Mariano Mores fue un hombre que apostó por la familia, su "sangre" fue la prioridad, aunque su corazón jamás esquivó una relación de amistad. La humildad y la generosidad fueron sus fieles "compañeras". La ciudad de Salta no fue la excepción y también recibió el mimo del gran maestro. Esta tierra tuvo el placer de deleitarse con la magia de sus manos. Siempre le sedujo el talento constante de nuestros folcloristas y alguna vez declaró que "Salta le brinda un aporte enorme a la cultura nacional".

El artista entrelazó grandes lazos de amistad en la capital salteña, que lo mantuvo por más de cuatro décadas. Era un apasionado de las empanadas salteños y el dulce de cayote con nuez.

Quedó fascinado con los gauchos a caballo, comió perrejey en el dique La Ciénaga (Jujuy) y hasta se puso un sombrero de Carlos Gardel en el museo Pajarito Velarde.

Tuvo largas charlas con el poeta Hugo Ovalle, también con el compositor Roberto Ternán, y hasta se bromeaba con el folclorista Pitín Zalazar. Pero hasta sus últimos días mantuvo una sana amistad con dos salteños: Eduardo Subirana Farré y Mima Rallé.

Cuando se menciona el nombre de Subirana Farré, quizás no se refleja su persona, pero si se pronuncia el Mago Piuman, muchos sabrán de quien se trata.

A los 10 años de edad brindó su primer show de magia en una escuela primaria.
"Llevo 65 años como ilusionista, toda una vida. La profesión me atrapó por un amigo de mi papá que tenía un circo criollo, don Américo Cremona. Allí me nació la pasión por la magia y el radioteatro. Durante 28 años presentamos obras con grandes de este arte, como Arturo Wayar Tedín y Magdalena Amancay Sirolli de Wayar", comentó Eduardo.

Y llegó esa temporada de 1972, hace 44 años, cuando la luz de la amistad se encendió para siempre.
"Junto con Mima formábamos parte del Círculo Mágico Argentino filial Salta. Realizábamos espectáculos de magia en el recordado Cine Alberdi, y como broche de oro siempre traíamos a artistas consagrados. Así, disfrutamos a Violeta Rivas, Lolita Torres, entre otros. En un show contratamos a Silvia Mores, la hija de Mariano, que por aquel entonces se destacada en el circuito de Buenos Aires. Al final brindó varios recitales y se quedó unos días en esta ciudad, compartimos paseos, salidas y horas de charlas. Estaba fascinada y prometió volver con su padre. Y fiel a su palabra, en unos meses aterrizó en Salta el clan Mores: Mariano, Myrna (esposa), Nito (hijo fallecido), Claudia (nuera) y Silvia (hija). Fue en la proximidad de los actos por la muerte de Güemes, en junio. Disfrutaron a pleno con el desfile de los gauchos. Recuerdo que Mariano tocó en un piano de cola que le alquilamos a Antonio Guerrisi. Compartimos días maravillosos, fuimos a San Lorenzo, luego al dique La Ciénaga. Además, fuimos a un homenaje que le realizó diario El Tribuno, en el Pajarito Velarde, se puso un sombrero de Gardel que estana en el museo y empezó a tocar el piano. Jamás ví una familia tan unida. En la década del '80 volvieron para actuar en un local de avenida Reyes Católicos. La última vez que compartimos fue en 2010 cuando vino con su familia a actuar al Teatro Provincial. En aquella oportunidad me pidió que lo llevara al aeropuerto y yo le respondí que tenía un Renault 12, no le importó y me hizo cumplir con su deseo. Estaba encantado con las empanadas que hacía doña Juanita Villarroel, una mujer de mi barrio. En ocasiones, yo le mandaba por avión las empanadas y él las esperaba en el aeropuerto de Buenos Aires. Se nos fue un grande con mayúsculas, revolucionario de la música, con un corazón inmenso para ofrecer", dijo Subirana Farré.

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