21.13. Con el efecto lumínico de una nave nodriza que viene aterrizando abrió el show de Ricky Martin en Salta. El astro irrumpió en el escenario vestido de impecable traje azul oscuro y desató con ello la ansiedad contenida desde hace meses en las gargantas de sus fanáticas, que prorrumpieron en un aullido al unísono.
Con el tema "Adrenalina", grabado originalmente por el cantante junto con Wisin y Jennifer Lopez, el boricua puso en alto el espíritu del recital. Luego interpretó los temas en inglés "This is good" y "Drop it on me", con lo que se reafirmó como un artista a caballo entre los estilos latino y anglo.
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Pronto vino el primer cambio de vestuario. Más descontracturado apareció el puertorriqueño, con una remera negra de mangas tres cuartos y una línea de tiras sobre el pecho. Fue el turno de "Muévelo duro" y "Shake your Bon-Bon". Al finalizar el gran despliegue coreográfico con figuras tribales y cambio de atavío mediante -remera en tonos azules- hizo su primer contacto con el público: "Buenas noches, Salta, ¿cómo estás? Aunque llovizne o relampaguee el show va a ser muy bueno con este público espectacular. Y vamos a sentir el calor de esta maravillosa gente, que desde acá estoy enamorado de esas miradas y sonrisas maravillosas. Acá hay combustible".
Y sonó "Tal vez". Entre los paneos al público en las LED ubicadas en los laterales del escenario se pudo ver al gobernador de la provincia Juan Manuel Urtubey, en primera fila con la actriz Isabel Macedo. Ella, una dulzura de expresión de fan auténtica.

Euforia

El estadio volvió a quedar en completa oscuridad y las pantallas encendidas clamaron por protagonismo. En las imágenes en tonalidades vintage una mano -la del cantante- hacía esfuerzos por sintonizar el escurridizo dial de la radio de un automóvil.
Las LED que formaban dos cubos se desplazaron para dar paso al artista, quien regresó sobre el capó de un clásico Ford Mustang de 1965. El desenfreno fue total al ritmo de "Living la vida loca".
Después nuevamente el escenario a oscuras y las imágenes en sepia proyectaban el trabajo de la Fundación Ricky Martin, en defensa de la niñez desfavorecida. "Esperanza", "Somos las semilla" eran algunas de las elocuentes frases que acompañaban a un Ricky Martin, ahora ataviado de blanco, mientras entonaba "Mi asignatura pendiente", el tema con que su compatriota y también cantante Ricardo Arjona le recordó -y se recordó a sí mismo- dónde están los valores cuando se apagan los flashes del espectáculo y los oropeles de la fama.
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Así bajó los ánimos y predispuso la mentes y los corazones para el repertorio retro.
Entonces apareció el hechicero que tanto puede arrasar a golpe de micrófono y de cadera, como poner en cada nota una lágrima. Hizo navegar al Martearena por "A medio vivir", "A quien quiera escuchar", "Disparo al corazón", (con el que acaba de ganar el Grammy a mejor canción del año).
También "Tu recuerdo", "Eres el amor de mi vida", "Fuego contra fuego", "Fuego de noche, nieve de día" y "Vuelve" provocaron el latido nostalgioso de un público que entonó parejo y sin equivocaciones los temas del recuerdo.
Ricky Martin seduce en todo momento, se acaricia la zona del corazón, se suaviza el seño y busca la participación del público. "No se oye nada, ¿qué pasa? ¡Préndanse!", interroga y más que el mar de caras que describían Servando y Florentino en su tema "Una fan enamorada", lo que veía era un océano de celulares en alto, cuya luz les robaba protagonismo e identidad a las chicas.

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Tanto que en varios tramos del show el cantante reclamó cariñosamente: "¿Qué pasa que aquí nadie baila o qué?". Lo evidente es que muchas habían resignado los movimientos que naturalmente les pedían los cuerpos transidos por la música para registrar en sus cámaras y celulares de alta definición cada detalle
Para darle un pulgar arriba a la tecnología hay que destacar que los haces de luz apuntando hacia arriba y las pantallas de los dispositivos prendidas en conjunto con la llovizna dieron un efecto de estar circundado por aguas danzantes al escenario.

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El staff

Ricky Martin sobre el escenario es un frenesí caliente. se ve que disfruta, transmite el gozo en una comunión exigente con una producción y staff que lo acompañan con excelencia.
La escenografía y las características técnicas del show incluyeron 250 luces móviles, 18 puntos de animación en el techo, elevadores en el escenario, luces de tecnología Chauvet y pantallas gigantes.
En algunos respiros que tuvo el boricua destacó el trabajo de las 90 personas que salieron con él a la gira One World. Incluso resaltó que provienen de más de 14 países distintos.
Un apartado especial mereció la banda formada por 9 miembros y los 6 bailarines que arrasaron en coreografías donde la sexualidad se hizo presente.
Al ritmo de "la mujer como caída de otro planeta", una bailarina, vestida de negro con una reveladora pollera con tajo y un top, lo rodea, le baila muy sensual, y lo toca de arriba hacia abajo. Él se ruboriza, deja de cantar y sonríe con timidez. Con cada gesto, por mínimo que sea -aunque para nada inconsciente- enciende el estadio.
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"Lola, Lola", "María", "La bomba" y "La copa de la vida" fueron los temas que más animaron al público a moverse. Junto a su séquito de bailarines, con impronta de cabaré y una coreografía fabulosa Ricky Martin dio lo que su entrenamiento y oficio hacen lucir en él tan nartural. Más de una vez ha declarado que parte de su éxito se lo debe a su educación competitiva y haciendo gala de ello puso a contender a su público en pleno show. Primero arengó como un couching motivacional a los participantes: "¡Tienen que entrar en la actitud de no me importa el qué dirán!". Con "Por arriba, por abajo" invitó a armar dos grupos que contendieron y declaró vencedor al de la derecha. El recital fue un despliegue de vestuario, escenografía, luces y pantallas de altísimo nivel artístico. Afortunadamente no se cumplió el pronóstico de chaparrones aislados. Tampoco el cantante lució su atuendo más provocador en la gira (una pollera negra y una musculosa).

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"¡Sin música no hay nada en la vida! Mi gente, los quiero mucho. ¡Hasta la próxima!", dijo el cantante con una nota acerada en su voz. Entonces comenzó a escucharse el creciente desconcierto entre los presentes que se consultaban por el tema tanque de su décimo y último disco "A quien quiera escuchar". "¿Y 'La mordidita'?". No desilusionó. Salieron los seis bailarines y el astro a darlo todo con ese merengue urbano y llegó el final. "Les agradezco por haber compartido canciones que nunca morirán", dijo el boricua, y hubo tanto cariño en su sonrisa decorada con oyuelos que provocó risas y lágrimas en las fans que anoche se compraron un boleto de regreso al ayer. "No hay peor razón que el olvido", como bien señala Ricardo Arjona en "Mi asignatura pendiente". Por ello, en la última imagen de Ricky Martin antes de que se lo tragara la espesura del escenario a oscuras, él atrapó en su puño derecho los latidos del estadio Martearena. Y recibió el último delirio como respuesta.

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