Mientras caminaba en dirección al escenario, Fabiana Cariaga (23) sintió de pronto que le faltaba el aliento, que se volvía inmaterial. Al rodearla un aplauso unánime y muy nutrido la colmó una sensación de felicidad y bienestar tan intensa que le pareció que la gravedad ya no la prendía al suelo. La habían elegido Miss Less 2015 en el boliche y bar salteño Jekill. Tal vez fue esa noche del 16 de septiembre pasado cuando terminó de dejar ir a la adolescente cuya única compañía eran sus penas secretas y un espíritu en conflicto consigo mismo. Hoy, en la redacción de El Tribuno y a horas de viajar a Tucumán para participar mañana de la elección nacional en el boliche Diva Disco, muestra gratitud hacia varias personas, pero destaca a dos: Alejandro Alcoba y Camila Sabrina Martínez Solaro. Con el profesor de modelaje se topó en la Fundación Roberto Romero hace cuatro años. Él la vio formando fila para inscribirse y le dijo que tenía que presentarse en un casting. Tomó el consejo y no quedó entre las escogidas, pero inició el curso de Alcoba porque siempre había querido ser modelo, aunque en muchas agencias le habían cerrado las puertas. Camila Solaro le prestó el hombro bueno cuando no sabía cómo comunicarles de su orientación sexual a sus padres. Ella le hizo ver que todos somos autores de nuestro infortunio y que hasta le imprimimos nuestras huellas digitales, pero que también se puede optar por construir una imagen de uno mismo que nos devuelva felicidad.

Aceptación
Fabiana Cariaga es modelo profesional y promotora. Su otra vocación es la producción musical. Arma música para videos y comedias infantiles. Para actualizarse y diversificarse en este sector hace cursos a distancia. Vive con sus padres y un hermano un año menor en un barrio de la zona sur de la ciudad. Tiene rasgos finos y el cuerpo estilizado como una mujer dotada naturalmente para la alta moda, pero dice que no siempre lució así.
"De adolescente era superflaquita, tenía el pelo largo y negro, tenía un millón de granitos y parecía salida de una película de terror. Las chicas no querían ser mis amigas y los chicos no me daban ni pelota", recuerda de su paso por tres secundarios. Se quedó de curso dos veces hasta que se inscribió en un BSPA, a los 19 años. "La gente iba a estudiar y tenía otra mentalidad. Tenían esa mirada más de mamá y papá y te integraban", analiza. Agrega que a esa edad empezó a cambiarle el cuerpo y trabajó en su imagen para sentirse mejor consigo misma. Sus compañeros del bachillerato para adultos no serían los únicos que le proporcionarían la experiencia de la aceptación ni los de la secundaria la de la exclusión. El del modelaje también suele ser un ambiente cruel, en el que muchas chicas en los desfiles se repiten y las menos se van renovando. "Al principio no fue fácil porque las modelos que se iban enterando de mi elección sexual cuchicheaban entre ellas: 'Che, me voy a cambiar allá porque ella me va a mirar'. Pero al poco tiempo se dieron cuenta de que yo iba a trabajar y no al paraíso. Fueron viendo mi actitud profesional", aclara. Añade que ganó más seguridad cuando vio que en el sector había muchos gays, ya sea diseñadores, modelos o esteticistas. Los gestos de las modelos suelen ser ensayados, sociales, una tentativa de adueñarse del misterio de una experiencia auténtica, pero los de Fabiana son naturales, propios de quien se ha separado del mundo encerrándose en un universo personal. "Quiero que en la moda se acepten perfiles de cuerpos más diversos, no siempre una chica superalta, superflaca, con el pelo rubio. Sería muy agradable trabajar con modelos con capacidades diferentes por ejemplo", sueña despierta.

Momento crítico
"Siempre me llamaron la atención las chicas. En mi adolescencia traté de conocer chicos, pero a los 18 fui a un boliche gay, Jekill, y me di cuenta de que había más gente como yo y ya no necesitaba hacer lo que los demás para sentirme parte de un grupo y asumí que me gustaban las chicas", relata. Además recuerda que no le resultó sencillo revelar a sus padres su orientación sexual. "Cuando tuve una relación con una chica sentí que necesitaba contarlo y se los dije primero a mi papá y después a mi mamá. Se los dije llorando y él lo aceptó, incluso me dijo que hiciera mi vida, pero que hiciera las cosas bien. Mi mamá no se lo tomó bien al principio, pero conoció a la chica con la que estaba y le cayó bien. Hoy en día me pregunta si estoy saliendo con alguien. Cuando entré en este ambiente me di cuenta de que la mayoría tenía ese problema. Cuando se lo decían a sus padres los corrían de la casa o se enteraban sus amigos y era peor. La gente que realmente te quiere lo acepta", expresa. Añade que resultó electa en su mejor momento y que ya había participado en Miss Less un par de veces, pero de haberlo ganado no lo hubiera valorado como ahora. ¿Qué valores va a defender en Tucumán?, le preguntamos. Sus ojos castaños tienen una manera de clavarse en las pupilas de los demás con un verdadero candor que disfraza una lucidez estremecedora. "Hay que hacerse respetar lo que uno es y siente, al ambiente del que uno forma parte, no solo por uno mismo sino por los demás, porque el hecho de haber ganado me da una voz que quizá siendo Fabiana la del barrio no la tenía. Ahora es mi oportunidad de ser escuchada", cierra.

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