No hay límites para la fascinación. Pero parece que sí hay una asociación ineludible entre la infancia y los primeros sempiternos asombros. En el Día del Libro, les preguntamos a algunos escritores y artistas qué personajes literarios los fascinaron al punto de haber deseado vivir bajo su piel. Lectores de El Tribuno se sumaron a la consulta compartiendo sus experiencias a través de las redes sociales. Una buena porción de las respuestas remitieron a esas lecturas iniciáticas de la niñez y la adolescencia, que revelaron la existencia de un mundo paralelo poblado de personajes inmunes al olvido. La apasionada Jo de Mujercitas (Louis Mary Alcott), el inquieto y soñador Tom Sawyer (Mark Twain), Bastian de La historia interminable (Michael Ende), El Principito (Saint Exupery), Alicia, la del país maravilloso (Charles Lutwidge Dodgson), los infalibles Miss Marple y Hércules Poirot (Agatha Christie) y el heroico Sandokán (Emilio Salgari) son algunos de los seres literarios que vuelven siempre a la memoria, probando su capacidad de trascender la letra impresa.
Indudablemente, los personajes inolvidables son aquellos que representan una característica esencial de la humanidad como la utopía, la esperanza, la rebeldía, la irreverencia, la venganza, el cuestionamiento, la contradicción, la compasión y la entrega. Todas ellas aparecen encarnadas en rasgos físicos y psicológicos que convierten a estos seres de ficción en personalidades robustas y significativas que logran traspasar los límites del tiempo y las épocas, y nos acercan a aquello que somos con sus aciertos y falencias.
Bien plantados en el terreno de la ficción, se nos presentan como seres casi autónomos, impredecibles, plenos de libre albedrío. Así de vitales nacen y crecen, pero su existencia se apaga cuando damos vuelta la última página y aparece la palabra "Fin". Entonces sacudimos la cabeza y volvemos a la tierra y a nuestros días que idénticos transcurren.
Julio Cortázar sostenía que la literatura es un juego que se juega seriamente, como cuando jugamos a las escondidas, a policías y ladrones o al campeonato mundial de fútbol. Precisamente, crear un personaje destinado a incrustarse en la memoria del lector es una tarea que se hace seriamente. Y con originalidad.
Dentro de esta estirpe literaria me animo a ubicar a Augusto Pérez, protagonista de Niebla, de Miguel Unamuno. El personaje de la novela se rebela y golpea a la puerta del autor -el propio Unamuno, que pasa a ser también un personaje, diluyendo magistralmente, de ida y vuelta, los límites de ficción y realidad- y le grita:
- "¡Quiero ser yo, ser yo!, ¡quiero vivir! (...) No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere?, ¿conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió...! ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros".
Quizás Augusto Pérez (solitario y con un fuerte conflicto existencial) no sea el ejemplo del personaje que uno quisiera ser, pero sí encarna ese improbable anhelo de cruzar la línea mágica entre ficción y realidad. Y qué lindo sería entonces -por ejemplo- que Remedios la Bella golpeara a nuestra puerta exigiendo ser real, y que nosotros pudiéramos negociar un canje: su vida por mi vida. Y entonces uno pasaría a formar parte del frondoso árbol de los Buendía, y pasaría a ser la mujer más bella, extraña, elemental y pura de la Tierra, capaz de elevarse al cielo cualquier día, entre el deslumbrante aleteo de unas sábanas, y de perderse para siempre allá lejos, donde no llegan ni los más altos pájaros de la memoria.


Seres literarios que trascendieron la letra impresa


Mariana Carrizo
Cantante y coplera

"El Quijote es un personaje que me alucina y, salvando las distancias, me identifico de alguna manera con su tenacidad para lograr lo que sueña o imagina. También amo a uno de los personajes del poema "Florentino y el Diablo", del escritor venezolano Alberto A. Torrealba. Quisiera ser Florentino para ganarle hasta al diablo mismo, en la vida y en las coplas. Me voy a él cada vez que me encuentro en un contrapunto. Scheherezade, de Las mil y una noches es otro personaje que me fascina. Ese es el personaje que quisiera ser. Como esas abuelas que a través de la narración, de las palabras, generan un vínculo poderoso, transmitiendo ese aura que viene de los ancestros para atravesar la realidad y las almas".

Silvia Katz
Artista plástica

"Una lectura que me marcó profundamente es la colección de Las Travesuras de Naricita, del escritor brasileño Monteiro Lobato. En esos 24 tomos, Naricita y su primo Perucho viven historias fantásticas en la quinta del Benteveo Amarillo. Yo soñaba con ser esa niña que tenía a Emilia (una muñeca atrevida que hablaba y la cuestionaba), que viajaba en un santiamén a la luna con el polvo del pirlimpimpín, que se codeaba con los dioses de la mitología griega y con los personajes de los cuentos clásicos, que viajaba con Peter Pan al País de Nunca Jamás... Naricita y su posibilidad de crear libremente sus propios mundos marcó mi infancia y fue señera en el camino que elegí para trabajar con los chicos".

Leopoldo Teuco Castilla
Escritor

"No tengo la menor duda de que me hubiera gustado ser D'Artagnan o alguno de sus mosqueteros. Leí el libro de Alejandro Dumas cuando tenía 8 años y me fascinó. Me hubiera gustado andar por la vida con la espada al cinto, pero no llegué a tiempo, me pasé de largo en esta historia. Otro personaje que me hubiera gustado ser es Tom Sawyer, protagonista de la novela de Mark Twain. Hubiese dado cualquier cosa por estar bajo la piel de ese niño temerario y aventurero que se fugaba siempre en busca de aventuras. Esa ha sido la pulsión de mi vida. Yo tengo un lema en mi existencia; es una frase del personaje Felipe, de Quino, que dice: "¿Por qué justo a mí tenía que tocarme ser yo?". Y es que soy una calamidad".

Luis Caram
Actor

"En la casa paterna en El Galpón no había televisor, pero sí bibliotecas y muchos libros, así que desde niños con mis hermanos y mis primos tuvimos acceso a los personajes literarios que poblaron nuestra infancia. Nos identificábamos con los héroes de las historias que leíamos o nos leían: El Príncipe Valiente, Alicia, D'Artagnan, Sandokan, Emil Sinclair, Harry Haller y Gregorio Samsa. Entre todos, diría que me identifiqué con Baltasar Mateus, el Sietesoles, el soldado que deja de serlo cuando pierde su mano en una batalla, en el Memorial del convento de Saramago. Baltasar se enamora a primera vista de Blimunda, una joven que tiene el don de ver dentro de la gente y que puede juntar voluntades humanas. Esta energía sirve de combustible a la passarola, una máquina de volar diseñada por el padre Bartolomeu de Gusmao, todo esto en medio de la Inquisición y la construcción del convento franciscano de Mafra.
Sietesoles no acepta los limites convencionales de la época, se revela a las limitaciones y el amor lo mantiene joven, más allá de la muerte misma. ¡Pero son tantos los personajes que me hubieran gustado ser! Por suerte, como actor uno tiene la posibilidad de encarnar a algunos de ellos".

María Belén Alemán
Escritora

"En la adolescencia quería ir a correr por los campos como Annie, la de los tejados verdes, tener la valentía y la vida aventurera de Sandokan, navegar los ríos libremente y dormir de cara al cielo como Huckleberry Finn, fiel a su compañero de viaje superando los prejuicios de la raza. Quise robar la capacidad de razonamiento y observación de Sherlock Holmes pero él me sigue llevando la delantera. Me identifiqué con Jo, protagonista de Mujercitas, por oponerse a su destino y luchar por salir de la vida mediocre de las mujeres de su época. Impulsiva, inteligente, audaz y, encima, escritora. Fui la irónica y desprejuiciada Elizabeth Bennet, de Orgullo y prejuicio. Pero, sin duda, uno de mis personajes favoritos es Alonso Quijano. El loco más cuerdo y coherente que dio la literatura porque a pesar de las burlas y los golpes se levanta una y otra vez y otra vez para seguir luchando por sus nobles objetivos, por sus altos ideales. Pero otras tantas veces quise tener la entereza, la valentía y la capacidad de superar obstáculos de Jean Valjean, el noble personaje de Los miserables o por qué no la fuerza y decisión de Úrsula Iguarán que sacó adelante un hogar, una familia, un pueblo entero. Úrsula, corazón de Macondo".

José María Muscari
Actor y dramaturgo

"Amo a Ignatius J. Reylli, personaje del libro "La conjura de los necios", novela de John Kennedy Toole. Lo leí hace mil años pero me encantó por su forma de ver la vida, tan personal, tan singular y único. Ignatius Reylli es alquien que, de la nada, los consigue todo; que transita el dolor con la angustia justa y la alegría exacta, sin la efervescencia de la histeria. Lo amé, lo amo y lo amaré".


Aportes al Facebook


Lilia Gamboni: El Quijote.

Kike Arias: Simbad el marino o Tom Sawyer.

Juan Barrionuevo: Tom Sawyer. Lo leí cuando era chico y quería escaparme al río Mississippi y ponerme de novio con Becky Thatcher, jaja.

María La de Barrios: Heathcliff, de Cumbres Borrascosas. Scarlett O' Hara, de Lo que el viento se llevó. Lo mío es el mal de amores, ji.

Mariela Miranda: Definitivamente, Alicia.

Silvana Vargas: Cuando era niña me sentía identificada con dos personajes de Mujercitas: Margaret (Meg), porque siempre estaba orgullosa de sus manos pequeñas y era muy responsable y con Elizabeth (Beth), porque nunca mentía y adoraba tocar el piano.

Mariana Temperley: Catalina, de Arráncame la vida.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora