Las melodías se esparcen por los pasillos del Hogar Escuela de Salta y llegan hasta los árboles del parque San Martín.

Manuel Monteros, de 9 años, sale de su casa con la trompeta al hombro y la carpeta en la mochila para llegar a tiempo a los ensayos. En su casa practicó "Ratón vaquero", su obra favorita de las que toca con la orquesta del Hogar Escuela. "La música es para mí algo que te inspira, que te anima", le dijo a El Tribuno. "Yo ya tocaba música y cuando vine a la orquesta me empezó a gustar más", agregó.
Así como Manuel, la mayoría de los chicos y chicas de la orquesta sueñan con ser músicos cuando sean grandes.

Omar Castro tiene 15 años y hace 3 entró a la orquesta para tocar la batería. "Cada día me asombro más de lo que me gusta la música", expresó y los ojos le brillaban del entusiasmo. Además tiene una banda con amigos y él se encarga del canto. "Acá aprendés otro tipo de música. Dejás de estar escuchando todo el tiempo lo mismo en la radio. Por ahí dicen que la música de orquesta es aburrida, pero cuando comenzás a escucharla, a tocar, es tremendo", relató. Aunque "La tempestad" y "Una sola voz" son las preferidas de las que toca en la orquesta, a él le encanta el rock nacional y la suite Nº 1 de Bach. "La música es parte de mi vida, es como que yo soy música, me siento parte de ella", aseguró.

Karen Trejo tiene 14 años y es apasionada de la música clásica. Cuando salen los agudos de la flauta, hasta su perro se asusta, pero en la orquesta se siente libre. "Me gusta ver cómo progresamos todos juntos", comentó. A ella siempre le gustó la música clásica y cuando su papá se enteró de que existía esta orquesta, no dudó en hacerla ingresar. "Me copé mucho con los chicos, eran muy buena onda", manifestó. Karen quiere ser música cuando sea grande: "La música es lo mejor que hay, no puedo vivir sin ella". De las obras que hacen, su preferida es "Juego de tronos", aunque confiesa que le gustaría tocar los episodios sinfónicos de Gustavo Cerati.

Los miércoles y sábados desde el parque San Martín se oyen los acordes de una melodía muy conocida, "La pantera rosa". Un rato después, "Los locos Addams". Adentro, decenas de ojos caminan sobre la partitura mientras los dedos se encargan de marcar el ritmo en madera o metal. 80 chicos y chicas de entre 8 y 21 años se juntan a ensayar; la mayoría proviene de hogares de escasos recursos o de entornos vulnerables. Doce de ellos, que ingresaron sin saber nada, ahora están en la Orquesta Juvenil de la Provincia o en la Escuela Superior de Música. "Consideran una opción seria estudiar música, es maravilloso. Quizá hace 3 años ni se lo planteaban", manifestó Carolina Pineda, directora de la orquesta, quien trabaja junto a 11 profesores. Ella toca el violoncello en la Orquesta Sinfónica de Salta y contó que un exalumno ingresó al Ejército y, gracias a que tenía unas nociones de música, está tocando en la banda.

Cuando ingresan les prestan el instrumento, pero cuando empiezan a engancharse, piden en sus casas que se lo compren: 18 chicos ya tienen su violín. "Hacemos música clásica porque son instrumentos para tocar Beethoven, Mozart, pero otras obras, como una cumbia, se pueden tocar perfectamente", dijo la directora.
Para ellos, ir a la orquesta es como escaparse. "En tu casa, cuando tocas tu instrumento, un poco más y te echan. Acá podés estar tranquilo", contaron a El Tribuno. Desde que empezaron son pocos los que se han ido. Además han sumado a más chicos y chicas que están aprendiendo las obras para formar parte de la orquesta estable. Hay dos que se esfuerzan mucho: Silvi y Mati, alumnos con capacidades especiales, muy queridos.

Lo más emocionante para estos músicos fue tocar frente a 30 mil personas en la Ferinoa en mayo pasado. Acompañaron con sus instrumentos los acordes de "Una sola voz", de Jorge Rojas, a quien Carolina había acompañado durante una gira con otros músicos. "Le hablé de la orquesta del Hogar Escuela, le dije que los chicos lo iban a emocionar porque tocan la fibra", contó. Cinco días antes de que él actuara en Ferinoa los convocó para hacer "Una sola voz".

Además, en la clausura tocaron el himno; aprenderlo fue el reto que se habían propuesto para este año.
Cuando el ensayo había terminado y algunos ya guardaban su instrumento, Carolina les dijo: "Cuando yo me jubile de la Sinfónica, van a estar ustedes, porque la música clásica nunca se va a acabar", y los animó, una vez más, a soñar en grande.

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