En estos días, la escultura del Cuchi Leguizamón recibe los últimos toques de cincel para que su figura quede definitivamente instalada en la calle Caseros, frente a la plaza 9 de Julio.
Es la obra del escultor cubano Alexander Guerra, quien con la mirada bañada de recuerdos de los hijos del compositor, logró trasladar los detalles a la talla.
La iniciativa, que surgió del arquitecto Jorge Nieto, se aprobó en el Concejo Deliberante en septiembre del año pasado, cuando se cumplieron 97 años del nacimiento del músico. Por otra parte hay que recordar que el 27 de septiembre de este año se cumplirán quince años de su muerte.
"Comencé a trabajar sobre las fotografías y material seleccionado para lograr una escultura lo más fiel posible. Es lo que hice con la del papa Juan Pablo II, ubicada en el acceso a la Curia. A la del Cuchi también la cerraremos con bronce", anticipa Guerra, el escultor cubano radicado en Salta.
La medida de la estatua es en tamaño natural, "algo muy de moda en los últimos años en Europa y parte de América. La intención es que esté al nivel de las personas y puedan interactuar con ella, como ocurre en Buenos Aires con Alberto Olmedo o Mafalda, por mencionar algunos casos. Es un cambio de paradigma respecto de aquellas que antes se ubicaban en monumentos o pedestales y ahora están al lado de la gente", explica.

Los detalles
El boceto inicial imaginó a Gustavo Leguizamón sentado, y así se hizo. Seguramente, cuando esté sobre los adoquines de la vereda del exbar El Farito, su lugar preferido para disfrutar de empanadas y un vasito de vino con los amigos, todos se llevarán una foto "compartiendo" una mesa imaginaria con el poeta.
El modelado en arcilla está casi listo y durante la semana, Guerra retocó la sonrisa del Cuchi según los datos familiares. "Es un personaje muy importante, público y también contemporáneo a mucha gente que lo recuerda con admiración. Esto genera que los salteños se sientan, de alguna forma, 'propietarios' de la figura de Leguizamón. Es en el proceso de modelado de arcilla donde hacemos los ajustes para sacar un molde de yeso y el fundidor, Hugo Quispe, con un molde de arena vierte el bronce para ensamblar las partes", explica brevemente el proceso.


Una talla con espíritu
Las esculturas tienen el componente de la tridimensionalidad, lo que las hacen particularmente atractivas, sumado a la posibilidad de tocarlas.
"En la reciente visita de la familia, todos coincidieron en que las proporciones son correctas y solamente corregí detalles de la sonrisa. A partir de allí, como artista voy acercándome al paradigma de este personaje que, subjetivamente, permanece en la mente de quienes lo conocieron. Cada escultor pone su impronta en sus obras y en este caso le quité cualquier atisbo de formalidad a un hombre que, por lo que estudié, combinaba en sí dos aspectos muy marcados: el de artista popular con el de artista ilustrado. Gustavo Leguizamón podía hablar de Nietzsche o de las corrientes filosóficas más importantes, conceptualizar sus obras musicales de forma fuerte e intensa y al mismo tiempo charlar con cualquiera como si estuviera en una peña o carpa carnavalera. Mi imagen es la de un intelectual descontracturado y eso es lo que intenté transmitir en la talla, con rasgos de naturalidad y no de formalismo", resume.

Algunos detalles

Se le incorporará un código QR. Con un celular direccionado a la escultura, se podrá escuchar la música del Cuchi Leguizamón.

La talla recreará en el imaginario colectivo la vivencia de compartir una mesa con este gran ícono de la cultura salteña.

Alexander Guerra (38) es cubano, radicado en Salta hace 8 años donde se casó y nacieron sus dos hijos. Es docente en la Escuela "Tomás Cabrera".




"Es conmovedor que se sostenga tan fuerte el vínculo social y popular con el Cuchi"


"Lo más importante de esto no son las cuestiones técnicas ni formales, sino el sentimiento que expresó el Cuchi sobre Salta y su propia vida en esta provincia.
Es desde la gente que se construye un artista popular y no por decreto. Por eso, como familia, todo reconocimiento nos conmueve y nos interesa. En este caso, la talla que se vinculará con la gente y que se integrará al paisaje de la ciudad", dice Juan Martín Leguizamón, el hijo mayor del inolvidable músico.
En su charla con El Tribuno, remarca que el proceso de construcción de la escultura en manos de un artista de vasta formación como Guerra, es muy gratificante para nosotros como familia. Explica que el artista "fue muy receptivo a todos los datos que le proporcionamos y logró una imagen amigable, tal como lo recordamos. Como familia vivimos muchos homenajes y no deja de sorprendernos año a año que se lo recuerde con tanto cariño y respeto. Nos emociona porque se expresan fuertes afectos hacia quien es nuestra sangre y a quien amamos fundamentalmente por ser nuestro padre y las demostraciones de la gente nos alegra siempre".

Los “duendes” que no se van (por Humberto Echachurre)
Muchos magos e ilusionis­tas eligen su truco ideal. No lo manifestan pero saben que nunca éste lo desfraudará. Seguramente el “Cuchi” Le­guizamón, si le dieran a ele­gir, se quedaría con esa es­quina mundana y concu­rrente, que a veces pierde en la monotonía y en otras trasunta, sin saberlo su diáfana algarabía.El “Farito” era una estación obligada de amigos circunstanciales pleno en la retórica y el saber popular. Anécdotas simples llena de “picardía” criolla en el mejor sentido de la palabra.Y, allí el “Cuchi” desplegaba su ingenio, en una mesa que quedaba chica. Anécdotas simples pero afectuosas. Epicentro de las tertulias e inquietudes literarias, que a veces deformada por los protagonistas tomaron inusitado vuelo ante el paso del tiempo. El “Farito” era el lugar adecuado para un cultor de la ilusión y el “Cuchi”, puntualmente a media mañana, liberaba los duendes de la imagina­ción. Su figura inconfundi­ble, desplegada en la mesa amiga está hoy incor­porada al paísaje. Entre los considerandos de la normativa, hay un párrafo que dice: Gustavo “el Cuchi” Leguizamón, escribió e interpretó música fuera del canon de su época y su aporte, trascendente, acaso impar, obtuvo un reconocimiento tardío, todavía imperpecto. Tal vez ha llegado el momento de empezar a saldarlo.“Realizaremos la obra de un hombre descontracturado, tal cual era el “Cuchi”, quién es un ícono de la cultura salteña. Tendremos en cuenta rasgos de su físico y su personalidad”, destacó el artista que tuvo a su cargo el trabajo que nos convoca.Tendrá sus guiños, su mirada cómplice, el fino talento en la expresión. Veremos la altivez de su presencia, la cascada de su risa contagiosa sacudiendo los cimientos de la solemnidad. Quizás no lo veremos o tal vez –quien sabe- estará en las palomas que “picotean” las mesas, a las que corremos y que no se quieren ir. Van y vuelven. O si prefiere: iban y venían. Pero siempre están y cuando “el farito” apaga las luces los duendes empiezan a soñar.
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