Es una historia que hace mucho quería hacer. Me enganchó de pibe cuando cayeron. Lo que más recuerdo que me impactó fue que tuvieran gente en su propia casa y que las víctimas fueran amigos y gente cercana", comentó Trapero en una entrevista con The Associated Press. "Es un caso inédito. Hay familias de delincuentes, pero no con este sistema. Cada una de las cosas por las que el caso se hizo conocido es porque es único", apuntó el director, quien no sale de su asombro por la repercusión de la película no solo en su país, sino también por la demanda de preventas al exterior.

En simultáneo con el filme, la cadena de televisión Telefe estrenará este mes la miniserie "Historia de un Clan", dirigida por Luis Ortega, el hijo del popular cantante Ramón "Palito" Ortega, mientras proliferan libros y suplementos especiales de diarios y revistas destinados a satisfacer la demanda por conocer más sobre la familia que sacudió la opinión pública en los primeros años de democracia tras la última dictadura militar. El 23 de agosto de 1985 la llegada de la policía alteró la calma de San Isidro, un suburbio de clase media y alta al norte de la Capital. En la casa de la respetable familia Puccio, católica y conservadora, los agentes federales descubrieron una organización delictiva dedicada al secuestro y asesinato, tras pago de rescate, de empresarios conocidos de los victimarios.

En el sótano de la casona, en la que vivía Puccio con su esposa y sus cinco hijos, fue hallada con vida la última secuestrada por el clan, Nélida Bollini de Prado, de 58 años, encadenada y tirada en una cama tras un mes de cautiverio. Los vecinos quedaron aún más desconcertados cuando vieron a Alejandro, el hijo mayor y reconocido jugador de rugby, salir esposado.

La Justicia determinó que Arquímedes, contador y militar retirado, era el cerebro de una banda integrada por al menos dos de sus hijos, Alejandro y Daniel, junto a un excoronel, un guardaespaldas y otro cómplice. Fueron condenados por el asesinato de tres empresarios entre 1982 y 1985. Siempre hubo sospechas sobre el papel de la esposa de Puccio, Epifanía Calvo, una maestra de escuela, y su segunda hija, Silvia, pero nunca hubo pruebas para imputarlas.

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