Un reír de cotidianeidades ilustradas. Así funciona el humor de Tute. Humor que está lleno de esas historias de todos los días. Juan Matías Loiseau dice que puede dejar de dibujar, pero no de contar historias y que esa inquietud lo dejó un poco cerca de la poesía, del cine y de la música. Y dice también que el amor, en todas sus formas, es el motor de la vida.

Uno, dos, tres tonos. Hola. ¿Tute? Sí. Comienza el diálogo con El Tribuno. Dos preguntas. Tuuu, tuuu, tuuu. Rellama. Pregunta. Silencio. Tuuu, tuuu, tuuu. Varias veces. Pésima la señal. "Estamos haciendo una entrevista en cuotas", dice y se ríe. Después recuerda a su papá, Caloi, y todo lo que aprendió de él. También habló sobre humor político y psicoanálisis. Ahora que siga la entrevista, pero sin los cortes.

Hacés humor de situaciones muy cotidianas. ¿Es consciente, como una búsqueda de identificación del que te lee, o sale así?

Sale así. El humor es una herramienta muy útil que sirve casi para cualquier cosa, te diría. Lo siento de esa manera. Desde el humor se puede abordar cualquier temática. En la tira diaria aparece la observación de nuestras conductas. El trabajo del humorista gráfico empieza antes de tomar un lápiz, con la observación del mundo que te rodea y del mundo interior.

Dijiste en una entrevista que podés dejar de dibujar, pero no de contar historias. Que es tu combustible. Hablame del Tute que, además, explora otras ramas del arte para contarlas...
Sí, me considero un inquieto. Me gusta abrir puertas, descubrir cosas nuevas. Esa inquietud me dejó cerca de la poesía, del cine y, en los últimos años, cerca de la música. En cada uno de esos espacios cuento pequeñas historias.

Además muchas de tus tiras hablan del amor. "Es el motor de la vida", dijiste. ¿Es a lo que más te gusta referirte con tu humor?
Sí, al amor en general, no solamente al amor de pareja. El amor familiar, el de la amistad... Pero si me apurás, te diría que el tema central de mis dibujos es el de la comunicación, el de la dificultad para entendernos, para ponernos de acuerdo.

La psicología tiene mucha relación con el humor. De hecho hiciste Tuterapia. ¿Te resulta particularmente terapéutico y liberador contar historias desde el humor?
Sí, creo que el humor es terapéutico. Para el que lo produce y para el que lo recibe. Hacer humor es una manera de analizar las cosas. Uno puede convertir el dolor en algo gracioso, más digerible. Unamuno decía que el humor es la galantería de la desesperación.

Y no sos muy autorreferencial...
Mi humor no es autobiográfico pero sí pasa a través de mi tamiz. No todo lo que dibujo me sucedió, pero sí todo lo que dibujo me interesa. Por supuesto, lo que me interesa, me toca de distintas maneras. Hay asuntos que me interpelan más profundamente y otros simplemente me divierten.
Recién ahora estoy trabajando por primera vez en algo autobiográfico. Se trata de un libro sobre la relación con mi viejo, atravesada por el dibujo. Aunque seguramente tendrá páginas noveladas. Al final de cuentas, todo recuerdo es ficcional. Y dibujar un sentimiento o un silencio es algo que me interesa más que dibujar un hecho.

¿Cómo viviste esa transición de ser el hijo de un gran dibujante y humorista a ser vos hoy un gran dibujante y humorista? Hubo un momento en el que tu papá, Caloi, y vos, fueron colegas...
Fue una experiencia larga que pasó por distintas etapas. Hubo una primera etapa de mucha admiración y de un deseo muy grande de mi parte de convertirme en humorista gráfico, en algo parecido a mi viejo. Después hubo una etapa en la que tenía la necesidad de diferenciarme de mi papá, encontrar mi propio estilo, mi propia voz, encontrarme a mí mismo, mi identidad. Conforme fui encontrando esa identidad, fui abandonando naturalmente esa influencia. Y una última etapa en la que me sentí un colega de mi viejo. Sentí incluso -y esto fue hermoso- su admiración hacia lo que yo hacía. Compartíamos mucho de la profesión, siempre nos mostrábamos lo que íbamos haciendo. Fue muy lindo y cada etapa tuvo lo suyo.

Hablabas de su influencia, pero desde chico no te decía "tenés que ir por acá", más bien te alentaba a ir por donde ibas...
Sí, creo que fue una decisión muy sabia de su parte la de darme total libertad, incluso para equivocarme, para hacer ensayos de distintas cosas... Me permitió parecerme y diferenciarme. Y una cosa más importante todavía, que es la mayor influencia de mi viejo y la que perdura: me enseñó a creer o a sentir -que es más importante- que todo es posible. Que hay que ir detrás del deseo, perseguirlo. Sentir que se puede es un gran combustible. Eso lo aprendí de él aunque nunca me lo dijo.

Cuando se trata de humor y política, en tus tiras, no hay situaciones personalizadas. ¿No te tienta hacerlo por ejemplo en tiempos de campaña?
No, al contrario. Más ganas me dan de que sean personajes anónimos que toquen la actualidad pero que no tengan nombre y apellido, ni se parezcan a nadie. No me interesa eso. Me interesa el humor atemporal porque me angustia la idea de que un chiste que dibuje hoy en una semana ya no tenga sentido. Las tiras sobre política o cuestiones sociales que hago, tienen sentido hoy, hubieran tenido sentido hace 50 años y lo tendrán más adelante. Algunas conductas son de todos los tiempos.
Y entre tus referentes está Quino, que justamente nos dio a Mafalda, completamente atemporal...
Absolutamente. Quino hizo un humor atemporal y universal, que sin dudas fue una referencia para mí, coincido en esa búsqueda.

Para hacer humor hay que ser inteligente y, en todas las ramas del arte hay artistas "de culto". ¿Te pensás desde esa mirada?
El humor se construye con el intelecto, con la inteligencia, pero también con otras cosas: el inconsciente, los sentidos, el deseo, los miedos... Me considero más sensible que inteligente.

Y ser sensible te hace tener una mirada más aguda sobre algunas situaciones...
No sé si más aguda pero sí distinta. Ponés el ojo en cosas que por ahí otros no ven o ven de otra manera. Cambia la lectura de lo que observás.

¿Te acordás qué fue lo último que te hizo reír mucho?
El último espectáculo de Les Luthiers en el Gran Rex, el show anterior a la muerte del querido Daniel Rabinovich, él me había invitado.

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