En cada esquina salteña hay un cantor, es cierto. También es cierto que muchos de los nombres más relevantes de nuestro folklore se forjaron en esta provincia. Así, Los Chalchaleros son, sin dudas, sinónimo de nuestra música más tradicional y vigente.
En exclusiva para El Tribuno, Juan Carlos Saravia repasó su vida sobre el escenario, que ya supera las cinco décadas. Con su simpleza y su sonrisa características, recordó a sus referentes, comentó anécdotas y habló del folklore actual, al que caracterizó como "demasiado erótico, por influencia de la televisión". Aquí, la radiografía de un chalchalero sin materias pendientes.
¿En qué momento de su vida surgió la vocación de cantor?
Yo tenía dos ídolos: Antonio Tormo y Alberto Castillo. Y para bailar, D'Arienzo. Compré sus discos y trataba de imitarlos. De Tormo se vendía en los almacenes, en sobres con un agujero en el medio, pero no eran sobres de álbum, era para abaratar la compra. Junto con el azúcar, la yerba, las alpargatas, se vendían discos de Tormo y de D'Arienzo.
¿Cuántos años tenía entonces?
No me acuerdo, era chango. Cuando empecé con eso tendría 10 años, pero jamás se me ocurrió cantar en público. Hasta que un día, con el curso que íbamos en el colegio nacional, hicimos la fiesta del estudiante el 21 de septiembre, distinta a la que se hacía: con doma de caballos, carrera de sortijas, carrera de obstáculos. Cronometramos el tiempo y no duraba una hora, estaba corto. Entonces uno que estaba ahí dijo: "¿Por qué no canta alguien?" y dije "Yo canto con mi primo Aldo", íbamos al mismo curso. Después salió otro dúo que también éramos compañeros de colegio, era Cocho Zambrano y Pelusa Franco. Primero cantó uno y después el otro. Después dijimos: "¿por qué no nos juntamos a cantar los cuatro?". Era septiembre y, como buenos provincianos, nos reunimos al año siguiente. Le pusimos el nombre, nos juntamos a cantar los cuatro, armamos un saludo musical para la radio mientras el locutor nos presentaba en la radio. Entonces inventamos (tararea la "Zamba del chalchalero") y como quedaba corta agregamos el silbido. La gente empezó a pedir que cantáramos la zamba del chalchalero, o sea que tenía nombre antes de que naciera la zamba.
¿Y cómo surgió esta canción emblemática?
A los tres años se va el Chango Saravia Toledo y lo invitamos a Ernesto Cabeza a que integre el conjunto entonces le propusimos que hiciera la zamba. Él era muy buen músico, pero no era de hurgar, no podíamos preguntarle: "cómo va". Demoró tres años en hacer la zamba. Después le pedimos a Jaime Dávalos que hiciera la letra y cuando estuvo terminada firmamos entre los cinco, o sea que les robamos parte de su tarea a Cabeza y a Dávalos, porque nosotros sólo teníamos el tarareo. Con eso me hice socio de SADAIC y tengo más años como socio que su presidente, que es mayor que yo. Acordaron rápidamente el nombre del grupo. En Salta, chalchalero tiene dos acepciones, una es el zorzal de pecho blanco y otra es el farabute, el que dice "mi reloj vale 11.000 dólares", "dejá de hablar macanas, ese es un reloj chalchalero, un reloj trucho". Mis amigos en el café también lo usan y de repente me piden disculpas, pero yo no tengo problemas porque también lo uso.
Los Chalchaleros, como sello inconfundible, omiten la última sílaba de cada verso ¿cómo forjaron ese estilo?
Porque no sabíamos cantar, porque no sabíamos respirar. Un día Yupanqui nos dijo: "Paisanos, si ustedes me hubieran dicho que no decían la última sílaba, yo me hubiera evitado escribir tanta poesía" Era porque no teníamos técnica, el cantor folclórico era así. Después yo empecé a estudiar, me quedé mudo. No tenía sonido, porque una de mis cuerdas vocales se desgarró y con la sangre la ligaba la otra cuerda. No iba al médico pensando que tenía un cáncer en la garganta. Estuve como seis meses hasta que me llevaron, a un otorrino muy conocido entonces. Me dio unas inyecciones para la garganta y me dijo que tenía que estudiar vocalización. Entonces una fonoaudióloga me enseñó a respirar, pero ya era tarde porque habíamos cantado sin la sílaba y los que nos imitaban también lo hacían así. Ahí empecé con los solos, que sí los podía hacer. Después, cuando entró Facundo también estudió fonoaudiología y también Polo. Pacho no, canta bien, pero canta a lo bestia.
El grupo protagoniza, con Los Fronterizos, el Boca-Ríver del folklore salteño.
Los Fronterizos empezaron cinco años después que nosotros, y las canciones que cantábamos las cantaban igual. El Tribuno, en esa época El Intransigente, un día les sacó una nota diciendo por qué no buscaban un estilo propio, un repertorio propio. Nos hicimos muy amigos. Nunca habíamos cantado juntos, un día había un festival en Villa Constitución, Santa Fe, límite con Buenos Aires. Estaba Ariel Ramírez con su piano, Domingo Cura, Los Fronterizos y nosotros. Llovió entonces lo pasaron a un lugar cerrado donde entraron cien personas. El programador nos dijo si podíamos esperar porque la gente demoraba en llegar. Esperamos media hora y nada: había cien personas. Ariel Ramírez dijo: "Este es mi público, yo traigo siempre cien personas. Ustedes son los que exageran, que siempre llenan, con gente parada. Aquí no veo a nadie parado. Es mi público" Hay que tomarlo con humor, por supuesto. Ese día cantamos juntos Los fronterizos y nosotros, zambas que sabíamos: "La artillera", "La López Pereyra". Con Ariel terminamos siendo muy amigos y "Los frontera" terminaron siendo cantores de Ariel, los tenía dentro de su compañía. Le encantaba la voz del Negro López.
La gente hacía la rivalidad y nosotros seguíamos siendo amigos, éramos de Salta. A nosotros nos pedían canciones de los Fronterizos, a veces se trompeaban cuando íbamos al interior a los teatros. Anotábamos y cuando veníamos se lo decíamos a "los fronte": vayan a tal lado que se tropean por sus canciones. Nos empezamos a pasar datos. A nosotros, por ejemplo, nos pedían "Recuerdo salteño" y a Los Fronterizos les llegaron a pedir la "Zamba del chalchalero", me dijo Moreno, y casi los manda a la mierda.
Era así, el público generaba eso, como si estuviéramos peleados, pero éramos muy amigos. Yo era un gran admirador del Negro López.
¿Qué opina de la actualidad del folklore salteño?
Yo creo que la televisión es la culpable de cualquier cosa que pase, la televisión es muy erótica. Por ejemplo, en el horario de protección al menor pasan las colas de las telenovelas que van a pasar a la noche. Y pasan las colas más terribles. Cuando yo era chico, no sabía cómo se daban los besos, en las películas no se filmaban. Hoy se los ve en la cama. Ahora te explican todo.
Creo que los poetas actualmente también escriben sobre esa premisa: sexo. Ya no es la poesía de Jaime Dávalos: "se abrió tu boca en el beso, como un damasco lleno de miel". Ahora es "te voy a hacer un camisón de besos", "te voy a comer todo el cuerpo". Las chiquilinas, hoy en día, no deben usar ni camisón. Creo que todo es por influencia de la televisión y creo que todo es cíclico y se va a volver otra vez a la poesía subliminal que tenía el Cuchi Leguizamón, Castilla. Por ejemplo, en la zamba "La pomeña" se describe hasta la altura de la pomeña. El que no conoce La Poma no tiene la menor idea. Es una descripción total de La Poma. Poesía así hay mucha, empezando por Yupanqui que escribió "El alazán", un caballo que él tenía que se desbarrancó. Son cosas que uno ha visto en el valle Calchaquí. Los chicos jóvenes tienen que saber algo de historia. No se puede cantar sin saber historia.
¿Diría que les falta formación a las nuevas generaciones?
Claro, les falta información sobre qué pasó en cada provincia. Además, de los conjuntos nuevos, a pesar de que el sexo cuanta más que todo, no me gusta la forma en que cantan las zambas carperas, que parecen cuecas. Todas muy picaditas.
¿Tiene alguna materia pendiente?, ¿algún disco en el tintero?
No, he grabado todo lo que quise grabar.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora