Un día como hoy, con diferencia de años apenas, llegaron al mundo dos próceres de nuestra cultura. Uno, porteño por cuestiones de azar, pero de corazón santiagueño es don Adolfo Ábalos, pianista e integrante junto a su clan de Los hermanos Ábalos, nació en 1914 al inicio de la Gran Guerra. Es autor de casi 140 canciones registradas, verdaderos clásicos, como "Agitando pañuelos" y la "Chacarera del rancho", entre muchas otras.
Por otra parte, dos años después, en 1918, con el fin del conflicto bélico antes mencionado, emergió a la vida el inmenso poeta salteño Manuel J. Castilla. Fue uno de los artífices del movimiento La Carpa que, durante los años 40, reunió a los más notables escritores del noroeste argentino.
Amigo inseparable del Cuchi Leguizamón, conformó junto a él una de las duplas más prolíficas del folclore de nuestro país. Entre sus creaciones, pueden mencionarse algunas como "Cartas de amor que se queman", "Zamba de Lozano" o "Carnavalito del Duende", entre otras.
En el prólogo a sus obras completas, editadas por Eudeba en 2015, Leonardo Martínez se refiere a Castilla como: " Poeta nutrido de un habla de raíz castellana y de matriz quichua. Pero también deudo de la gran poesía del mundo (...) eso sin dejar de oír el crepitar de la Amazonia, el silbido del viento de la puna, la escarcha crujiente de los inviernos salteños".
Todo eso convive en su poética, en su visión de mundo. Y aparece en obras como "Copajira", de 1949 o " Cantos del gozante" , de 1972.
Sin dudas, ambas figuras de nuestro acervo cultural más profundo, han hecho, con sus letras y sus melodías, un aporte invaluable al desarrollo de nuestra poética y de nuestra música, con piezas de innegable vigencia.

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