A partir de hoy, y a 40 años del Golpe de Estado de 1976 que inició una de las etapas más dolorosas del pasado de la Argentina, podrá verse en los Cines Hoyts "La Historia Oficial". El filme de Luis Puenzo que ganó el Oscar a la mejor película extrajera en 1986 regresa a las salas con los requerimientos de esta época, como imagen restaurada 4K, sonido estereofónico 5.1 y nuevas copias digitales de alta calidad.
En una conversación exclusiva, Patricio Contreras, quien encarnó al profesor Benítez, reflexiona sobre la potencia de una trama tomada de la realidad y que aún hoy convoca a repensarnos como sociedad. Sutil, lúcido, irónico y muy reposado en contraposición con la exuberancia que suele derrochar en escena-, el chileno reflexionó sobre el proceso en Argentina, un país al que hace 35 años honra con su talento.

Tu personaje del docente apasionado a quien todos admiran genera el quiebre en el personaje de Norma Aleandro ¿te inspiraste en algún profesor para hacerlo?
Es el que le abre los ojos. La idea fue de Luis Puenzo. A mí, con mi carácter más bien pudoroso y con un pavor enorme al ridículo, no se me habría ocurrido. Yo soy actor por eso, porque en la vida ando con mucha timidez. Por eso, en mi caso, descubrí en el escenario y en el actuar un espacio donde yo puedo ser libre, donde puedo manifestarme.
Ese personaje fue una idea de Luis, donde yo hacía una lectura dramatizada, jugando con los chicos con una escuadra como si fuera una espada, tirándome en el escritorio. Había que hacer verosímil eso. No quería que se viera ridículo. Creo que yo era bastante buen actor en ese momento y lo resolví. La escena es absolutamente increíble en un punto y resulta verosímil. Eso es un logro. El juego teatral que exhibe el personaje como un método pedagógico sui generis, que tal vez por la cercanía general con sus estudiantes, este joven profesor se anima a jugar y a tratar de interesarlos en su materia literatura- con esa cosa lúdica.

¿Puede tener alguna cercanía con el señor Keating, de la Sociedad de los Poetas muertos, de 1989?
Seguro, aunque yo nunca lo pensé. Pero tiene un vínculo en el sentido de que en una sociedad represora de repente aparece un maestro que libra de ataduras a los chicos, se abre, deja la formalidad de la investidura de profesor y baja al llano a vincularse con ellos de una manera más accesible para poder interesarlos. Es lo contrario a la profesora hiperformal que es el personaje de Norma (Aleandro) estricta hasta la caricatura en su severidad. También vemos cómo se transforma ella en la medida en que va abriendo los ojos.

¿Cómo imaginás la recepción de este reestreno?
Se ve en forma tan vívida algo que aconteció hace tan poco, pero que los de cuarenta para abajo no tienen registrado, por lo menos en su cuerpo. Yo creo que puede ser muy conmovedor. Hay algunas puestas en escena, pero la mayoría de las puestas masivas de las Madres, la búsqueda de los desaparecidos, las pancartas, son todas documentales, filmaciones reales. Más las canciones de fondo. Escucharlas de vuelta y en ese momento, porque el registro ya no es el mismo. Una cosa era cantar eso en dictadura, en esa Plaza, con esa gente jugándose el pellejo y otra cosa es hoy. Más allá de que haya medidas que quieren atenuarle el castigo a los comandantes condenados, verlos como viejitos buenos y mandarlos a la casa con una contemplación que no se tuvo con ninguna de las víctimas de su propia dictadura. Más allá de eso, creo que es muy impresionante este registro documental que también está en esos archivos que se muestran con las leyendas de "asesinado". Eso tiene una fuerza testimonial inusitada para toda la gente que hoy escucha simplemente los discursos de esta remembranza en algún alegato. Pero en historias concretas, poco es lo que se ve de algo tan contemporáneo a los hechos mismos. Creo que ahí también puede ser muy importante la película.

¿Cómo leés esta parte de la historia viniendo de un país como Chile, que se vincula desde otro lugar con hechos similares?
Son historias diferentes, somos sociedades distintas. En Chile nos gustan los uniformes. A los chilenos nos gusta la disciplina. El ejercito chileno se enorgullece de auto calificarse como el último ejercito prusiano del mundo y a los chilenos mismos -hablo de la gente de mi generación- nos metieron en la cabeza que los militares eran defensores de la patria y nos convencieron de un nacionalismo, producto de una sociedad a la que le gustan las jerarquías, el orden. Entonces exagera, es un país enormemente nacionalista por ser una especie de isla, estamos "ensanguchados" entre el Pacífico y la Cordillera, en esa geografía difícil, entonces somos muy nacionalistas. Hasta el día de hoy, Pinochet tiene una enorme adhesión en la sociedad civil. Somos una sociedad muy conservadora. Es una historia distinta, la Argentina es el único país del mundo que llevó a cabo los juicios a los militares que duran hasta hoy, cosa inconcebible en otros países. En Uruguay se hizo un plebiscito para resolver si se los juzgaba o no. Yo no condeno a las sociedades, pero tenemos que sentirnos orgullosos en Argentina de haber resuelto la cuestión, no con la justicia absoluta que uno desearía, pero sí con algo bastante parecido, no a la venganza, pero sí a un homenaje que se hace a las víctimas y a la memoria.

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