La oralidad fue y es el modo en que las comunidades originarias y el hombre de campo mantienen vivas sus tradiciones y creencias. La palabra se convierte en custodio de la memoria y, cargada de significados, es transmitida de generación en generación.

Y una especial forma toma la palabra al hacerse copla, ese canto especial que habla de penas, alegrías, esperanzas y hasta de la especial forma de unirse a lo trascendente.

Es ese sentir del hombre de tierra adentro que quedó plasmado en el libro "Coplas de Vida" (2016), de José Antonio Aguilera. Oriundo de Jujuy, pasó su niñez entre el norte salteño y el sur boliviano, marcada por el dolor y las ausencias. Pero también por una gran fe que lo impulsó a plasmar ese sentir en papel. En el libro rescata versos que hablan de la soledad, la amistad y la esperanza.

Un lugar importante juega la espiritualidad: muchas son en honor al Milagro, a los santos y a Dios. A su vez, en el libro se recogen algunas coplas de otros paisanos, como Tomás el "Bagualero" Vásquez y Eduardo Prieto, y de autores salteños, entre ellos Manuel J. Castilla.

Para el hombre de campo, al decir de Aguilera, la copla se aprende al ver a los padres y es la liberación del alma hecha música. Solo se diferencian por la tonada, según cada zona. Pero cada cual expresa a su manera el sentir personal.

"Este libro es una forma de agradecerle a Dios todo lo que me ha dado en la vida", señaló a El Tribuno Aguilera, quien también dedica parte de sus versos a la discapacidad que sufren muchas personas, entre ellas su propio hijo.

Ocasiones para celebrar
El canto colectivo, mediante ruedas o picarescos contrapuntos, son comunes para el carnaval, la Pascua, fiestas patronales, las honras a la Pachamama, así como bailes carperos, muchas al son de cajas, bandoneones y sikus.
Mediante la copla, se expresa una profunda visión de la vida.




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