Rooms Tokyo Japan es la vidriera del mejor diseño textil del mundo en Japón. Allí se dan cita diseñadores de singular excelencia. En la edición de este año la salteña Roxana Liendro (39) integrará la comisión argentina. Durante la segunda semana de septiembre, los 10 representantes locales llevarán la responsabilidad de posicionar la moda del país en las pasarelas internacionales.

Sin ser la excepción de aquel adagio que versa: "Nadie es profeta en su tierra", cuando la visitó El Tribuno en su local de Córdoba 32, Roxana se concentraba en los puntos positivos de haber sido seleccionada para este evento. A días de viajar, ella todavía precisa de auspiciantes privados para costear los 24 mil pesos que salen los pasajes de ida y de vuelta a Japón. Aún se agencia de la materia prima que le insumirán los 30 equipos para su muestra. Pero si está nerviosa ante este examen inminente, no lo dejan traslucir ni su mirada cálida ni la serenidad de su voz.

Santos Liendro, su marca y su expresión artística, abarca textiles, marroquinería y calzados. La ropa está elaborada con telas de la región: picote (pelo de cabra), barracán (lana tejida en telar) y aguayo (a rayas de colores contrastantes) y metal. Hay mucha alpaca aplicada sobre los tejidos y las prendas. También diseños estampados. Los zapatos conllevan una mezcla entre conceptos andinos y coloniales, símil plata, con las plataformas de metal. Las carteras son combinatorias de telas, madera, metales y plástico. Todo hecho a mano y procedente de distintos sistemas. Un equilibrio buscado "para que el diseño sea funcional, aunque no deje de estar acorde con la esencia del creador".

La herencia
El estilo ecléctico de Roxana encuentra su raíz y causa en sus ascendientes. Su papá, Santos Liendro, era artesano, orfebre y maestro tornero; y su mamá, María Beatriz Barrionuevo, era bordadora y peluquera. Incluso su abuelo paterno, Luis Indalecio Liendro, era un maestro platero y joyero originario de Tolombón y con una calidad extraordinaria para desarrollar técnicas. Roxana cuenta que Luis Indalecio tallaba en piedra, tejía sombreros tipo panamá e incursionó en la sastrería. "Él nunca fue a aprender, pero se proponía trabajar en tal técnica o material y lo hacía, y eso lo tengo marcado", dice hoy, con el agradecimiento de una vida en la que vio compartir los dones. Ella se crió, junto a sus hermanos Omar (46) y Jorge (43), en un hogar humilde donde todo, la ropa que vestían incluida, tenía cuño artesanal. Tras un paso por Puesto Viejo (Jujuy), donde su papá trabajó para Ferrocarriles Argentinos y Fabricaciones Militares, volvieron a Salta. Roxana estudió en el Polivalente de Arte y en paralelo experimentaba en el taller heredado por su abuelo a su padre. Fue entre los aromas del tallado paterno y los caprichos de la urdimbre materna que encontró su espacio de vida.

El comienzo
"Mi papá hacía un mate colonial con las patas fundidas, cinceladas y talladas, y yo prestaba atención a los detalles", relata Roxana, asombrada por la propia escena que rescata su memoria. Ella fue una adolescente inquieta y creativa que no lamentaba que los bolsillos de sus padres no tuvieran la generosidad de sus corazones. "Yo quería ir a bailar a Line Out y no podía comprarme zapatos ni ropa. Entonces empecé a diseñar lo que tenía en mente. Yo decía: 'Quiero estos zapatos' y mi papá me decía: 'Tomá este material, plata o alpaca, y hacé lo que vos quieras'", rememora. Así del taco colonial del mate, surgía un stiletto y una capellada bordada con hilos donados por su mamá. También armaba carteras de metal mezclado con semillas y plástico. "Mi papá me decía que no veía una coherencia y yo le decía que esos materiales podían convivir muy bien. Estábamos en esa disyuntiva, pero yo lograba plasmar lo que quería porque él me daba toda la libertad", sintetiza.

Del Profesorado de Bellas Artes al mundo

Roxana participó de la International Fashion Showcase Londres 2013.

™Cuando terminó la secundaria, Roxana anhelaba estudiar diseño de indumentaria, pero no podía migrar. Se inscribió en el Profesorado de Bellas Artes Tomás Cabrera. Allí pasaba de lunes a viernes, de 7 a 19, estudiando pintura, grabado y escultura. Los fines de semana se internaba en el taller familiar. Su papá la incentivaba a presentarse en concursos de pintura e indumentaria. Un día le llegó una carta de Avon Cosméticos para informarle que había sido seleccionada para la muestra de esta empresa en Arte BA 2005. “Hacía figuras humanas, les daba relieves y después largaba pintura sobre la chapa de hierro”, relata.

Obtuvo la primera mención en Arte Joven. Por la exposición pasaron autoridades de la Alianza Francesa que le hicieron ver lo poco común de su diseño 100% artesanal. Entonces tomaron identidad de alta costura las producciones de Roxana. La mezcla de materialidades de Santos Liendro captó luego el interés del INTI y otros organismos estatales que posibilitaron que su indumentaria fuera conocida en Bogotá (Colombia), San Pablo (Brasil), México y Londres (Inglaterra). El Canal de las Estrellas la contrató en 2012 para trabajar en la península de Yucatán, renovar una colección de artesanías y agilizar la producción de 140 mujeres mayas. En Londres participó de la International Fashion Sowcase 2013, la primera incursión de Argentina en ese evento.

Roxana hoy lamenta que sus papás no hayan vivido para ver el local, la marca y los viajes. Pero dice creer que desde algún lugar la están contemplando. Y asegura haber sentido en todo momento sobre su hombro la mano firme de su papá y su susurro: “Roxana, tenés que avanzar y cuando caigas levantarte y seguir porque sos esto”.

40.000
pesos de materia prima le insumieron los 30 equipos que Roxana llevará al Rooms Tokyo Japan.



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